Penúltimos Días

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Cabeza de puerco (un modesto homenaje)

September 28th, 2006 · 2 Comments

Casa por cuadra. Cuadra por barrio. País en lucha. Revolución.
Canción de los CDR

Corrían los días de a fines de guerra, septiembre de 1991, y el manjar tenía la consistencia de una libra de maicena extraída de la Textilera Ariguanabo en una caja de talco “Brisas”. “Sin el cuajamen y esa sensación de hartura que sólo da la grasa, ese caldo no sirve”, dijo la Doctora y se fue a su casa.
La Doctora era la única especialista en Filosofía del Derecho que había dado una revolución empírica, pero hacía poco había sacado una licencia notarial y se ocupaba de arreglar los divorcios de los poetas de Párraga. (Cuando éstos se metamorfosearon en novelistas exitosos, agradecieron a la Doctora haciéndola aparecer en algunos capítulos. Leyéndose y releyéndose, ella también preservó el amor originario a sus vecinos de pueblo. Y de cuadra).
Esta latitud emocional explica su regreso diez minutos después, cabeza en mano, a la zona de cocción. “No es nada del otro mundo, pero sirve”.
Antes de la Revolución, es decir, antes que Fidel Castro convirtiera en sutiles cirujanos a los matarifes criollos, las cabezas de puerco parecían papalotes realistas a punto de elevarse al cielo; con sus coágulos de grasa, sus tendones y venas jugosas, aquellos vellocinos cubanos epilogaban las borracheras con razonable eficacia.
La ofrenda de la Doctora, en cambio, estaba cercenada magistralmente desde el occipital hasta el hocico. Mostraba también sendas hendiduras en los cachetes, donde el artista había fileteado las hostias rojas de la apariencia.
Depositada en el bullón, junto a viandas y raíces que ni el peor funcionalismo polaco podría sublimar, la cabeza de puerco ora se hundía en el potaje, ora emergía regularmente a cada minuto. Una vez mostraba los verdes colmillos de jabalí reprimido; otra, una oreja con hebras de yuca entre los pelos, un ojo hinchado o la lengua con todas las papilas bien definidas.
Hecha pedazos hacia la medianoche, responsable de las islas grasientas que flotaban y de los regios olores que brotaban del caldo, la cabeza de puerco dignificó un ritual angustioso, una fecha recurrente en un tiempo indebido. Jarro en mano, perga con lágrimas de cera en ristre, los vecinos de Víbora Park brindaron por un nuevo aniversario. Felicidades cederistas. Felicidades federadas. Felicidades, pueblo en general.

Emilio Ichikawa
Miami

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2 responses so far ↓

  • 1 Anonymous // Sep 28, 2006 at 4:03 pm

    Para los que atribuyen a la politica toda actividad humana de la Cuba contemporanea no hay mejor descripcion de un 28 de Septiembre que este que haces Emilio.
    Nadie repara en el ejercicio gregario y costumbrista, ni en la inercia de la celebracion.Muy sofisticado el articulo para los que solo recuerdan las aboyaduras del jarro de marras o la perca grasienta.Creo que el acto de la caldosa es tan primitivo que llega a ser ingenuo,visceral y autentico.La gente se agrupa alrededor de una olla tratando de no “compartir” con los connotados chivatos y elige conversar o chismear solo con los socios del barrio o acercarse a la jevita que le interesa pero que solo ve de pasada cuando llega del trabajo.Hay mucha nostalgia por la vida en este homenaje a la cabeza de puerco, porque esa cabeza es tan grotezca como la misma realidad cubana.Gracias.
    EL ICONOCLASTA

  • 2 Anonymous // Sep 28, 2006 at 6:23 pm

    Pa dura, su cara.

    Machete

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