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Asuntos cubanos / Cuban matters

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Crónicas de Antiterra

September 26th, 2007 · 4 Comments


En su novela Ada or ardor, publicada en 1969, Vladimir Nabokov imagina una especie de planeta, Antiterra o Demonia, cuya geografía combina los rasgos de Rusia y Estados Unidos. En Antiterra todo sucede con al menos cincuenta años de anticipación en comparación con la Tierra, un extraño mundo cuya existencia no está del todo probada. El área que llamamos Rusia ha sido conquistada centurias antes por los tártaros, mientras que América está colonizada por rusos, ingleses y franceses. Los períodos históricos también están mezclados, y aunque la historia narrada ocurre a finales del siglo XIX y principios del XX, en Demonia conviven las mansiones campestres de Chéjov y Jane Austen con teléfonos, aviones y rascacielos modernos.
La realidad, ya se sabe, gusta a veces de imitar al arte. Circunstancias capaces de retar a la imaginación más ferviente provocaron que entre 1970 y 1989 la URSS fuera invadida por una avalancha de estudiantes cubanos que protagonizaron un insólito Bildungsroman de la Guerra Fría. Verlos atravesar la Perspectiva Nevski o la Avenida Kalinin encogidos de hombros y arrebujados en sus precarios abrigos era la prueba de hasta qué punto la política consigue a veces violentar la geografía. El resultado: adolescencias injertadas en un antimundo real que al final terminó siendo, como el raro territorio que se inventa Nabokov, una combinación de Rusia y Norteamérica.
Un cubano enviado por esos años a cualquier punto de la vasta geografía soviética debía poner en marcha un complejo proceso mental para incorporar a la memoria de unos padres crecidos en la década del cincuenta (el béisbol, la mafia, los rascacielos frente al Malecón) la ideología de la utopía comunista (moralidad adusta, planificación quinquenal, una sociedad rebajada a maqueta de apicultor). Capitalismo y socialismo se fundían, entonces, en una especie de amalgama, donde nuestros protagonistas abrevaban el abundante kitsch-póshlust segregado por las dos glándulas constitutivas del imaginario político de la Guerra Fría. Imaginario que todavía fascina a numerosos turistas de la política travestidos de antropólogos amateur: hipnóticos admiradores de una sociedad que en realidad recuerda otra novela de Nabokov, Invitation to a beheading, donde la administración, repleta de pompa y retórica, apenas necesita oprimir a los ciudadanos porque todos, salvo un número ínfimo de disidentes, aceptan con alegría la verdad transparente de lo vulgar mientras un verdugo que parece salido del Grand Guignol exige “esa atmósfera de efusiva camaradería entre el ejecutor y el ejecutado, que es tan preciosa para el éxito de nuestra común empresa”.
La manera en que una cultura profundamente americanizada como la cubana consiguió “rusificarse” sin grandes traumas culturales obliga a preguntarse por los límites de nuestra cartografía cultural, que tuvo su gran escena apocalíptica en la llamada “Crisis de Octubre”. La “Crisis de los Misiles”, como ha visto Glucksmann, fue el momento en que una isla del Caribe estuvo a punto de invertir el destino del mundo conocido al convertirse en la explosiva prenda de la Guerra Fría. Esa fue, sin duda, una circunstancia definitiva en el proceso cubano de sovietización, pero también en nuestra entrada política en la ficción: detrás de la tabula rasa evocada por un conflicto nuclear volvía a aparecer el fantasma demoníaco de un mundo invertido. En aquel mundo donde la isla proponía un nuevo comienzo no era difícil edificar desde el absurdo.
Desde entonces, hemos asistido a un desfile de devaneos ideológicos donde se derrumban muros pero se mantiene la nostalgia imperial; un ciclo revolucionario, en el sentido astronómico de la palabra, en el que la inversión ideológica abona el terreno para nuevas ficciones políticas. Tras un pasado fecundo en malentendidos (¿qué son, si no, las relaciones entre una colonia y una metrópoli, sino una larga cadena de equívocos comunes?), Cuba y Rusia siguen siendo tópicos de una historia de absurdos, aunque sus últimos episodios transcurran hoy entre bambalinas.

 

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Temas: Cuba soviética · Ernesto Hernández Busto

4 responses so far ↓

  • 1 Anonymous // Sep 26, 2007 at 6:15 pm

    Habria que saber cuàntos cubanos vivieron durante 5 anos en la ex Soviet Union, creo que para muchos ese paso fue màs bien anécdotico.

    En mi caso no estudié ruso nunca, ni vi munequitos rusos porque no habia TV en mi casa…el Viking que habia llegado del norte sucumbio a los rigores del calor y de la programacion comunista; nos educaron sin este artefacto por lo que siempre nos sentimos extraterrestres en la escuela.

    Lei mucho en mi infancia y adolescencia de Julio Verne, Daniel Defoe, Benito Perez Galdos, Balzac, Zola a Carson Mc Cullers…colecciones Huracan y Cocuyo, y la Austral, la enciclopedia britànica…
    Luego la literatura rusa Tolstoi, Chejov y del este, recuerdo un libro maravilloso de un hungaro Laszlo Passut ??? “El dios de la lluvia llora sobre Mexico”…luego los prohibidos Kundera, Beaudrillard, los ensayos de Sontag…

    Sin embargo el cine ruso y del este, ese cine maravilloso si lo vi todo, y creo fue una marca para mi generacion…
    En el ISA teniamos un cine club en el Icaic y un profesor que presentaba los films…Pedro Juan creo se llamaba..la memoria me falla; alli vimos desde Eisenstein a Tarkovski, los hermanos Konchalovski, Nikita Mijalkov; pero siempre recuerdo a Tarkovski por su dimension filosofica,
    me gustaria tener todos sus filmes por ejemplo, son peliculas que he vuelto a ver y que no envejecen, o envejecen bien.
    Habria que analizar la obra fotogràfica de esos anos, si podriamos hablar de una influencia expresiva del cine ruso. La influencia màs visible fue en las artes plàsticas, el realismo socialista; los salones se llenaron de cabezones, macheteros, retratos de Lenin, Marx, Marti, retratos de màrtires, las vallas de propaganda…
    Se descolgo el Sagrado corazon de Jesus y vino una prosecion variopinta…

    Lo màs increible fue en el ISA, habia una asignatura que se llamaba Anàlisis de la plàstica Capitalista….y otra Anàlisis de la plàstica Socialista…Dios mio qué cosa era aquello?????????

    Alli en la pizza que era un aula de conferencias con una mesa ovalada de mosaicos de loza catalana…discutiamos con los profesores aquellas divisiones estalinistas de la historia del arte…
    La vanguardia rusa Malevitch, Kandinsky, Chagall, Rodchenko muchos tuvieron que exiliarse para evitar el Gullag…acaloradas discusiones con profesoras inteligentes como Vivien Acosta…que terminaba en situacion dificil dàndonos la razon.

  • 2 Connie // Sep 27, 2007 at 3:10 am

    ¡Que bien oir mencionar a Vivian Acosta! Fué amiga mía desde nuestros días en Letras en los 60. Llegó a visitarme en NY. Tristemente murió hace un par de años.

  • 3 Anonymous // Sep 27, 2007 at 8:09 am

    Buen trabajo, Ernesto. Me gustó mucho esa introducción con los dos planetas de Nobokov (¿o es que eran tres?) para entrar en una Habana que decía ’senkiu’ y ¿luego ‘espasiba’? Una tesis que te respeto aunque no comparto del todo. La presencia yanqui en La Habana no era tan tan, ni la mafia era muy muy, como podría inferirse de lo que dices aunque lo mencionas sólo de paso y soy yo quien le está sacundo punta. Ni tampoco llegó a sovietizarse, thank God.

    Pero eso no le quita validez a tu punto. De los textos dedicados a esa onda rusa, para mi gusto el tuyo es el mejor. Limpio y nada pretencioso, sin plagarlo de citas irrelevantes, ni inventariar todos los autores que en el mundo han sido . Good job, my deear Ernest.
    Katiushka

  • 4 Anonymous // Sep 27, 2007 at 11:49 am

    Vivian Acosta era una profesora muy buena de arte precolombino, especializada en Mesoamérica…sus conferencias eran maravillosas, muy ilustradas con diapositivas, viajàbamos con ella en el tiempo…

    Leyendo el articulo de Sosa, sus memorias de profesor de fonética, y la reconversion de los profesores de inglés al ruso, recordé a Vivian Acosta; le impusieron ademàs de su programa de arte precolombino introducirnos la historia de la vanguardia rusa con una concepcion stalinista.

    Eramos inquietos e informados, las conferencias no eran fàciles, se discutia mucho y no aceptàbamos unos argumentos de una
    historia falsa.
    Sabiamos que la vanguardia rusa, Kandinsky, Chagall habian regresado a Rusia desde Europa Occidental durante la revolucion, habian participado en programas educativos hasta que la lucidez los llevo a exiliarse. Sufrieron el rechazo de los dos fascismos el comunista y el nazi…

    Era imposible una sovietizacion en Cuba en la intelectualidad, los artistas de vanguardia cubanos siempre viajaron a Paris y mucho a New York…
    Nuestro conocimiento de ésa vanguardia no era solo libresco, era vivido por las generaciones anteriores, existia un conocimiento y una memoria

    Vivian Acosta se sentia incomoda con aquel programa y terminaba en una complicidad real
    con nosotros que podia ser peligrosa.

    Ernesto habla del absurdo y es cierto, puede haber absurdo màs grande que la estructura misma de esos cursos universitarios, dividir la historia del arte segun los bloques de la guerra fria ?; es absurdo y surealista

    A Vivian Acosta la vi por ultima vez en 1990, en México DF, por fin habia conseguido una beca para estudiar y visitar los monumentos precolombinos….su pesadilla soviética habia quedado atràs.

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