En cierto momento crítico aparece, de entre los escombros y las cloacas de la ciudad, el artista maduro, experto en las intrigas palaciegas, curtido en los rigores de larguísimos períodos especiales; el delegado y confidente, que a veces, como Velázquez, llega a ser amo de llaves. Los feos tableaux del sufrimiento, que habían permanecido ocultos bajo una capa de barniz en las imágenes superferolíticas del fascismo ingenuo, salen ahora a la galería, y a nadie parece importarle lo que revelan.
La ciudad, que había evitado astutamente el bombardeo liberador, se ha desmoronado sola y está cubierta de cráteres y solares, aparecidos como por generación espontánea. Es un paisaje postbellum, aunque la batalla fuera sólo de ideas y el conflicto apenas una guerra anunciada. La autoagresión dejó bajas reales entre los nobles edificios; pero las más odiosas cicatrices cubren el alma del artista.
Allí emerge un estado límite –la hipertrofia del choteo, que había aislado antes como el ingrediente ancilar de nuestro espíritu, aunque no llegara a manifestarse en el arte. (De hecho, en el estadio a que hago referencia, el artista abandona la pintura de una vez y por todas: en contraste con Flavio Garciandía, que se sirve aún de ese medio anticuado para realizar sus melancólicos comentarios post-pictóricos, los jóvenes artistas se desplazan resueltamente hacia una neo-carpintería analítica). Designaremos el estado límite de hipertrofia del choteo como anaideia, y tomaremos a Kcho como su paradigma
Diremos que es el “descaro cínico”, y lo ilustraremos con tres ejemplos: el artista abraza al Líder; le sostiene la mano temblequeante para que tire una firma sobre la tela; busca el contacto y la fotografía –son vistos juntos; celebran cumpleaños y bautizos en familia. Esta familiaridad no puede ser sino el resultado de la práctica artística de la anaideia, o lo que Virgilio Piñera –en su obra póstuma– tituló “una broma colosal”.
Trasladada al terreno estético veremos que Kcho retoma la imagen femenina como arquetipo –la Zaida del Río de Todo lo que necesitas es amor, pero idealizada y descarnada–, y levanta con ella A los ojos de la Historia (1992), una obra de restauración simbólica. Ya no se trata de superadas campesinas hiperrrealistas, sino de los huesos formales del fascismo, trenzados en la figura escueta de la Torre, el arcano mayor que le sirve de lema.
El carpintero, como un encocainado agrimensor, habla ahora de la construcción del socialismo en el argot de la ingeniería social, y construye su castillo en el aire. La Torre está hecha con los puntales que sostuvieron las ruinas de la urbe, bombardeada durante la batalla imaginaria. Mientras que artistas menos elocuentes se conforman con comentar el fracaso de nuestro pasado artístico (ver Una visita al museo de arte tropical,1995; de Garciandía), Kcho osa dirigir su comentario hacia el futuro. La Torre de Tatlin de sus instalaciones regresa simbólicamente al futurismo (la enfermedad del siglo) y se presenta como monumento a la Utopía y aberración de una Internacional milenarista: la torre de palo a secas, después de todo, no es más que la campesina transfigurada en Torre de marfil, Virgo singularis y Madre de los Mártires.
Es en esta estapa cuando, ganada por fin la Batalla de Ideas, el tiempo se vuelve también ideal. Su duración y su flecha pierden sentido, ignoramos si marcha hacia adelante o hacia atrás: las espiras apuntaladas de la atalaya, en abierto desafío de la gravedad, se empinan con un retorcimiento giratorio.
Y nótese que no aludimos aquí al tiempo cíclico de las sagas, que había refutado Borges en su Pierre Menard, sino al Tiempo que no fluye, a un universo cerrado, también llamado Gödel Universe, donde no pasa nada por principio.
Mientras tanto, en A los ojos de la Historia, la hetaira se ha replegado al clandestinaje de una masonería que la oculta y a la vez la revela –manteniéndose siempre dentro del campo de posibilidades expresivas del fascismo, pero sin perder de vista, en la Torre o en la Virgen, el misterio supremo de su credo.
Néstor Díaz de Villegas
Los Angeles
Fragmentos de “Die gemalte Hure, oder: Warnung vor einer heiligen Nutte”, incluido en Die leere Utopie. Intellektuelle und Staat in Kuba (La utopía vacía. Intelectuales y Estado en Cuba), Leykam, Graz, 2005, antología compilada por el escritor cubano Carlos A. Aguilera y traducida al alemán por Udo Kawasser.




3 responses so far ↓
1 analista // Oct 23, 2007 at 9:57 am
Es Kcho el paradigma de la desvergüenza y la provocación? Cual es el punto de referencia? O lo es Porno para Ricardo?
2 maite // Oct 23, 2007 at 12:39 pm
La torre, arcano de la destruccion. La espiral simbolo de movimiento, de eterno retorno, de dinamismo creativo. Tatlin concibio un edificio para la internacional comunista en 1920, un proyecto, pues la construccion que debia medir 400 metros, ironicamente, no llego nunca a realizarse.
Este edificio para albergar la internacional, en épocas del comunismo heroico, anterior a las purgas estalinistas, a los campos de concentracion de intelectuales, a los suicidios de Esenin y Maiakovski, se redujo a un simulacro grandioso,
a una maqueta irrealizable.
Analicemos su forma, siempre la he visto entre ilustracion de la torre de Babel y la torre de Pisa en su belleza y su decadencia fija de anuncio de la caida, del derrumbe.
Es una torre-espiral apuntalada, es la sensacion visual de su diagonal que la empuja…
Creo que no es acertada la eleccion de ésta obra para el articulo, un dibujo de la maqueta de Tatlin, hecho por Kcho, una cita ? una version ? no lo sé y poco importa…
Si vamos a contraponer medios y a santificarlos, diciendo que la pintura es algo « viejo » y valorar como nuevo y positivo « el objeto », la construccion tridimensional, creo que no es una buena ilustracion este dibujo. Como creo que no es tampoco la mejor obra de Kcho.
Los dibujos de su torre de Tatlin : podriamos interpretarlos como una version de apuntalamiento ideologico, en el periodo
especial ? una version aristotélica del arte como terapia…colectiva, en su vuelta al «constructivismo futurista », en su mimetismo formal, o una ironia, una ilustracion del derrumbe ideologico, de la ciudad, de los andamios que sustituyen a las construcciones, del fracaso de un proyecto, una estética povera para mostrar la degradacion de la realidad, la pertenencia al tercer mundo… creo es decadente la cita y las versiones, el contenido de panfleto ideologico, hablar con un vocabulario ideologizado y prestado.
Prefiero sus instalaciones, sus regatas, sus palmas-remos como “nueva heràldica” islena, como deseo sublimado del irse, la simbolica nacional como objeto pràctico para “escapar”
3 Matacena // Oct 24, 2007 at 6:59 pm
Estoy tratando de contactarme con Nestor a ver si me escribe una notica necrologica sobre mi tia Rafaela Mendiaetta, de los Mendiettas de Santa Clara que tenian ramas en Cienfuegos y Trinidad. Nuestra familia quisieramos enviarle algun diario de mi Tia para que Nestor lo lea y luego nos escriba la notica para publicarla en la prensa. Los emolumentos los discutimos por e-mail. En si lo que queremos es que sepa lo HP que fue nuestra tia, que se quedo con la quinta de Cienfueogos y se la entrego a la DGI, y ahora es la comandancia municipal.
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