Penúltimos Días

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Una artista del hombre (II)

November 6th, 2007 · 4 Comments

“Guanal Grande, Alegrete, Real Campiña, Yaguaramas. Topografía de la aridez y los dientes postizos antes de los treinta”, murmura Poquita Cosa mientras estruja el proyectado proyecto. Recoge la pluma dispuesta a escribir una profunda meditación necrofílica y glandular sobre los hombres, al calor de sus pasiones literarias. Piensa en Alexandra Pizarniz, morbosamente poética ante la imagen de una doncella desnuda sobre la nieve de los Cárpatos, cuando escribió aquel desconocido ensayo sobre la condesa húngara que bebía la sangre de ninfas espectaculares en busca de la eterna juventud. “¡La vieja Erzébet, camajana!”, masculla con rabia un tanto moralista. Imagina a la pobre Silvia Plaf, por tantas mujeres recordada, con la cabeza metida en el horno intoxicando sus palabras, con su propia muerte matando a las feministas de vanguardia, asándolas en su agonía como si fueran pavos para un almuerzo de negocios.
“¿Feminista para qué, si voy a continuar cocinando potajes para el marido de turno? Ya lo dijo Bukowski: lavaría los platos el día en que las mujeres se encargasen del arado y expusieran sus tetas a las balas.
Mientras hace estas reflexiones por las que se siente traidora de una causa, M. Bebec entra y sale de su vida aun sabiendo que está sola. “La soledad sólo puede ser disfrutable si se tiene como una opción”, le dice a la foto de pasaporte que guarda en su provinciano carné de identidad. Desde el retrato, M. Bebec sonríe como un profesor dispuesto a suspenderla, porque ser inteligente no es lo más importante, lo primero en la isla es ser una fragante mulata de sol y palmeras. Lo imagina encaramado sobre el pico más elevado de los Alpes echando paternales miradas etnológicas sobre su vida. Pero en cuanto se desnuda frente a él, su interés por la etnología crece. Lo escucha gemir y la garganta se le dilata mientras piensa: “Estoy tragando millares de calzoncillos malolientes, toneladas de mochos de tabaco, mulatas despampanantes y kilómetros de cables de L’Habaguanex. ¡Dios, qué felicidad!”
Para conquistarla, M. Bebec intentó el largo y tortuoso camino de la emancipación. Los temas de conversación que propone oscilan entre la música barroca y Miedo de volar. “Miedo de templar”, piensa Poquita Cosa mientras esquiva preguntas cuyas respuestas evita a toda costa por aquello de no entregar a quien no da. Recién separada de su esposo, expulsada de su lujosa vida residencial, de vuelta y devuelta al hacinamiento barriotero de La Lisa con el bebé Bertoluchi en brazos, noche tras noche expulsa la bilis del rencor fumando cigarros cambiados por compota mientras habla de hombres concretos con sus amigos el Perro y la Rata. Ernestico Filete, Jota Jota, Juan Carlos el Físico, El Zurdo, El Negro, El Merenguero, Ernestico Zanahoria y Oscarito Manguera son disecados, despedazados y recompuestos verbalmente con entusiasmo y dedicación.
“Ninguna mujer podrá ser totalmente libre mientras continúe teniendo al hombre como centro y en el centro, lo cual desde un punto de vista biológico resulta inevitable, imposible, demencial”, se esfuerza Poquita Cosa por convencer a su amante. “Pegrro yo sólo desejo comprregdas que si magrrido enganarr no es grrazón de abandonag casa…”, todavía es capaz de articular M. Bebec, luego de cinco años viviendo en La Habana, alternados entre el barrio La Cuevita y el reparto Siboney. Ella no desea la emancipación de la mujer, ser federada le parece suficiente. Si con algo M. Bebec la conquistó no fue con monsergas e incitaciones a la rebelión. Todo eso está muy bien para la literatura; la vida real necesita de momentos clásicos y cíclicos, como el arte y la naturaleza. Para escribir sobre el feminismo, lo primero es proveerse de una tinta muy especial: esperma. “Y no precisamente el de fabricar velas…”, exclama en voz alta y sonríe discreta.

Idalia Morejón Arnaiz
São Paulo

Ilustración: “Pelotón”, de Rocío García.

Una artista del hombre (I)

Temas: Idalia Morejón

4 responses so far ↓

  • 1 mauricio // Nov 6, 2007 at 8:56 am

    Alejandra Pizarnik, please.

  • 2 pd // Nov 6, 2007 at 11:13 am

    Son (Alejandra) Pizarniz y (Silvia) Plaf, en el original.

  • 3 Rosa Ileana // Nov 6, 2007 at 8:55 pm

    ¿Por qué?

  • 4 Una artista del hombre (III) // Nov 8, 2007 at 10:33 am

    […] Una artista del hombre (I) Una artista del hombre (II) […]

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