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Vistas, amaneceres, trópico y polémica

November 30th, 2007 · 8 Comments

No son exactamente “viñetas”. El término se puso de moda porque al propio Cabrera Infante le gustaba referirse así a los textos de Vista del amanecer en el trópico, tal vez para diferenciarlos mejor de los “cuentos” de Así en la paz como en la guerra, censurados por él mismo tras llegar al exilio. Pero se trata, en realidad, de comentarios a unas imágenes; a unos grabados, primero, y luego de unos hinchados pies de foto; imágenes, las otras, guardadas en la memoria del escritor durante su periodo como reportero al servicio de la Revolución y, también, escenas inventadas por puro afán de simetría.
La precisión tiene sentido más allá del simple afán taxonómico, ya veremos por qué. Creo que en la polémica entre Alejandro Armengol y Néstor Díaz de Villegas hay asuntos interesantes, ocultos tras la humareda del tiroteo verbal. El equívoco, sin duda, lo ha propiciado el primero, que encuentra en una de las piezas de la edición Faber & Faber de View of Dawn in the Tropics la consoladora imagen de nuestra historia reconciliada consigo misma. ¿Qué diría Cabrera -piensa uno enseguida- de saberse usado para un propósito tan ingenuo? Por desgracia, ya no nos enteraremos. Pero vale la pena volver a leer entre líneas su libro, que acaba de cobrar inopinada notoriedad periodística.
Se puede ser un gran escritor y tener una visión maniquea del mundo y de la Historia. Como el erizo que Isaiah Berlin saca de un verso de Arquíloco, un escritor puede estar dominado por una visión general, un principio único, universal y rector, que por sí solo da significado a todo cuanto se es y se dice. Al menos en Vista del amanecer en el trópico, Cabrera Infante se comporta como un perfecto erizo. Ese libro está construido desde una teleología milimétricamente ajustada para demostrar la maldición perpetua de la historia cubana, yunta de tiempo y violencia. En un ensayo sagaz, Jacobo Machover se ha dedicado a analizar, a revolver casi, las entrañas de esos relatos, para mostrarnos a su autor como un devoto del tiempo circular. Lo que en Así en la paz como en la guerra podía leerse sin dificultad como una crítica al batistato, se inflama ahora en propósito más ambicioso: una visión crítica de toda la historia cubana, desde la Colonia hasta el Castrismo. Mirada semejante, que condenaba todo el pasado cubano como una maldición y una cadena de injusticias, fue la que alimentó los afanes revolucionarios, y desde ese punto de vista Caín resulta ser un perfecto jacobino.
Machover revisa con cuidado las escenas iniciales, el grabado del suplicio de Hatuey, la imagen famosa del cimarrón contra los perros, esos primeros arquetipos de la opresión cubana, hasta que descubre la clave de esta teleología histórica, esa “marca de Caín” de que habla Néstor:

“El tiempo empleado para describir estos grabados es el presente: es el tiempo de la mirada, que alude tanto al pasado colonial como al presente del escritor. Pero ese presente tiene una duración dilatada. Es el de la revolución y del exilio. Ambos tiempos se confunden, con pocos años de diferencia entre sí. Los puntos de convergencia históricos, los paralelos entre una época pasada y un presente detenido desde hace más de cuarenta años aparecen por medio del empleo obsesivo del mismo tiempo verbal. Los grabados cumplen con un solo objetivo: el de la denuncia de una opresión eterna, desde el descubrimiento hasta nuestros días. La Historia no pasa, no evoluciona. Es estática, como el grabado, como la fotografía, como el tiempo del relato.” (Jacobo Machover: “G. Cabrera Infante: la geografía como sustituto de la historia” en La memoria frente al poder, Universitat de Valencia, 2001, p. 139).

Es cierto que con este libro Cabrera Infante se rebela contra una visión emancipadora y progresista de la historia, pero para ello lee todo el pasado desde un presente inmovilizado y continuo. Así, sus “viñetas” son en realidad trozos de un tiempo congelado, vistas fijas, fotografías verbales tomadas por un fotógrafo con complejo de culpa.
¿Qué pasa entonces con el batistato? Pues que en esta serie de diapositivas nunca rebasa la condición de otro-eslabón-más. En ese sentido, el más anticastrista de nuestros escritores está a veces demasiado cerca del maniqueísmo castrista. Para él, Batista es, primero, otro general más, el “ambicioso general” al que tanto le gustaba vestir de civil. Sin embargo, no puede evitar convertirlo en un punto de inflexión, cuando afirma que será Batista (ojo, Batista y no Fidel) quien con su “ascenso violento… dividirá la isla en dos”.
No sé si a estas alturas vale la pena referirse al Indio como el Gran Culpable de la historia de Cuba. Eso sería, como bien dice Néstor, confiar demasiado en los poderes de la imagen, poner la foto del Coco para que asuste creyendo que hablará por sí sola. El procedimiento puede servir para crear ficción, pero en esos dominios también hace falta tener más talento verbal que el que demuestra Armengol en sus filípicas semanales contra el “exilio histórico” miamense.
Ninguna foto nos servirá para leer la historia cubana como historia, sino como pretexto para la ficción. Tal vez el dulce encanto de la cita literaria haya pervertido a los comentaristas. Pero, en definitiva, de lo que se acaba hablando es de política. Una política donde la reconciliación acarrea demasiadas dudas. ¿El olvido, entonces, como la única solución? ¿O, como propone Armengol, el pasado como panoplia temática para futuros libros y películas, un nuevo imperativo “patriótico”? Néstor lo ve de otra manera: no hay que resignarse ante una “historia maldita”, ni copiar los estereotipos heredados, ni conceder al olvido las virtudes de una cura selectiva y superficial:

“Debemos pedirle cuentas primero al Tiempo mismo, al consolador; o lo que es igual, a la historia, esa ‘gran puta’ padilleana. Cuestionar primero la gesta amañada, el cuento de la revolución como un hecho inevitable y la necesidad del castrismo implícita en nuestra historia del Tiempo. Debemos volver sobre nuestros pasos, en lugar de abalanzarnos hacia el nuevo 1 de enero que vislumbramos ya al final de un sendero amarillo de transiciones y conciliaciones.”

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Temas: Ernesto Hernández Busto

8 responses so far ↓

  • 1 maite // Nov 30, 2007 at 10:48 am

    Muy bueno Ernesto…
    Pienso como Cabrera Infante, la violencia institucionalizada es una marca de la Historia de Cuba, pero en el periodo de la republica, Batista por dos veces, se olvido de la Democracia e impuso la violencia, esa democracia que nadie respeta…que nos llevo a lo que ya sabemos…Castro reprodujo un modelo, su modelo “de accion”, el de Batista

    Estoy de acuerdo con Néstor que la historia hay que revisitarla, pero sin caer en el error del caudillismo, como con el periodo post 1959, en el que Fidel Castro, es el gran hacedor…y ahora, en las proposiciones de revisitar del pasado, es Batista el gran hacedor, se dice :
    Batista hizo la constitucion de 1940, Batista construyo…Batista hizo esto y aquello…
    Esa mentalidad infantil, irresponsable a la hora de analizar, juzgar la historia no nos dejarà crecer…
    El dia que los gobernantes, los politicos, sean administradores, buenos gestores y dejen de ser: el Padre de la Patria, el Apostol, el Mesias, el Hombre fuerte, el Indio, el Mulato, el Gallego…habremos crecido

  • 2 Amadeus // Nov 30, 2007 at 12:00 pm

    Maite, la farsa es vieja y conocida, cada dictador, o mejor formulado, cada vencedor, se monta su propia historia para legitimarse a sí mismo, y en eso estoy estamos de acuerdo.

    Uno se hizo celebre con un par de carreteras que costruyó y una constitución ya versionada. El otro, el que nos acompaña todavía, hizo de dos broncas de barrio en El Uvero y Alegría del Pío, Stalingrados heróicos y encima nos vendió como “logros de la Revolución”, la salud, el deporte y la educación”, cuando en realidad quien lo finaciaban eran los rusos, que lo que hacían era pagar por las bases de espionaje y de submarinos soviéticos en Cuba.

    En fin, es como observa Ernesto: “Ninguna foto nos servirá para leer la historia cubana como historia, sino como pretexto para la ficción.”

  • 3 Jose Antonio // Nov 30, 2007 at 6:08 pm

    Y lo que no sorprende es que tengan que venir de Cuba a leer en estos foros extramuros todo lo que signifique luz. Aquellos que viven en la oscuridad totalitaria, haciendo osmosis forzada con la mantra dictatorial que les encadena el pensamiento.
    Revisionismo. Aquellos que vivimos las dos epocas sin compromiso alguno sabemos cuan necesitados estamos de ello.Basta ya de pasquines estaticos simbolizando dinamica, de canonizaciones delirantes y de diabolizaciones enajenadas al servicio de “este es el hombre” “esta es tu casa” servil y oportunista.
    No mas Primeros de Eneros, ni Diez de Marzos, ni Cuatro de Septiembres que auguren “soluciones”
    Todo hay que revisarlo, ponerlo bajo el microscopio. debatirlo sin exclusion, sin miedo. Y sobre todo, sin asesinar al contrario.
    Asi descubriremos que lo verdaderamente autoctono y cubano de nuestra Historia, es la universalidad que tiene.

  • 4 ric // Nov 30, 2007 at 6:15 pm

    Coup de chapeau a usted, señor. Excelentísimo, preclaro, mesurado artículo.

  • 5 Panista // Nov 30, 2007 at 7:16 pm

    Guillermo Cabrera Infante era antibatistiano y aunque retóricamente haya dicho que el golpe del 10 de marzo había originado la Revolución, él sabía la diferencia entre un gobierno autoritario, como el de Batista, y otro totalitario como el de Castro.

    En el estudio sobre Cabrera Infante de Rafael Rojas en Tumbas sin sosiego está bien planteado el asunto. No sólo hay que leer Vista del amenecer en el trópico. Hay que llegar hasta Mea Cuba para entender el anticastrismo de Cabrera Infante. La idea de la violencia en la historia de Cuba implica un crescendo, que desemboca en el castrismo.

    Muy fea esa manía de suponer que los escritores no cambian. Que Cabrera Infante haya sido revolucionario entre 1959 y 1965 no quiere decir que a partir de ese año no rompiera claramente con el régimen y que su literatura se desentendiera de la ideología revolucionaria, como bien dice Armengol.

  • 6 Le Quona // Nov 30, 2007 at 8:42 pm

    Bien, pero eso nada tiene que ver con la creación de estereotipos políticos, culturales, que Néstor quiere destruir. Y esos estereotipos permanecesn inalterados, aun cuando cambie la opinión del escritor. Es de esos estereotipos, o arquetipos cabrerainfantiles de lo que se trata, y esa es la Culpa eterna, la maldición eterna de Caín. Caballero, no es tan difícil!!!

  • 7 Varela (el padre) // Nov 30, 2007 at 8:44 pm

    Se han separado, han pisoteado e ignorado los temas importantísimos que Néstor pone sobre el tapete, y en su crítica hay también una crítica de las categorías Rojas (de rafael)

  • 8 Panista // Dec 1, 2007 at 3:23 am

    ¿Qué categorías son esas?

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