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Asuntos cubanos / Cuban matters

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La cita del día

April 26th, 2008 · 2 Comments

“Un examen detenido de estos planes editoriales revela varios defectos. El principal de ellos, en mi opinión, es que permitieron que viera la luz una serie de libros soviéticos desfasados en sus concepciones teórico-metodológicas y vulnerables en sus bases científicas, que de ningún modo podían cumplir con eso que la autora llama “impulsar el flujo incesante del pensamiento”. Concretamente, estoy pensando sobre todo en los siguientes títulos:

Yuri Surovtsev: En el laberinto del revisionismo (1976).

G. M. Fridlender: Examen crítico de los estudios literarios burgueses (1977).

AA. VV.: Problemas de la teoría del arte. Cuatro tomos (1980 y 1985).

AA. VV.: La lucha de las ideas en la estética (1983).

Mijaíl Jrapchenko: La personalidad del escritor (1984).

Oleg Larmin: La educación estética en el socialismo desarrollado (1984).

Elena Volkova: El contenido y la forma en el arte (1984).

L. Nóvikova: Estética y técnica (1986).

[Datos tomados de: Editorial Arte y Literatura. Catálogo general: 1967-1984, Ed. Arte y Literatura, Ciudad de La Habana, 1985.]

Estos libros y autores no representaban la corriente fecunda, creadora, abierta a la recepción de nuevas ideas y dialogante con el pensamiento occidental, en la teoría soviética, sino su opuesto (se movían dentro de la órbita de la llamada “ciencia oficial” y el dogmatismo, o simplemente eran intrascendentes [o las tres cosas al mismo tiempo]). La publicación de estos títulos, lejos de despertar el interés de los lectores por la producción teórica soviética, tuvo el efecto contrario.”

Rinaldo Acosta, polemizando con Elizabeth Díaz
sobre las traducciones en Cuba, en La Jiribilla.

Temas: Cuba soviética · La cita del día

2 responses so far ↓

  • 1 Ric // Apr 27, 2008 at 2:42 am

    Wow, Elizabeth Díaz sigue de comisaria después de tantos años, y diciendo mentiras. Tengo un cuentecito sobre ella — Muy joven e inocente aún (y muy, muy linda) se casó con el locón de Rogelio Rodríguez Coronel, una de las plumas sagradas de la Escuela de Letras y una de las locas más pesadas y brutas que haya pasado jamás por esa institución. Elizabeth –muy ambiciosilla desde entonces– debe haber sido tan inocente que no se dio cuenta de que Rogelio no sólo llevaba en el alma la bayamesa, sino a Bayamo entero y varios pueblos más. Él, uno de los protegidos de la malvadísima Mirta Aguirre, corría raudo y presuroso hacia escalones universitarios más altos, y casarse podía ayudarlo en ese quest. A principios del matrimonio, ambos se fueron a trabajar para el Escambray, con el grupo de teatro, donde más se bebía y copulaba que se analizaba la cuarta pared y las unidades dramáticas de Aristóteles. Al poco tiempo, un escándalo mayúsculo explotó cuando Rogelio fue a quejarse como niña boba a la jefatura de la UJC acerca de que su esposa le estaba pegando los tarros –sirviéndose de matorrales protectores y la oscuridad de las noches escambraicas– con tremendo guajizaro sabrosón que la estaba enseñando, por primera vez a la pobrecita, lo que era un hombre. Las autoridades le cayeron arriba a la chica para que dejara al guajiro y volviera a los brazos fríos y la picha corta de la locona que tenía por marido, pero ella –joven, pero no boba– se negó a abandonar la hamburguesa doble que había descubierto en los campos cubanos. ¡La carne manda! Para evitar rumores y rebeliones sexuales, la jefatura de la UJC y el PCC regresaron a la desgraciada pareja a la Habana, donde decidieron dar por terminada oficialmente la mencionada relación en cuanto bajaron de la guagua interprovincial.

  • 2 indiscreta // Apr 27, 2008 at 4:14 pm

    y otra: un antiguo amor con abel prieto le ha permitido seguir por las alturas.

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