
La noticia de la muerte de Robert Rauschenberg (Port Arthur, Texas, Oct. 22, 1925) en su casa de Captiva Island, Florida, produce de inmediato la necesidad de un recordatorio de su influencia en las artes visuales de Cuba, reconocida por varios estudiosos e investigadores. Lo que debería ser una simple necrológica produce, en cambio, la sensación de final de un capítulo —también— en la pintura de nuestro país, donde el espíritu de este pop seminal dejó una profunda huella.
En su conocido New Art of Cuba, el crítico Luis Camnitzer destaca la irrupción de elementos “rauschenberianos” en el notable giro de la obra de Raúl Martínez poco después del triunfo de la Revolución de 1959. Justo en 1962, cuando arrecia el enfrentamiento del nuevo régimen cubano con los Estados Unidos, la pintura de Martínez evoluciona desde el expresionismo abstracto ortodoxo que había cultivado durante toda la década de los cincuenta e incorpora textos y “objetos encontrados” con más visos de Rauschenberg que de Duchamp.
El pop plano de Warhol y de Lichtenstein, de colores primarios e impolutos, de líneas y contornos precisos, dominó el diseño cubano durante los sesenta, debido en parte a la relativamente fácil aplicación de sus códigos mediante los cada vez más precarios medios de reproducción disponibles en la isla por entonces. En cambio, la influencia de la sección “matérica” y “expresionista” de la corriente se escondió en la pintura más personal, reservorio privado de la necesidad que sentían los artistas de aquellos años de cultivar un movimiento en boga, pero dentro de un sistema peligroso que ordena al mismo tiempo lenguajes y sujetos.
En los setenta, Rauschenberg alimentó en secreto a un montón de jóvenes estudiantes que manosearon hasta el cansancio sus páginas en el libro Nueva York, escenario del arte nuevo, milagrosamente conservado (y de libre consulta) en la biblioteca de la Academia San Alejandro. En enero de 1981, un grupo de estos jóvenes (y otros provenientes de las segundas generaciones de graduados de la Escuela Nacional de Arte), organizan la célebre exposición “Volumen Uno” y el fantasma de Rauschenberg toma cuerpo de manera rotunda. Artistas como Rubén Torres Llorca y José Bedia se destacan en este grupo por su evidente herencia pop, mucha de ella asimilada vía Rauschenberg.
Su proyecto ROCI (Rauschenberg Overseas Cultural Interchange), una gira interactiva que abarcó diez países “complicados” durante siete años, llegó finalmente a La Habana en 1988 y marcó la apoteosis de su influencia en el arte cubano. Tres sedes paralelas mostraron pinturas (muchas sobre materiales no tradicionales, incluyendo superficies reflectivas y otros experimentos), dibujos, fotografías, ensamblajes y otros medios, en una gigantesca muestra inspirada en la realidad de los propios países recorridos, que acabó por reforzar definitivamente las influencias más o menos secretas que su lenguaje plástico había venido acumulando en la creación plástica cubana.
Muchos recuerdan la expresión de sorpresa del propio Rauschenberg en el patio central de Bellas Artes en La Habana cuando durante la inauguración del segmento cubano de ROCI, el jóven artista Aldo (Aldito) Menéndez López ejecutó un performance memorable: disfrazado de indio, ironizó sobre el deslumbre de los “nativos” ante la visita del extranjero blanco y superior. Las jóvenes generaciones de artistas cubanos, hijos de los influenciados por el norte unos años antes, en acelerada sucesión, negaban, burlándose, el extraordinario peso de esa herencia, que marcó para siempre nuestra cultura visual.
César Beltrán
Miami

11 responses so far ↓
1 elextranjero // May 14, 2008 at 12:39 am
“con más visos de Rauschenberg que de Duchamp”: Rauschenberg era Duchamp + Picabia. ¿A qué nivel estamos hablando?
2 Cloro Díaz Epóxido // May 14, 2008 at 1:52 am
Beltrán, no le parece un poco picúo eso de “Nuestro” Rauschenberg?
3 Nibelunga // May 14, 2008 at 2:15 am
A nivel unga, extranjero. Picabia, santiaguero (por desgracia) en parte de su sangre, pica mucho más alla de Masaya. Ya Darío rió de dichos falsos modernismos, sinónimos de muela mala. Duchamp, en cambio, viola la latitud dudosa de las visas. Visos se ven, se pillan, cepillando lo poco carmesí. Me sigue? guelaguetza, quetzal, todo lo exótico, tico y nica, mesoamericano, nodal. Rauschenberg era del mismo pueblo que Janis Joplin, Puerto Arturo, TX.
4 RW // May 14, 2008 at 4:22 am
Buen texto mache, revelador de los cueros finos.
5 RLR // May 14, 2008 at 6:36 am
EPD Robert Rauschenberg.
Perdona Cesar, pero esto me parece un poco exagerado.
“Su proyecto ROCI (…) llegó finalmente a La Habana en 1988 y marcó la apoteosis de su influencia en el arte cubano.”
Es muy cierto que el Pop fue seminal en todo lodo lo que pasó en la primera mitad de los 80, pero para ese año año todo el mundo tenía la mente en otras cosas. El Pop y el maestro R.R. estaban digeridos e integrados a nuestra estructura celular. La gente tenía el hocico metido en otros libros (Antropología estructural, La rama dorada) y la mirada puesta en Joseph Beuys, la Transvanguardia italiana, la ola posmoderna, etc. Muchos vimos el show ROCI con la curiosidad de quien va a encontrarse por primera vez con un viejo familiar.
6 Iván // May 14, 2008 at 9:09 am
No estoy de acuerdo con Camnitzer. Sigo creyendo que la influencia pop más fuerte de Raúl Martínez es Warhol. Y, además, aunque es muy obvia en lo formal, lo que más le importó a Raúl, dicho por el mismo, fue que Warhol le dio la coartada necesaria para ocuparse del “tema social”. Lo de Aldito fue genial y muy valiente, pues Rauschenberg fue la primera gran operación de marketing en los 80. ¿Alguien ha hecho algo parecido después con Coppola, Redford, Ramonet, Chomsky, etc? Pensemos en ello. Por lo demás, muy bueno, Machete.
7 maite // May 14, 2008 at 8:16 pm
Muy bueno César, qué bueno leerte de nuevo en Penúltimos…creo que tienen razón los dos César y también Ivàn.
La primera evolución de Raúl Martínez desde el expresionismo abstracto pasa por la utilización de elementos fotogràficos fundamentalmente que pega y manipula con la pintura, banderitas cubanas de papel, sobres todo esto resuelto con reminiscencias màs gestuales de su etapa action painting.
Luego la influencia de Warhol se precisa por la utilización del concepto de retrato, la serialidad de la imagen, los planos de colores, la estructura de narraciones figurativas simultàneas…
Lo de Aldito fue un buen chiste porque en Cuba la mentalidad de colonizados es bastante fuerte.
8 Rita Lunga // May 14, 2008 at 10:06 pm
A Rafa se le pegó sin querer el estilo de Nibelunga: “…todo lodo lo que pasó…”
9 m.gonzalez // May 16, 2008 at 8:10 pm
Cesar:
Cesar:
Siempre es un placer leerte,tienes un conocimiento vasto de muchas cosas y ademas eres ameno y directo contandolas, aunque escribas de como se estiran los bastidores, ya quisieran muchos que se ganan la vida holgadamente con la escribidera, tener tu gancho.
Gracias
10 Cloro Díaz Epóxido // May 17, 2008 at 4:13 pm
m. gonzalez: César manda a darte las gracias y un abrazo.
11 ernesto menendez-conde // May 18, 2008 at 7:42 am
Gracias por este recordatorio de Rauschenberg. Su muerte cierra, como dices, todo un capitulo muy relacionado con el arte cubano. Concuerdo que en Cuba su influencia fue crucial -tanto en Raul Martinez como en Volumen I. Dificil olvidar el impacto de su visita a la Habana y su proyecto ROCI. Es cierto, como dice RLR, que para esas fechas los jovenes artistas cubanos estaban mas interesados en Beuys, las teorias post-modernas y la antropologia; pero con todo ROCI fue una de las pocas oportunidades de conocer, en directo -y no ya mediante reproducciones en los libros y revistas- el trabajo de uno de los grandes del arte contemporaneo. Recuerdo que muchos de nosotros visitabamos las exposiciones una y otra vez, como si en cada ocasion existiese algo nuevo por descubrir. Creo que de un modo u otro ROCI debio ejercer una influencia considerable, tal vez mas interiorizada que la que parecia recibirse mediante las publicaciones que circulaban.
En cuanto a la broma de Aldito, no digo que no haya sido divertida; pero francamente no acabo de encontrarle la genialidad ni la valentia.
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