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¿Es posible una izquierda darwinista?

May 17th, 2008 · 11 Comments

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Ernesto me pide que comente, “en un post más bien breve”, el artículo de Peter Singer “Una izquierda darwinista”, publicado en una excelente traducción al español por la revista Letras Libres (edición México).
Son tantos los desacuerdos que tengo con este artículo, que la brevedad del espacio exigido se convierte en una tortura. Para empezar, difiero de la definición de “izquierda” que da el señor Singer cuando dice: “Y esto, según creo, es de lo que se trata la izquierda. Si nos encogemos de hombros frente al sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que son explotados y despojados, entonces no somos de izquierda”.
Esta definición implica que todos los seres humanos normales somos de izquierda. La inmensa mayoría de las personas que habitan este mundo -descontando una cantidad infinitesimal de sociópatas y/o autistas- son incapaces de encogerse de hombros ante el sufrimiento ajeno. Digo más, han sido seleccionados para la imposibilidad de ese encogimiento. En lo que sí diferimos, para definirnos en “izquierda” y “derecha”, es en la forma en que pensamos una solución para ese sufrimiento.
La “izquierda” razona sus soluciones en una forma reduccionista, mientras que la derecha lo hace con una aproximación más holística o, si se quiere, emergentista. Es importante recalcar que ninguna de estas aproximaciones es “mejor” que la otra; las dos se presuponen y, en condiciones normales, deberían alternarse en algo que podríamos equiparar con la respiración de un pensamiento sano.
El reduccionismo ha dado a la humanidad los deliciosos frutos de la lógica, las leyes universales, la tabla periódica de los elementos químicos, y un sinnúmero de herramientas que hicieron posible la revolución industrial del siglo XIX, y el salto tecnológico del XX. Al mismo tiempo, una mala utilización de esta tendencia del pensamiento humano dio lugar a las religiones (y dentro de estas al monoteísmo), hizo posible el secuestro de la vida social por reyes, emperadores y tiranos que fueron, quién lo duda, los antecedentes directos de eso que conocemos hoy como “estado protector”.
La aproximación holística o emergentista, que tiene sus raíces en la doctrina económica del “laissez faire”, parte de una intuición genial: el sistema es tan complejo que cualquier intervención externa (de reyes, tiranos, o Estados) es absurda y comprometedora. Lo mejor es dejar que se desarrolle según su propia dinámica, la cual generará, en algún momento, un nivel de riqueza capaz de alcanzar a los desposeídos. Los detractores de esta doctrina aducen, con razón, que se trata de una excelente coartada para justificar el dolor ajeno. Sus defensores argumentan, sin estar muy lejos de la verdad, que no ha podido ser derrotada, en el terreno económico, por los mal llamados “Estados de justicia social”. Al mismo tiempo, ambas tendencias se acusan mutuamente de no poder funcionar por culpa de la interferencia de la otra.
El problema con la “izquierda darwinista” es que hoy día la teoría de Darwin y Wallace empieza a ser reconocida como un componente importante, pero no único, de una ciencia, o de un área del conocimiento humano, que muchos empiezan a llamar Complexología. Esta nueva aproximación, iniciada por el científico Ilya Prigogine, y desarrollada hasta el asombro en el Instituto de Santa Fe, en los Estados Unidos, puede ser vista como un esfuerzo pionero, y sobrehumano por salir del condicionamiento psicológico, y del atolladero cognoscitivo al que nos han llevado siglos de tradición reduccionista. En este sentido, hablar de una izquierda darwinista sería hablar, en última instancia, del abandono de una forma de pensar -y aproximarse a la realidad- que es intrínseca al pensamiento cuasi-religioso de la mayoría de las personas que dicen defender la “justicia social”.
Un ejemplo: Singer utiliza como un argumento a favor de su propuesta, el hecho comprobado, a nivel matemático, evolutivo, y antropológico, de la marcada tendencia -positiva, claro está- de los seres humanos a la cooperación. El problema surge cuando uno se da cuenta de que existe una gran diferencia entre cooperar y colaborar. Dos entidades pueden cooperar sin tener la necesidad de saber, sentir, o imaginar, la existencia de una meta u objetivo común; la colaboración, sin embargo, sí requiere de algo parecido a un destino colectivo, un porvenir que en el caso de los reyes es la quimera del gran reino, en el de los curas es la salvación del alma en el más allá, y para la izquierda es el futuro de la justicia social. La pregunta es: ¿estaría dispuesta la izquierda a dejar a un lado su exigencia de colaboración para dar paso a una solicitud de cooperación? Y si lo hiciera, ¿seguiría siendo izquierda?
Otro ejemplo: los complexólogos no han podido encontrar un sólo Sistema Complejo que se organice de arriba hacia abajo. Desde una colonia de bacterias hasta el cerebro del homo sapiens, pasando por panales, hormigueros y mercados económicos, son las dinámicas locales, seleccionadas y amplificadas dentro del sistema, de abajo hacia arriba, las que generan, como una propiedad emergente, esas exquisitas organizaciones capaces de “sentir” las variaciones del medio y adaptarse con una velocidad -y exactitud- que ningún control centralizado ha podido emular. ¿Estaría dispuesta la izquierda a reconocer que el poder central es el resultado de escuchar las dinámicas locales, y no al revés? Y si lo hiciera, ¿seguiría siendo izquierda?

César Reynel Aguilera
Montreal

Temas: César Reynel Aguilera · Sábados en PD

11 responses so far ↓

  • 1 Güicho // May 17, 2008 at 5:51 pm

    Oye, César, si a la próxima vida llego por la izquierda, que sea como tú, chico.

    El artículo de Singer está gil.

    El gran reto teórico de la izquierda -en un futuro que ya ocurre- radica en compaginar la brutal diferencia en la naturaleza de sus portadores: cobardes al norte y delicuentes al sur. La hipocresía, a diferencia de la estupidez, no es infinita.

  • 2 Max de Rob // May 17, 2008 at 7:07 pm

    Hay cosas que no comparto. No creo que existan teorías científicas que sean “de izquierda” o “de derecha.” Esto solo sucede cuando existen partes dudosas de una teoría no totalmente probada.

    A nadie se le ocurre interpretar la mecánica newtoniana desde una posición de izquierda o de derecha. Es así y ya. No pasa lo mismo con la física cuántica o el origen del universo, por mucho que el Big Bang sea aceptado.

    La interpretación que hace Singer de las relaciones hombre-mujer y del matrimonio se alejan de la muy verosímil teoría marxista expuesta por Engels en “El origen de la familia…’” Olvida Singer que existió un matriarcado donde la mujer ocupaba el principal papel de la sociedad y cumplía todas las funciones que admite le corresponden al hombre por su estructura genética lo que indica que podía hacerlo antes de ser despojada de esas funciones.

    ¿Resulta anti-darwinista la política de asistencia social a los más débiles, a los enfermos, a los incapacitados ? Totalmente cierto, y es algo que la izquierda debe superar.
    La humanidad marcha hacia su futuro cogida de las manos por Marx y Nietzsche, y tiene que despojarse de criterios paternalistas que degeneran la especie.

    Saludos

  • 3 César Reynel Aguilera // May 17, 2008 at 7:36 pm

    Max,

    La asistencia social a los más débiles, a los enfermos, y a los incapacitados, para nada contradice el Darwinismo o, lo que es más importante y abarcador aún, está en perfecta resonancia con teoría de la evolución de los sistemas complejos. La explicación está en el comentario que acabo de dejar en el post de Ichikawa.

    Saludos

    César

  • 4 César Reynel Aguilera // May 17, 2008 at 7:38 pm

    Güicho,

    Todos llegamos a la vida por la izquierda. Después cambiamos por culpa de “La Izquierda”.

    Saludos

    César

  • 5 pd // May 17, 2008 at 7:56 pm

    Yo discrepo, mi estimado César. Esta también aquello de “homo hominis lupus” para describir un estado natural. La verdad es que no siempre el sentimiento de solidaridad es el primero en la cola, aunque así lo pensara y defendiera gente tan ilustre como Mencio y Rousseau, por ejemplo. Recuerdo un buen libro de F. Jullien sobre el asunto, donde se explica que la teoría del “Emilio” (la piedad como fundamento desinteresado de la moral) es un poco artificial, ya que si me intereso en el otro merced a una situación difícil de éste, es en tanto yo mismo podría estar en esa situación, y entonces es sólo gracias a que no estoy yo en esa situación que me intereso por él. Por eso La Rochefoucauld decía que la piedad “no es más que una hábil previsión de las desgracias en las que podemos caer”; nos hacemos bien por adelantado ayudando a los otros para comprometerlos a que nos socorran más tarde cuando tengamos necesidad. El egoísmo por delante de la piedad, vaya…

  • 6 César Reynel Aguilera // May 17, 2008 at 8:28 pm

    Pd,

    Yo nunca me he encontrado un borracho tacaño, y cuando me pongo a observar a la gente pasando por las puertas del Metro, me doy cuenta que siempre abren un espacio mucho más amplio del que necesitan para pasar, si les dices que es para ayudar al que viene detrás, se encogen de hombros y siguen en lo suyo. También está el hecho (que se repite y repite) del joven que ve un edificio en llamas y entra para salvar a una señora octogenaria, a riesgo de dejar, él mismo, dos niños huérfanos. Cuando le hacen ver el absurdo de su acto lo reconoce y la única explicación que tiene es “cuando sucedió, yo no vi otra posibilidad”.

    A fin de cuentas, poco importa si detrás de toda acción altruista existe la motivación de un egoísmo, de la misma forma que poco importa si detrás (o debajo) de una rosa hay unas raíces ancladas en los restos de un perro muerto.

    La belleza del darwinismo, o de la evolución de los sistemas complejos, es la demostración de que se puede, y se debe, porque es lo mejor desde el punto de vista evolutivo, alcanzar el altruismo, o la cooperación, a partir del egoísmo.

    No existe ninguna aproximación matemática, evolutiva, o antropológica, capaz de demostrar los contrario. Con eso me basta para creer en la bondad intrínseca, necesaria, y egoísta, del ser humano (aunque muchos, mientras la practiquen, insistan en negarla).

    Saludos

    César

  • 7 pd // May 17, 2008 at 8:53 pm

    Es un tema muy interesante. Lo del niño salvado de las llamas es una variante Hollywood de la fábula de Mencio sobre el niño que va a caerse en el pozo y es salvado de manera espontánea por alguien que lo ve. Lo que impulsa a cualquiera a salvar al niño no es un interés egoísta, en el sentido de ganarse un mérito, sino algo que está más allá de toda reflexión y que se produce espontáneamente. Mencio opina que este impulso en que se funda la acción ofrece la base para pensar la humanidad: la piedad estaría enraizada en una común “reacción frente a lo insoportable”.
    Pero existe también otra corriente de pensamiento, que pone en entredicho la aplicación colectiva de esa reacción moral. Aquello de Shopenhauer: “La virtud no se enseña, como tampoco el genio. Esperar que nuestros sistemas de moral y ética puedan formar personas virtuosas, nobles y santas es tan insensato como imaginar que nuestros tratados de estética puedan producir pintores, escultores, poetas y músicos”. Ahí es donde falla la izquierda, que pretende deducir el todo de la parte.
    Jullien tomará de Schopenhauer la idea de que hay que diferenciar entre el principio de la moral (lo que ésta dictamina y en lo que todos estaríamos de acuerdo) y lo que la fundamenta, es decir la razón por la cual debemos acatarla, “el por qué de la virtud que aconseja”. Métele coco al tema, que a mí me tuvo entretenido como seis meses. El Ichi metía tremendas clases sobre ese tema kantiano, dicen.

  • 8 César Reynel Aguilera // May 17, 2008 at 9:31 pm

    Pd,

    Ni Mencio, ni Jullien, ni Arturito el Shopen oyeron hablar en sus vidas del Dilema del Prisionero, de la teoría de juegos de Neumann, o de los modelos computacionales de cooperación/no cooperación que ha desarrollado Alxelrod.

  • 9 Omar // May 18, 2008 at 8:30 pm

    Cesar,

    A mi me parece innecesario y arriesgado intentar justificar un asunto humano con resultados cientificos. Primero porque las verdades cientificas son potencialmente temporales, aunque nunca vivamos para verlas desplomarse. Segundo, porque esos resultados en los que tu te basas son demasiado recientes y han estado sujetos a poco escrutinio.
    Fijate, aun cuando no contabamos con ellas ya se habian logrado avances sociales. Quizas como herramienta de propaganda funcionen, pero uno no debe tomarselas demasiado al pie de la letra. Ademas, que sabemos de la respuesta del hmbre al nuevo conocimiento? La interminable no-linearidad de todo cuanto nos rodea no acabara con estos resultados. Ellos tendran consecuencias imprevisibles que se empiezan a cocinar desde ya con analisis como los de Singer, y ecos como los de Ichikawa y los tuyos. Yo no estoy en contra del avance cientifico, mis dudas son a la hora de usarlos ciegamente para definir normas y politicas para la relacion entre humanos. Eso seria una suerte de religion.
    Estoy de acuerdo con que no haya que espantarse porque los moviles de nuestras acciones, sin importar cuan altruistas, sean egoistas en el fondo. La insistencia en la pureza es un ruido innecesario que confunde a mas de uno y lo suma al coro de los que quieren echar todo al fuego.

  • 10 Cesar Reynel Aguilera // May 18, 2008 at 10:28 pm

    Omar,

    Muy de acuerdo contigo, estamos hablando en terminos (estoy en un ordenado sin acentos) de probabilidades. La no linearidad, y la extrema dependencia de las condiciones iniciales hace casi imposible el determinismo. De lo que se trata es precisamente de lo contrario, de saber, reconocer, aceptar y vivir con la incertidumbre como posibilidad, algo que a la izquierda, heredera como es del reduccionismo, le cuesta mucho trabajo aceptar.

    saludos

    C.

  • 11 César Reynel Aguilera // May 19, 2008 at 5:41 pm

    Antes que se vaya el post. Mi admiración, una vez más, por la ilustración que acompaña el texto. Casi que hace innecesario leerlo.

    Saludos

    C.

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