Segunda tanda de la operación contra la disidencia interna, anuncio de una tercera, y referencia al “20 de mayo de McCain”. El meollo del asunto es que los disidentes reciben dinero de EE UU o a través de EE UU. Acusación absurda, pues las leyes del embargo norteamericano prohiben, como bien le recuerda Martha Beatriz Roque en una de esa grabaciones a un funcionario de la SINA, cualquier envío de dinero en efectivo a Cuba. De ello tiene que encargarse, con mil subterfugios, la variopinta red de organizaciones del exilio cubano —famoso por su tacañería, todo sea dicho.
En realidad, todo este despliegue propagandístico de conferencias y mesas redondas televisadas es una advertencia directa a Washington, justo ahora que se debate el destino y la mala utilización de los fondos de ayuda a la transición cubana repartidos a través de USAID. Mientras que USAID está intentando que los receptores de esas ayudas se encuentren realmente dentro de Cuba (no es otro el objetivo de su reciente interés en proyectos europeos, que podrían hacer llegar esa ayuda sin violar el embargo), el gobierno cubano se dedica a penalizar con la acusación de mercenarios a cualquiera que reciba dólares desde Miami –o desde cualquier parte.
Ayer leía en El Tono de la Voz un reproche táctico a Martha Beatriz por ese asunto. Reproche fútil, a mi juicio, pues en una sociedad como la cubana no hay oposición que pueda mantenerse sin ayuda económica del extranjero —de la misma manera que no hay cubano que pueda sobrevivir sin las remesas de sus familiares exiliados. El gobierno de EE UU debería reflexionar cuidadosamente sobre esta paradoja: por un lado, se está pidiendo que el dinero aprobado por el Congreso acabe en la isla o beneficie a quienes desde Cuba pueden propiciar cambios y contestación. Por el otro, las condiciones que se están pidiendo para otorgar los fondos de ayuda a la transición prácticamente obligan a cualquier elemento disidente o contestatario dentro de la isla a colocarse en el punto de mira de una campaña como la que vemos estos días, que desactiva cualquier posibilidad de influencia interna sostenida.
La cobertura de la ayuda humanitaria a los disidentes cubanos tiene que estar mejor planteada jurídicamente y debería formar parte de una ofensiva diplomática que incluya el tema del embargo y su función. Pero también hay que responder sin complejos a las acusaciones cubanas con una política coherente, que recuerde la naturaleza represiva del régimen cubano y justifique por qué EE UU está interesado en facilitar —incluso con financiamiento— la transición cubana hacia la democracia. En definitiva, no lo olvidemos, los rostros que salen en los billetes son los de los padres fundadores de la democracia moderna.
Cuba, EE UU y el dinero para la disidencia
May 21st, 2008 · 2 Comments
Temas: exilio · disidencia

2 responses so far ↓
1 César Reynel Aguilera // May 21, 2008 at 3:59 pm
Todo esto me recuerda el chiste del tipo enterrado en medio del circo romano, le sueltan un león y el pobre maniatado, sin brazos ni piernas de que valerse, se las arregla para darle una mordida al felino… y desatar un pandemonium de gente gritándole !tramposo, juega limpio, con los dientes no se vale!
2 Güicho // May 21, 2008 at 7:08 pm
Lo más importante para la subversión es siempre el dinero. Inconformes nunca faltan. Cada revolución triunfante, desde la Revolución de Octubre en Rusia un siglo atrás hasta las recientes Revolución Naranja en Ucrania y Revolución de las Rosas en Georgia, hubiera fracasado sin el dinero extranjero. (En San Petersburgo era capital alemán; en Kiev y Tiflis, americano.)
Lo mismo ocurre con las elecciones libres en países micro-infraestructurados como Bolivia o Ecuador, donde el dinero venezolano ha sido decisivo para elegir gobiernos subversivos del orden democrático.
La subversión sin ayuda externa es tan inocua como la libido de un castrado.
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