
La foto es de 1968, creo. A la izquierda, con pañuelo y rolos, mi tía Dulce Antúnez, primera esposa de Blas Roca y madre de mi primo Vladimiro Roca. Ella tiene cargada a mi hija Tamila. La del medio, con espejuelos, soy yo, con mi hijo Iván. A mi lado, mi mamá, Carmen Antúnez, fallecida en 2001 (mi tía Dulce murió en 1995). Estamos a la entrada de la casa donde entonces vivían mi tía y Blas, a un costado del Parque Zoológico, en Nuevo Vedado.
Se ha escrito estos días sobre las cuatro décadas del célebre Mayo francés y su repercusión en varios países, Cuba incluida. Ese año, además de lidiar con dos niños pequeños (que mi madre me ayudaba a criar) por las noches yo trabajaba como maestra de antiguas domésticas y por el día estudiaba Historia y Geografía en el Instituto Superior Pedagógico de Miramar. Carrera que no pude concluir, por la muerte de mi padre y el traslado de mi esposo al frente de la delegación del Ministerio de Justicia en Nueva Gerona, Isla de Pinos.
1968 fue proclamado “Año del Guerrillero Heroico”. El Instituto del Libro publicó el Diario del Che en Bolivia y la Metafísica, de Aristóteles. Por todas partes se hablaba de Viet Nam. En enero, la capital había sido sede de un congreso cultural, con la participación de más de 500 intelectuales y artistas, cubanos y extranjeros.
Unos días después de haber cumplido mi hija cuatro años y mi hijo tres, exactamente el 23 de agosto de 1968, Fidel Castro defendió públicamente la invasión soviética a Checoslovaquia para aplastar lo que calificó de una rebelión de contrarrevolucionarios, cuyo objetivo era llevar a Checoslovaquia “hacia el capitalismo” y depositarla “en los brazos del imperialismo. A los líderes de aquella protesta los llamó “fascistas reaccionarios” y “agentes de Alemania del Este”, acusación que entonces ni ahora he podido entender, toda vez que en 1968, Alemania del Este o sea la República Democrática Alemana supuestamente era aliada de su gobierno. La llamada Primavera de Praga había comenzado el 5 de enero de 1968 y ocho meses más tarde, en la noche 20 de agosto, terminó con la invasión de tropas de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia.
Cuando estos hechos ocurrieron, yo tenía 26 años y al igual que a muchos otros cubanos, lo sucedido me hizo pensar, sobre todo después de leer un folleto en español repartido por diplomáticos checoslovacos y que circuló como pan caliente por media ciudad. Clandestinamente, claro.
Aquel fue también el año en que despedimos a dos grandes: el músico y compositor Sindo Garay, integrante del Trío Matamoros, y la pintora y escultora Amelia Peláez. Hubo un gran estreno cinematográfico: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea. Coincidiendo con la celebración de los Juegos Olímpicos en México, José Massip realiza el documental Nuestra Olimpíada en La Habana. Granjeros ganó la Serie Nacional de béisbol. Se funda el Cine Club Universitario y las tétricas UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) dejan de existir. Mientras, en la radio suenan canciones de dos jóvenes irreverentes, de quienes se dice que pasaron por aquellos campos de trabajo camagüeyanos: Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.
En general, fue época de máxima alerta y represión contra “toda manifestación de diversionismo ideológico”: pelo largo en los hombres, pantalones de pata ancha, cualquier cosa que suene a jazz y a rock incluidos los Beatles. Es también el año en que Fidel Castro decide acabar con los pocos negocios privados que aún quedaban: bares, cafetines, bodegas, fondas, cantinas, puestos de chinos y timbiriches de café, guarapo, fritas, chicharrones…
Fue entonces cuando Leopoldo, hijo de mis vecinos gallegos, quien tenía una bodega cerca del Estadio del Cerro, decidió irse del país. Junto con Leopoldo y su familia se va también su hermano Manolito, con su esposa y dos hijos. Desconozco la cifra exacta, pero entre 1968 y 1970 cientos de ex-pequeños propietarios nacidos o nacionalizados en Cuba decidieron abandonar el barco del comandante para buscar una oportunidad en Estados Unidos.
Desde 1962, en la Isla se habían implantado dos libretas de racionamiento: una de alimentos y otra de productos industriales (ropa y calzado, entre otros). Y si más o menos la gente había podido ir tirando era gracias a la existencia de comercios particulares: con cuarenta centavos te podías comer un pan con tortilla y tomarte un batido de plátano.
A partir del 68 todo se volvió mucho más difícil, especialmente para las amas de casa, madres y abuelas. Los contactos con familiares y amigos en el extranjero estaban prohibidos. Era casi un delito, al estar ellos oficialmente catalogados de “traidores y desertores” (el esposo de una amiga perdió la militancia del partido porque su madre, residente en Estados Unidos, le mandó media docena de calzoncillos y él lo aceptó sin informar ni haber pedido autorización a su núcleo). De afuera, si acaso, lo que algún viajero procedente del campo socialista te trajera o vendiera o lo que con un marino mercante pudieras conseguir.
Vestir y calzar a un niño era un verdadero dolor de cabeza —todavía hoy lo sigue siendo. Por suerte, en el 68 aún quedaban costureras, a quienes le llevabas un vestido tuyo, ella lo descosía y de ahí sacaba una batica o dos camisitas. Las que sabían tejer a crochet eran muy solicitadas, porque tejían medias para niños, más baratas si le llevabas el hilo, más caras si ella lo tenía que poner (a mis hijos, cuando les quitaba los zapatos en los pies les quedaba incrustado el tejido, menos molesto si las medias habían sido confeccionadas con hilo de coser y más molesto si el hilo empleado era el de crochet, más grueso).
Paralelamente a la escasez y demás vicisitudes cotidianas, la grisura se fue imponiendo en la cultura y la vida toda. Ese fue nuestro 68: un mapa gris con la banda sonora de la canción protesta.
Tania Quintero
Lucerna

20 responses so far ↓
1 Felix Monrabal // May 21, 2008 at 11:36 pm
Hay Tania ,como me has hecho penzar,yo solo tenia 8 anitos y esta anecdota me traslado’ a casa de mi abuela Vasca en mi pequeno Bejucal,todas mis tias tenian experiencia en todo lo que es costura y tejidos ,ellas nos tejian de esas medias que comentas,los pies me picaron solo de leer tu anecdota del 68, me acuerdo de tener unos zapatos rotos y gastados ,los unicos que tenia y casi se me encogian por mi crecimiento,que cosa ,como aguantamos tanto?,no lo entiendo,en si me hicistes recordar parte de mi ninez en el paraiso de los trabajadores,que verguenza para los pobres del mundo que lo hubieran dado todo por vivir como en la Cuba de los 50,por lo que se al respecto ,la envidia de todos por ser tan avanzada,un verdadero horror y ruina de pueblos y almas es hoy nuestra isla como un crucero carcel que solo flota y va sin rumbo ,un Titanic que se hunde lentamente y sus pasajeros se tiran al mar y prefieren morir que ver el barco undirse por 50 anos sin poder hacer nada,muy triste el guion que nos ha tocado.
2 bustrófedon // May 21, 2008 at 11:37 pm
Memoria prodigiosa la de Tania. Gracias por la crónica.
3 César Reynel Aguilera // May 21, 2008 at 11:52 pm
Tania,
El año empezó con la Microfracción. Ese fue mi 68.
Saludos
César
4 Corona // May 22, 2008 at 12:21 am
Que yo sepa Garay no estuvo en el trío Matamoros.
5 Güicho // May 22, 2008 at 1:12 am
Buena crónica, Tania.
En ese año quedó claro que el futuro sería peor. Definitivamente. Ahí fue cuando los dos hijos más realistas de mi abuela pidieron la salida del país. Se fueron en el 70, tras casi dos años de campo de concentración agrario en pantanales arroceros.
6 Manuel Sosa // May 22, 2008 at 1:22 am
En el 68 abandoné el tete y la leche en pomo. Y Padilla deslizaba su manuscrito maldito. Esas fotos que a cada rato publicas dicen mucho, Tania. Gracias por esas memorias. ¿Sindo Garay integrante de los Matamoros? No creo. Saludos.
7 EUFRATES DEL VALLE // May 22, 2008 at 1:22 am
Tania, tengo una foto de tu tia Dulce, a quien conoci muy bien. De hecho, a ella hice mi primera entrevista periodistica… te la envio manana por email. Que buen texto! Con recuerdos como estos podremos escribir la verdadera historia de Cuba, la negada por cinco decadas. Gracias.
8 sergio // May 22, 2008 at 3:16 am
Triste año. Entre el 68 y el 71, cuando salí de Cuba, aquello se volvió casi un infierno. Represión más una miseria espantosa y ni tampoco siquiera diversión. Las tiendas cerraron y los trabajadores, como no había que vender, iban a trabajar a la agricultura. No se encontraba ni un refresco que tomar. Fidel Castro decretó que los cubanos solamente podían comprar los alimentos por la libreta y en una sola tienda en Cuba, la de tu barrio. Para poder comer, la bolsa negra. Pero si te cogían en eso, tanto comprando como vendiendo, ibas a la cárcel. Fué la guerra contra los timbiriches, los circos, los caballitos, las peleas de gallos, los “hippies”, los homosexuales, los religiosos, en fin, contra casi todo y todos. Del carajo. Se militarizó la educación y los profesores tenían que vestir, sin serlo, el uniforme militar. Las cárceles llenas de presos políticos, el fin de los contactos con los familiares en el exterior y el decreto de que había que integrarse. Esa fué la verdadera inauguración del Estado Totalitario represor. Una dictadura dura de verdad.
9 Anonymous // May 22, 2008 at 6:31 am
Ano 1968, en marzo, concentraron seis escuelas secundarias en la primera escuela en el campo, sin opciones, obligado, estudiar por el dia y trabajar en el campo por las tardes, disciplina semimilitar y marchando todo el tiempo donde quieras que fuera, los discursos y materiales politicos eran abundantes. Terrible!
10 Ric // May 22, 2008 at 8:30 am
Pero Tania, a tu tía, la compañera Antúnez de Roca, y a su familia seguro que no les faltaba nada.
11 Tania // May 22, 2008 at 9:38 am
César, saludos y gracias. Tienes razón, el 68 empezó en Cuba con la microfracción, que no mencioné porque en algún momento quiero escribir acerca de esa poca conocida represión partidista. Pero si tu o tu familia la vivieron, sería muy bueno lo contaras.
12 maite // May 22, 2008 at 10:15 am
Muy bueno Tania, he recordado a mis abuelas, mi tía que nos tejían las medias con cordel de algodón y cuando llovía aquello se endurecía…un horror.Nos hacían los abrigos con estambre, también se deshacían las faldas amplias de mis tías para hacernos ropa…lo peor era los zapatos, recuerdo una amiga contarme de unas sandalias de cartón que le hizo su padre para un cumpleaños.
A mi padre y tío le enviaban en las cartas desde Asturias cuchillas de afeitar y papel de fumar para hacer cigarrillos, con las colillas, recuerdo la gente bien vestida recogiendo colillas en la calle, tenía 5 años.
Luego se inventaron las màquinas de hacer cigarrillos artesanales, las cartas de España que tenían papel cebolla como las biblias se convirtieron en ceniza…
Mi padre tenía un amigo vecino que era gallego, la historia de Pancho es de película, él tenía un “puesto” de venta de batidos, pan con tortilla, pan con margarina, en la calle D del Vedado, vivía en un solar, andaba en bicicleta siempre y era un “handy-man” arreglaba cocinas, era plomero y era un hombre encantador. Criaba su hijo y los hijos de su mujer, eran 4, el día que le intervinieron el negocio, llegaron a quitarle sus batidoras industriales, sus tostadoras y sobre todo el refrigerador industrial en el que -como él decía- guardaba la leche de sus hijos, para el gallego todos eran sus hijos…se plantó en la puerta y dijo que eso lo había trabajado, y que tenían que matarlo…lo forzaron, y recuerdo aquel hombre mayor, llorando…después de muchas gestiones le devolvieron solo el refrigerador industrial, se quedó en La Habana y allí falleció.
13 camilo loret de mola // May 22, 2008 at 2:51 pm
cesar reinier y los psp, nacio manchado por el estigma de microfracciones, pero eso no le amargo la vida, no paro de reirse, inclusive cuando lo trataban de botar de la escuela al campo.
el pobre, ademas de la microfraccion, tenia una tia de nombre Brunekilda, con esos clavos cualquiera era crucificado en la escuela.
pero logro evadir la cruz y el carnet rojo a la misma vez.
solo sucumbio ante el chocolate, que lo desordenaba, se le conocio como cesar el piolo
un gran amigo, un gran conspirador de litera de saco y jarro de lata. Desde entonces, bajito y sin que nos vieran, hablabamos mal del circo de las restricciones.
Tania tu foto se me hace familiar, se agradece esa cita con el 68, recuerdo que el barbero Anibal le dijo a mi abuela que dejaba de ir a la casa, en la Copa cerraron la guarapera y aparecieron las camisas Payito, que horror
14 César Reynel Aguilera // May 22, 2008 at 3:39 pm
Camilo,
Reynel, carijo, Reynel, que el palíndromo dicen que es nombre de seguroso. Ya lo dijo Cachao: Hay que reír. Y a ver cuando echamos un párrafo (tú y yo, con Cachao prefiero esperar)
Tania,
Ayer casi empiezo, vi la puerta abierta y entré, pero no pude seguir. Algún día, quizás en una novela.
Saludos
César
15 Tania // May 22, 2008 at 4:39 pm
Manuel, gracias por detectar el error. El Trío Matamoros estuvo integrado por Siro, Cueto y Miguel. El santiaguero Sindo Garay fue músico y compositor, autor entre otras bellas canciones de La tarde. Murió con 101 años, el 17 de julio de 1968. Le voy a decir a Ernesto que lo arregle. Gracias a todos los que han dejado comentarios.
Ric, al ser sobrina, mi testimonio puede no ser creíble, me gustaría que Eufrates, que fue vecino de mi tía Dulces Antúnez cómo ella y su familia vivían. Claro que un poco mejor, por el cargo de Blas, pero mucho modestamente que otros dirigentes e, inclusive, que algunos de sus vecinos en Nuevo Vedado. Sólo te diré que a pesar de Blas tener un carro con chofer y escolta, mi tía cogía guagua como una ama de casa más. Y en guagua se iba a visitar a sus hermanos residentes en la capital.
16 ANGELA // May 22, 2008 at 5:15 pm
Me he quedado impresionadisima con esas memorias de las mediecitas tejidas.Recuerdo que sacrifique mi mejor vestido para hacerle dos camisitas a mis hijos
En cuanto a la microfraccion ,conoci a la familia de Jose Matar(el de los CDR)y aunque era muy jovencita recuerdo como se hablaba en voz baja y la abuela Elena (la mama de Matar )blasfemaba en un idioma totalmente desconocido para mi (ella era arabe)
Me le han dado tremenda sacudida a las neuronas
17 EUFRATES DEL VALLE // May 22, 2008 at 10:34 pm
Estimada Tania, puedo confirmarlo en una etapa en que fui vecino de tu tia cuando era nino. Vivian en una casa grande y la casa tenia una posta. Por supuesto, era una casa de alguien que se habia marchado de Cuba, si mal no recuerdo alli habia vivido una nina que se llamaba Alina. Sin embargo, el de tu tia era un hogar muy peculiar. La puerta estaba siempre abierta, todos los ninos de la cuadra entrabamos y saliamos buscando a cualquiera de los muchachos que alli vivian para irnos a jugar pelota, que eran una cantidad que no puedo recordar. Uno de ellos, quien era mi “socito”, se llamaba Yuris. Recuerdo que los dormitorios, en vez de camas, tenian literas con mosquiteros, por la cantidad de ellos que eran. Muchachos normales, mataperreando por la calle o escondiendose en el Bosque de la Habana. Era una familia muy sencilla.
18 misha // May 22, 2008 at 10:57 pm
Magníficos comentarios todos.
Y lo relatado tiene una fidelidad asombrosa. Cosas faltan.Uuuuu…
Eran los tiempos de los vasos de pomos de compotas rusas.
Quedaba estambre en las tiendas y la gente se especializó en tejido. fue una necesidad que implantó una moda.
No había de nada. Los niños nacian sin poder comprar nada en ninguna tienda de canastillas.Tampoco había tiendas de canastillas.
Intervinieron a los limpiabotas y pusieron un salón que era un consolidado de ellos.Ni me imagino los criterios o méritos que utilizaron para escoger al selecto grupo de limpiabotas.
Al menos así fue en mi ciudad.
Quiero decir a Tania , a quien no conozco, que es una foto muy típica, la de su familia, que me recordó muchísimo a mi propia familia. Una foto muy cubana.
**********
Nota: que comentario más desentonado y mal educado el de, “siempre el mismo RIC”
Hay cada…
19 Connie // May 24, 2008 at 7:02 pm
Querida Tania,
Eramos vecinas entonces, en el ‘68. Cuando en ese año mi padre perdió su empleo y mi familia se fué, yo me mudé a la casa de unos conocidos, al lado del zoologico de la Habana, precisamente en la calle 45-A, entre 26 y 47, al cuarto de criada en los bajos. Todos los días yo bajaba por una lomita y tomaba la ruta 27 para ir a la universidad. Probablemente tú y yo coincidimos en esa guagua, y en el minimax del barrio. Recuerdo a otro vecino que tomaba esa ruta: Bola de Nieve. Nunca me atreví a acercarme, pero siempre me llenaba de alegría cuando lo veía en mi guagua. Otra cosa que recuerdo es como se oian los rugidos de los leones. Eran parte de la rutina de la vida diaria…
20 Tania // May 24, 2008 at 8:15 pm
Gracias a Connie y todos los demás que han dejado comentarios.
Aprovecho para aclarar que nunca viví en Nuevo Vedado. Cuando nací en 1942 y hasta 1944 mis padres no tenían casa y me llevaron a vivir al Naranjito, en una habitación de una casona donde vivían otras familias del PSP.
Me contaba mi madre que había un gran patio con matas de mango y los fines de semana allí iban militantes pesepistas con sus esposas e hijos, pues en el lugar funcionaba una especie de centro de recreación llamado El Club Mella.
En 1944 nos dieron dos habitaciones en el segundo piso de una vieja casa en el Cerro, que compartimos con dos familias más. Después del 59 ellos se mudaron a viviendas mejores, una familia se fue a vivir al Reparto Santa Amalia y la otra se trasladó a Camagüey.
Entonces mis padres, un tío, una prima y yo, pudimos vivir más desahogadamente, sin tener que compartir baño y cocina con tantas personas.
Cuando la explosión de La Coubre, en 1960, el edificio construido a principios de siglo, sufrió serias rajaduras y fue declarado inhabitable. Cada vez que venía un ciclón teníamos que irnos, por amenaza de derrumbe.
No obstante, hasta 1979 no logramos salir de allí, para un apartamento al doblar del Paradero de la Víbora.
En los 61 años que viví en La Habana, residí solamente en tres casas, ubicadas en tres municipios: Arroyo Naranjo, Cerro y 10 de Octubre.
Mi tía Dulce, su esposo y sus cuatro hijos (sin contar los parientes, procedentes unos de Sancti Spiritus y otros de Manzanillo) hasta los primeros años de la revolución siempre vivieron en 10 de Octubre, primero por la calle Estrada Palma y después por el Sevillano. Posteriormente fue que se mudaron al Nuevo Vedado.
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