Penúltimos Días

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Chantilly, les Nuits de Feu

June 14th, 2008 · 6 Comments

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Para llegar a Chantilly hay que atravesar varios pueblos pequeños, que crecen al ritmo de los vuelos que se suceden cada minuto y medio en el aeropuerto de Roissy: la industria que mueve la tierra en ésta zona se prodiga en el cielo. Desde 1987 se organizan las fiestas y concursos pirotécnicos de Chantilly, por voluntad política de un gobierno regional decidido a promover el turismo cultural en una de las más hermosas ciudades francesas, inscrita en el triángulo de oro que incluye a Compiègne y Beauvais, en la zona llamada la Picardie, al norte de París.
Las infraestructuras son de lujo (en sentido literal: el hipódromo de Chantilly, las Caballerizas lujosas, le Musée du Cheval) y producen varios espéctaculos al año. El Château de Chantilly, uno de los museos franceses más importantes después del Louvre, tiene un dominio que incluye 600 hectáreas de bosques y jardines diseñados por el arquitecto paisajista André Le Nôtre para el Grand Condé, propietario del palacio en el siglo XVII; en esta parte de los jardines, dibujada por un genio de la perspectiva, se incluyen fuentes espectaculares, espejos de agua que de día pueden ser azules, nubosos y en estas noches teñirse de rojo sangre. Es en este lugar, detrás del castillo, donde se emplazan las gradas y se desarrolla el espectáculo de fuego, luz y sonido, con imágenes que se suceden como las descargas eléctricas de una tormenta, y que pueden disfrutarse desde el interior del parque, más caro y concentrado en un guión teatral más “realista” con la música como hilo conductor de la dramaturgia.
La otra opción, la versión Woodstock sería desde una perspectiva “caballeresca”, desde la hierba suave del hipódromo, disfrutar -como en aquellos cines al aire libre-, bebiendo buen vino, de un espectáculo majestuoso, emocionante y efímero, una gran pantalla dressée par Le Nôtre, un perfil panorámico dibujado, entre los árboles imponentes del jardín a la inglesa, por las torres y las cúpulas del palacio renacentista al centro, y por la continuación del perfil boscoso o el sobrio y elegante edificio construido para albergar a las trescientas personas que se ocupaban del servicio. Desde estas gradas relajadas, en las que se suceden grupos de amigos, familias -a la francesa-, sin gritos ni escandalosas exhibiciones de autoridad, el espectáculo cobra una dimensión cinematográfica y la música llega como un susurro.
El humo de la pólvora es como la materia sobre el lienzo; las explosiones redondas, en cascada, dibujando cubanas o mediterráneas palmeras en su apagado gradual tejen transparencias, superposiciones y emociones. Juraría que he visto los suspiros de Vatel, dibujándose, angustiados, antes de comenzar el espectáculo.

Maite Díaz
París

Temas: Maite Díaz · Crónicas de viaje · Sábados en PD

6 responses so far ↓

  • 1 Isis // Jun 15, 2008 at 3:35 pm

    Maite, gracias por este artículo. Encantador. Yo también he creído oír los suspiros de Vatel en la cocina.
    Saludos,

  • 2 maite // Jun 15, 2008 at 8:39 pm

    Gracias Isis, la cocina es impresionante, quiero volver para hacer fotos del armario refrigerador que utilizaba para conservar y enfriar. Me gusta mucho el Hameau, dicen que sirvió de inspiración al arquitecto que realizó el de Maria Antonieta en Versailles, y los jardines son preciosos en cualquier época del año. Saludos

  • 3 Manolo Díaz Martínez // Jun 16, 2008 at 12:07 am

    Para llegar a Chantilly hay que atravesar varios pueblos…o leer esta crónica, deliciosa y eficaz, de nuestra querida Maite.

  • 4 Cloro Díaz Epóxido // Jun 16, 2008 at 5:06 pm

    Bueno leerte, Maite. Un abrazo.

  • 5 maite // Jun 17, 2008 at 11:30 pm

    Gracias Manolo y César, cosas para compartir.

  • 6 JUAN // Nov 12, 2008 at 2:51 am

    muy buena me salvaste la vida tenia que hacer una cronok de viaje y no sabia que poner asi que copie la tulla

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