Hace unas semanas estuvo por Barcelona el poeta Valerio Magrelli, a quien sólo conocía por correo. He traducido un libro suyo de poemas, Ejercicios de tiptología, que saldrá a fines de año en Pre-Textos, así que aproveché para consultarle dudas mientras lo paseaba un día de lluvia por Las Ramblas. Y fui a una conferencia suya en CaixaForum sobre uno de los más grandes (y menos conocidos) poetas italianos: Giorgio Caproni, con quien Magrelli comparte muchas afinidades poéticas. Ahí les dejo un poema de los Esercizi, dedicado a otro poeta italiano, Antonio Porta:
San Eustorgio
Ahora no recuerdo el nombre de la iglesia
pero sé que daba a una explanada,
un césped arruinado, y más abajo,
ramificándose bajo la pradera,
estaba la cripta. Ramificándose,
el árbol de Jesé o el ostensorio,
un trozo sepultado, heráldico,
radiante (si “radiante” es el punto
de la bóveda celeste desde el cual parecen
divergir las trayectorias trazadas
por los enjambres de estrellas fugaces).
Nos deteníamos hablando junto al eje
de aquella cripta, cripto-fulcro
del cuerpo rotatorio.
Porque ésta es la ciudad,
enjambre de estrellas fugaces,
colmena astronómica.
“De aquí se debería partir siempre”,
me explicaba.
La ilustración es el árbol de Jesé de Bamberg (Bavaria), tallado en marfil, actualmente en el Louvre (pulse para ampliarla).
Aquí pueden leer la serie de Caproni Erba francese, traducida por Carlos Vitale.
Y aquí Magrelli en un video, hace años, leyendo uno de sus poemas más famosos.

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