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Asuntos cubanos / Cuban matters

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¿Qué es la revolución cubana?

June 20th, 2008 · 8 Comments

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Por sencilla que parezca, pocos han intentado responder esta pregunta, prefiriendo dejar el asunto en el aire, en una nebulosa, en “algo” fabuloso y vago, como un fantasma que recorre el mundo y que se pone viejo sin dejarse definir. Sin embargo, la respuesta estuvo siempre a mano: definir la revolución cubana implica un riesgo, pues toda definición devalúa la mercancía con que trafican los definidores. Es imperativo, entonces, sobrevalorar la revolución cubana, lo mismo para Pérez Roura que para Benicio del Toro, para Carlos Franqui que para Posada Carriles. La revolución cubana es toda plusvalía, un engrosamiento y abultamiento, una inflamación histórica. Pero, detengámonos aquí un instante para aclarar que las mismas dialécticas con que negociamos la revolución, el “estilo” y los resortes del arte, de la crítica y de la investigación, deforman irremediablemente su esencia. Reinaldo Arenas es el primer escritor revolucionario, precisamente por haber sacrificado el estilo (y el estilo es el hombre) en aras de una definición. La revolución es nada, o mejor, Nada cotidiana, según Zoé Valdés, otra emancipadora del estilos, aunque tampoco esta categoría llega a representar la totalidad de lo que se entiende por “revolución cubana”. La revolución es tan poca cosa, sus principios tan pequeñoburgueses, sus aspiraciones tan filisteas, que quienes la estudiamos nos vemos forzados a hiperbolizarla. La revolución es la Nada porque lo que niega es el Todo. Es decir, la vida misma, la evolución cotidiana que resulta del conflicto de las necesidades vitales. La revolución es la negación, y ese vacío o intersticio es lo que Reinaldo reivindica y aísla. Pero todavía no hemos definido la Revolución propiamente, porque está hecha de los ideales de aquellos gángsteres, de aquellos mocosos que los padres mandaron a estudiar al Norte y que regresaron a Cuba saturados de ideas liberales, de ideas modernas. La revolución es apenas una influencia: lo que quiere decir, nada. Revisemos las biografías de los revolucionarios cubanos, de Celia Sánchez Manduley a Enrique Oltuski, y veremos que casi todos son hijos del Alma Mater americana, que regresaban a poner en práctica la teoría. Entonces la revolución cubana sería una idea americana, y así llegamos al meollo de la cuestión, de la definición, porque más allá es imposible avanzar ya que existe un límite gnoseológico: en el actual “estado de cosas” no hay “cosa” que no pueda reducirse a una idea americana. Vista así, la revolución es un error; y considerado así, nuestro anti-norteamericanismo deberá ser revisado radicalmente, y después asumido concretamente. Desde este punto de vista la revolución cubana se reduce a una basura, del nivel de las comidas-basura y de la información-basura. Desde mi punto de vista, que es el único punto de vista “revolucionario”, la revolución cubana podrá seguir existiendo únicamente como error de la percepción.

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Cuba vive de la revolución. Lo que antes se denominaba “exportar” la revolución es hoy un hecho económico, más que político. Es decir, un fenómeno capitalista, de mercado: la llamada “opción china”. El primer producto de la isla es una mercancía de contrabando: la dictadura contrabandea “revolución” como antes contrabandeó cocaína, diamantes o armas. La revolución puede ser, y de hecho es, rentable: contrario a lo que opinaban los teóricos burgueses, la “tradición” terminará siendo siempre su paradójico destino. Hoy se envasa chispa’e tren, pero antes se había enlatado la música de los viejos trovadores. Los revolucionarios cubanos, hijos de la idea americana, conocen a los yanquis mejor que ningún otro idiota latinoamericano, y es por eso que la revolución siempre ha sido un éxito rotundo (¡Hasta la victoria, siempre!). Herbert Matthews nos vendió a Castro cuando lo creíamos muerto: sus reportajes en el New York Times anticiparon los sightings de Elvis. Al definirlo, al observarlo, la prensa americana hizo de Castro en la Sierra un gato de Shrödinger. Si Matthews escribiera hoy, en el mundo virtual, Fidel sería Mac y Batista PC, y resultaría mucho más fácil establecer lo obsoleto de nuestro antiguo “sistema operativo”. Fidel capitalizó tan completamente la idea de la revolución, que ya existe una marca registrada para los productos ergonómicos del Período Especial. Entonces, ¿por qué renunciar a nuestro principal renglón económico, a nuestro producto nacional “bruto”? ¿Qué ganaría Raúl con desmantelar esta nueva industria azucarera? Hemos pasado del monocultivo a la monomanía: la revolución es el sustituto universal. Algún día, sin duda, los remanentes de la revolución serán como los ingenios desmantelados, pero por lo pronto, su cristal dulzón y completamente artificial ha sustituido al de la caña de azúcar.

Néstor Díaz de Villegas
Los Angeles

Foto: Fidel Castro, al centro, y el misionero indio de Oklahoma, W. A. Reiford, con tocados de guerra, el 17 de julio de 1959, cuando Reiford estuvo en La Habana para abrir un orfanato. Reiford sostiene la pipa de la paz. A la izquierda, Antonio Núñez Jiménez. (AP) (H/T: de una improvisada galería montada por Gaspar, el Lugareño).

Temas: castrismo · Néstor Díaz de Villegas

8 responses so far ↓

  • 1 Caminante // Jun 20, 2008 at 5:45 pm

    Aquí está, muy breve, lo que opino acerca de la “nada” de Villegas…

  • 2 Cloro // Jun 20, 2008 at 5:47 pm

    Pero fumaron o no fumaron?

  • 3 CS // Jun 20, 2008 at 6:02 pm

    Que felicidad leer algo suyo de nuevo, te extranaba bastante, debias escribir al menos una vez a la semana para PD, y sigo quejandome que no has sacado un libro de sus cronicas.
    Lo que dices de la influencia americana en la revolucion cubana es cierto, se ve algo similar en la historia mexicana, la dominacion priista nunca necesitaba los llamados enemigos externos, es por eso que no estoy de acuerdo que sin el embargo o sanciones europeas la dictadura castrista no tendria excusas, son revoluciones que se justifican en la “excepcionalidad” de sus respectivos paises y de donde sacaron eso?, de la manera que somos vistos por los norteamericanos. Eventualmente-como en el caso del PRI-se aburre una nueva generacion de los que mandan y declaran una democracia multipartidista , pero ya el dano se ha hecho y no hay remedio.
    Por favor no te demora en escribir su proximo articulo, y vuelvo a repetir, quiero que sacas una coleccion de sus cronicas.

  • 4 varela blog // Jun 20, 2008 at 7:29 pm

    Lo de que la revolucion es una idea americana esta genial.

    La misma imagen de FC lo es. Su inicial traje de fatiga verdeolivo es U.S.Army. El Remington con mira telescopica es el logo de Hunter Magazine. La mochila es de los Maus-Maus. La barba de Hemingway.

  • 5 Helios // Jun 20, 2008 at 8:19 pm

    Jejeje. Reaparecio la mitad que faltaba de los jimaguas intelectualoides lewiscarrolleanos, Twiddle-ichi y Twiddle-estor.

    Este “ensayo” es otro que debe ser preservado para la posteridad en el Salon de las Sartas de Penultimos Dias porque de veras seria una pena deprivar a las generaciones que nos siguen del fruto de estas dos mentes privilegiadas, que tanto nos iluminan con su estelar claridad.

  • 6 Animal // Jun 20, 2008 at 9:26 pm

    No hace falta “ser” basta con generar, provocar, mover, cambiar. La repuesta la hará cada cabeza pensante, pero lo de “Nada”, siempre parece venir de una cabeza vacía. Se murió el Plátano, con su carita triste y su presencia constante en todas las trovadas de la Habana. Se va muriendo un mundo y algunos hablan de las nadas.

  • 7 Néstor // Jun 20, 2008 at 10:47 pm

    Estimado Caminante:

    Comprendo su preocupación y agradezco su inspirado comentario a mi nota en PD. Sin embargo, de ninguna manera desestimo los daños reales que ha ocasionado la Revolución cubana; y por otra parte, creo imposible deslindar la catársis del análisis, o el teatro de la teoría. “Lo mío es puro teatro”, repito a cada rato, con La Lupe, porque en el fenómeno revolucionario como representación es de lo que me ocupo, y de ahí mi insistencia en H. Matthews, y en la noción de “influencia”, o en lo inmaterial del fenómeno de la revolución cubana en general y de la “figura” de Castro en específico. (A propósito, la ilustración de Ernesto es exacta).

    Tengo que admitir que, luego de la lectura hace una década, de las teorías de Guy Debord sobre la sociedad del espectáculo, me he quedado trabado en esa idea fija. Pero al mismo tiempo, las ideas adquiridas a través de la lectura del marxista francés, me han ayudado, o eso espero, a “destrabar” el razonamiento de mis compatriotas y a problematizarlo, cosa que creo conseguir sólo a través de lo que usted llama “elocuencia” y “agilidad en resolver ecuaciones sociopolíticas”, aunque en defensa propia debo decir que estoy de vuelta de elocuencias y agilidades, como también estoy de vuelta de la sociopolítica en sí.

    Las inversiones, las contradicciones (incluso en el sentido marxista del término), las equivocaciones, las perversiones del texto y de la idea (de ahí mi amigo Reinaldo Arenas) son mis estrategias, y nunca la metodología al uso, pues soy un diletante, un payaso y un antiacadémico, cosa que no me averguenza en lo absoluto.

    En cambio, usted me psicoanaliza, y analiza mi texto, con inteligencia, sensatez y profesionalismo admirables, pero de los que yo me siento completamente incapaz.

    Gracias,

    N

  • 8 Caminante // Jun 21, 2008 at 2:29 am

    Estimado Nestor,

    Se ha descrito usted tan bien, y tan a gusto, que no tengo demasiadas intenciones de tomarle en serio.

    No le psicoanalizo -faltaba más-, digamos que prevengo: No serán pocos los que asuman su escarceo al pie de la letra.

    La futilidad es un arte, y hace usted bien en vilipendiarla. El provecho está en quien le conozca, y yo hasta ahora, no gozaba del indirecto el placer.

    Ya estoy prevenido, y sigue siendo un gusto.

    C.

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