Penúltimos Días

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Raúl Rivero, sobre las penas de Ruperta

July 5th, 2008 · 2 Comments

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“Cuba y Venezuela comenzarán en los próximos meses un intenso intercambio de animales. Así es que Caracas enviará a La Habana un puma enfermo de los nervios y desde la Isla mandarán una jirafa africana, hereje, sin nombre conocido, a sustituir a la jirafa Napoleón, fallecida hace 15 años en el zoológico de Caricuao.
El hermoso ejemplar, acostumbrado a tutearse con las palmas reales, viajará a Venezuela en compañía de una tropa variada, dijo esta semana el diario El Universal. Llegará escoltada por algunos leones aplatanados y engreídos, una cabra sospechosa (de poca salud mental) y un rinoceronte austero y de mal carácter criado a base de una dieta vegetariana (de calabazas y mangos verdes) en un barrizal del sur de La Habana.
El puma que enviarán a la isla está estresado y en cuarentena. Antes del viaje, aislado y cubierto por un toldo verde, pasea molesto de un lado a otro de la jaula.
Un funcionario del zoo de Caricuao, que viajó a Cuba para las primeras gestiones del intercambio, lamentó en particular la situación de la elefanta Ruperta, viuda desde el verano del 2006 y cuya felicidad depende de que pueda prosperar el programa de canje o de inseminación artificial con algún parque del continente.
El hombre dijo que hace años que no llegan animales nuevos. Los que permanecen en cautiverio son ya muy viejos y están cansados. Hace tiempo que no se hace un proceso de reposición de bestias. Sólo el capítulo de los gorilas está cubierto.”

En El Mundo, 5 de julio de 2008

Temas: En Cuba · Cubazuela

2 responses so far ↓

  • 1 solariego // Jul 5, 2008 at 2:52 pm

    por favor,no se coman los animales.

  • 2 Tania // Jul 5, 2008 at 7:22 pm

    Ruperta está para que Sarkozy se la lleve a Francia y le haga un buen chequeo médico.
    La última vez que fui al Zoológico de 26 con mi nieta, en 2002, llevamos un nailon con pan duro y viejo (del guardado en una jaba de tela para rallar). La niña quiso empezar por donde están los camellos, sólo había dos, hembra y macho, flacos y muertos de hambre. El macho nada más pilló “bolá de jama” se desprendió a correr que nos dio miedo. Tiramos todos los panes, que se los zampó en un dos por tres, sin dejarle nada a la pobre camella. Los osos eran otros con tremenda canina, les tiramos galleticas dulces, de un paquetico que por pesos cubanos habíamos comprado en un quiosco.
    Si hubo gente que robó animales del Zoológico para comérselos, debe haber sido a principios del período especial, porque diez años después no había quien le metiera el diente a ninguno.
    Una de las primeras cosas que me llamó la atención en Suiza fueron los gatos: grandes, gordos, limpios. Con felinos así unos cuantos cubanos se hubieran dando tremendo banquete en 1990-91. Los perros también me impresionaron: rara vez ladran en la calle y los de determinadas razas son tan grandes que parecen caballos.
    En trenes, ómnibus y tranvías la gente puede subir con sus perros, las madres con niños en cochecitos y los ciclistas con sus bicicletas, de madre. Igualmente gorditos y saludables están los patos y cisnes de ríos y lagos, así como las palomas en plazas y parques. Y hasta las ranas: en los sitios donde en determinada época del año andan de parranda por la vía pública, los vecinos salen por la noche con linterna para encaminarlas de nuevo al bosque y evitar ser atropelladas por vehículos.
    Los animales-imagen del país son dos: las vacas, famosas por la calidad de su leche, y los perros San Bernardo, magníficos auxiliares de los rescatistas en las montañas y considerados protectores de los niños.

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