
Cinco años hace ya que se nos fue. Pero yo la sigo recordando como la primera vez que la vi, a principios de los 50. Tendría siete u ocho años cuando mi padre me llevó a la emisora Mil Diez, en la calle Reina. Estaba hablando con algunas personas, tal vez preparándose para cantar en vivo. La recuerdo muy elegante, con un vestido ajustado, el pelo recogido y grandes aretes. Alegre, sencilla y cariñosa. “Celia es una mujer fina y decente”, de ella decían. Cualidades necesarias en una maestra y en una artista, sus dos profesiones. La Mil Diez (de 1010 kilociclos) había sido comprada en 1943 por el Partido Socialista Popular con dinero producto de colectas populares -por ello le decían “la emisora del pueblo.” A su periódico, Noticias de Hoy, los comunistas sumaron una estación de radio que en su década de vida resultó más importante por los valores artísticos promovidos que por las arengas políticas. En aquella época no había artistas ni orquestas valiosos que no fueran difundidos por la Mil Diez. Como director fue nombrado Ibrahim Urbino, reconocido locutor y esposo de Olga Guillot. Además de Celia y Olga, por sus estudios pasaron Benny Moré, Bebo Valdés, Elena Burke, Omara Portuondo, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Frank Emilio y Miguelito Valdés, entre otros.
El 16 de julio de 2003 había sido citada a las ocho mañana para exhumar en el Cementerio de Colón los restos de mi madre, fallecida dos años antes. Unas horas más tarde, ya en la casa, por Radio Martí me enteré de su muerte. De haberlo sabido mientras estaba en el cementerio hubiera averiguado con Julio López, sepulturero nieto de sepulturero, el lugar donde sus padres estaban enterrados. Y le hubiera llevado unas flores. Después quise llegarme al domicilio de sus familiares, en Lawton. Pero como en junio había presentado ante la Embajada de Suiza mi solicitud de asilo y el diplomático a cargo de la tramitación me había dicho que en lo adelante debía evitar cualquier incidente que provocara mi detención, decidí no ir. Gracias a una persona que residía cerca de la familia de Celia y conocía a una de sus hermanas, y me mantuvo al tanto de visitas y sentimientos, pude participar en uno de los varios programas especiales que por aquellos días trasmitió Radio Martí. En 2004, ya en Lucerna, para Encuentro en la Red escribí “Quién dijo que Celia Cruz está en el cementerio de Woodland?”.
No creo en lutos ni ropa negra. Tampoco en misas ni velas. Las flores sí me gustan: embellecen la despedida final. A los muertos queridos me gusta recordarlos a mi manera. A Celia decidí recordarla como la vi en mi infancia. Y no como la mayoría hoy la recuerda, con pelucas coloridas, gritando A-zú-car! Ah, y teniéndola presente en mi blog.
Tania Quintero
Lucerna

5 responses so far ↓
1 CS // Jul 17, 2008 at 11:17 pm
Senora Tania, nunca viste la pelicula de John Cassavetes y Raymond Burr que se filmo en Cuba alla por el ano 1957? Aparece Celia cantando en lucumi, tambien la vi en una pelicula de Tres Patines de la misma epoca. Estoy de acuerdo contigo, la Celia de los 50 me cae mejor, pero Celia siempre fue extraordinaria, es que en los 50 hubo una elegancia, una finura que nunca volvera.
2 sergio // Jul 18, 2008 at 2:55 am
¡Wow, ya hizo cinco años! Celia vivirá siempre en la memoria y corazones de millones de cubanos y de otros latinoamericanos. Cuando reencarne, volverá a ser artista, o quizá sea un gran lider.
3 Isis // Jul 18, 2008 at 8:50 am
Gracias, Tania. Hermoso.
4 maite // Jul 18, 2008 at 12:07 pm
Gracias Tania por este recuerdo de Celia en La Habana, que nosotros no pudimos disfrutar.
5 cubanito // Jul 18, 2008 at 3:04 pm
A Celia la recuerdo cantando en el programa El Album Phillips a las 7:00 de la noche que tenia como anfitriona a Margarita Prieto. Una verdadera gloria de Cuba y del mundo. Algun dia no muy lejano sus restos descansaran en una Cuba libre.
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