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Jenízaros

July 19th, 2008 · 25 Comments

Para César Reynel Aguilera

Como veo que regresa el tema de la Causa Nº 1/89, y se vuelve a debatir sobre los límites de la culpabilidad de Arnaldo Ochoa y los hermanos De la Guardia, voy a aprovechar aquí para dar mi versión de ese tenebroso asunto.
Está inspirada por un ejemplo histórico, algo remoto, pero a mi juicio útil para explicar hasta qué punto los personajes que ahora vemos desfilar por la televisión de Miami están involucrados o no con el castrismo, o hasta qué punto el fusilamiento de Ochoa y Tony de la Guardia, y las condenas al resto de los implicados en el célebre juicio fueron un ajuste de cuentas.
Como es sabido, el imperio otomano construyó su poder allende sus fronteras apoyado en una fuerza especial: los famosos jenízaros. Esta fuerza, de proverbial eficacia militar, sustituyó a los soldados no profesionales y mercenarios, y disfrutó durante siglos de prebendas y privilegios. No eran reclutas musulmanes, sino muchachos cristianos, seleccionados entre los más duros, que renunciaban a su fe y eran educados para convertirse al Islam. Su fe, sin embargo, era distinta de la del resto de los musulmanes: como parte del culto karagozi, los jenízaros tenían permitido beber alcohol, comer cerdo, fornicar con mujeres o ignorar el Corán. Semejantes transgresiones ayudaban a crear un vínculo entre ellos.
El verdadero karagozi sólo creía en sí mismo. Pero una especie de sufismo lo llevaba a creer que lo auténtico era el alma, que persistía en cualquier estado, semi ignota. La verdad, creían, era “lo que nunca se sabe”. Las reglas habituales no importaban, pero ellos mismos tenían gran cantidad de reglas propias. Secretos, supersticiones, códigos. Por supuesto, se consideraban musulmanes y acudían a las plegarias en la mezquita como todo el mundo. Pero su fe era una especie de lealtad espiritual, como una capa secreta. No todos los karagozi eran jenízaros, pero todos los jenízaros eran karagozi.
Los jenízaros conquistaron nuevas fronteras para el imperio. Sofía. Belgrado. Estambul. La península Arábiga y las ciudades santas. Mohács, donde acabaron con la caballería húngara. Rodas, Chipre, Egipto, el Sahara. Pero con los años, se fueron convirtiendo en un problema. Las condiciones de reclutamiento cambiaron. Solicitaron el derecho a comerciar cuando no estuvieran guerreando para dar de comer a sus familias. Alistaron a sus hijos en el cuerpo, que se fue mostrando cada vez más reticente a luchar. Pero seguían siendo peligrosos. Cargados de privilegios, trataban despóticamente a la gente corriente. Concebidos para morir luchando en fronteras alejadas y agrestes, gozaban de la inmunidad garantizada por el sultán. Pero ya no buscaban el martirio, y empezaron a crear problemas en casa. Llegaron incluso a conspirar contra el sultán y a burlarse de él. Cada vez se aprovechaban más de sus privilegios, confiados en que sin ellos los otomanos ya no podían defenderse adecuadamente. Eran el supremo poder militar, pero ya no eran dignos de confianza. El pueblo llano los temía. En el comercio, se aprovechaban de sus privilegios. Se comportaba de forma amenazadora e insolente. Tenían su sede simbólica en un árbol, justo frente al palacio de Topkapi, entre Aya Sofia y la Mezquita Azul. Allí daban a conocer sus quejas y secretos, allí tramaban sus motines y sus fantasías. Y eran vigilados.
Un buen día de 1826, el sultán dio la orden de que los jenízaros debían adoptar el estilo occidental de la Nueva Guardia. Sabía que ello los provocaría y ofendería. Los jenízaros se rebelaron. Fueron exterminados a cañonazos en sus cuarteles la noche del 15 de junio. Los que no perecieron esa noche, huyeron de la ciudad para salvar la vida.
Fue un trauma, que golpeó la base misma de la estructura del imperio. Los jenízaros representaban la esencia misma del poder bélico otomano. A pesar de sus intentonas conspirativas, nunca habían pensado seriamente en destronar al sultán. Su marca distintiva, la garceta que llevaban en sus turbantes, representaba la larga manga blanca del jeque, bendiciéndolos. Su unión con el sultán era espiritual, aunque la expresaban por medios diferentes al resto de los creyentes.
Durante muchos años, he pensado que Arnaldo Ochoa, los hermanos De la Guardia y muchos otros militares cubanos caídos en desgracia no fueron otra cosa que los jenízaros de Fidel Castro. Hay muchas más analogías, pero lo dejo aquí. Busquen ustedes las otras coincidencias.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

Ilustración: un cuadro de César Beltrán, que muestra a Ochoa amoratado.

Temas: castrismo · Ernesto Hernández Busto

25 responses so far ↓

  • 1 lucarno // Jul 19, 2008 at 1:06 pm

    Magnífico. Pero los de la Guardia eran ya asesinos desde jóvenes.

  • 2 Al Godar // Jul 19, 2008 at 1:44 pm

    Excelente paralelo.
    Pero no todos los jenizaros son iguales. Hay una gran escala que va desde el casi blanco hasta el casi negro.
    El carro del comunismo lo han empujado justos y pecadores. De él se han aprovechado muchos y muchos fueron aplastados por ese carro.
    Todos debemos velar por que se haga justicia, pero por favor que sea un poco más seria que la que se aplicó en el 59.
    Saludos,
    Al Godar

  • 3 Isis // Jul 19, 2008 at 1:53 pm

    Excelente, Ernesto, y extraordinariamente plausible.

  • 4 maite // Jul 19, 2008 at 2:49 pm

    El mundo militar es el mundo totalitario por excelencia. Excelente ésta historia “oriental”.
    Gracias Ernesto.

  • 5 Woland // Jul 19, 2008 at 3:52 pm

    Muy bueno, bróder. Sigue sirviendo así, a 200 kmh y sobre la misma línea…

  • 6 César B. // Jul 19, 2008 at 4:36 pm

    Bolao, tocayo.

  • 7 Ernesto G. // Jul 19, 2008 at 5:20 pm

    Buena comparacion, tocayo.

  • 8 CS // Jul 19, 2008 at 5:24 pm

    Excelente el articulo, pero solamente de curiosidad que es esto de que tenian un permiso especial para fornicar con mujeres? Como si los hombres musulmanes fueron curas catolicas. Poligamos y con el derecho de tener concubinas.

  • 9 varela blog // Jul 19, 2008 at 5:25 pm

    El Sultan los creo, el Sultan los destruyo.

  • 10 Mugshot Studies Center // Jul 19, 2008 at 5:51 pm

    Se ajusta la ilustración a la verdad histórica? Le pegaron al general en los interrogatorios o habrá sido para “neutralizarlo” como al “comandante César” en el helicóptero el día del rescate de Ingrid o a Oswald en el cine de Dallas en noviembre del 63? Es el mismo artista que pintó el cuadro de los La Guardia que cuelga en el MoLAA de Long Beach, CA?

  • 11 paco // Jul 19, 2008 at 6:37 pm

    Genial!! El paralelismo que dibujas explica muchas de la imágenes recientemente reveladas, pero a la vez se complementa con las razones que daba Oppenheimer en ‘Las últimas horas de FC ‘.
    Saludos desde el trópico granadino.
    PAco

  • 12 Güicho // Jul 19, 2008 at 6:41 pm

    Excelente, Ernesto.

    Pero, señores, esto no es una analogía, sino que más bien se trata de un mecanismo clásico de los déspotas orientales. Los propios otomanos tenían ese orígen: sus antepasados selyúcidas se afianzaron en el sudoeste asiático sirviendo como tropa élite a los califas. Anteriormente persas y medos habían sostenido cuerpos similares: un conciábulo de soldados duros y privilegiados.

    Con el Shah de Birán no podía ser diferente.

  • 13 Fanto Mas o Menos // Jul 19, 2008 at 6:55 pm

    César Beltrán: pudiera usted explicar el significado de su cuadro?

  • 14 César Reynel Aguilera // Jul 19, 2008 at 7:26 pm

    Excelente Ernesto, y muchas gracias por la dedicatoria. Excelente también el cuadro del tocayo.

    Saludos

    C.

  • 15 Anónimo // Jul 19, 2008 at 7:35 pm

    En efecto, los de la Guardia eran unos burguesitos de Yacht Club antes de convertirse en dulces guerreros….

  • 16 Beltrán // Jul 19, 2008 at 11:08 pm

    El significado es abierto y variable: Podría ser una cabeza de un general del ejército castrista con un ojo amoratado, delante de un background que sugiere la bandera de Cuba de cuyo rojo gotean unos hilillos. Si alguien me lo compra, podría significar el pago de algunas facturas atrasadas o un buen viaje a Jamaica, pues tengo un primo rasta allá, que siembra un conuquito.

  • 17 Ernesto G. // Jul 20, 2008 at 1:34 am

    Buena respuesta, Cesar.

  • 18 Jorge A. Pomar // Jul 20, 2008 at 12:08 pm

    Didáctica parábola, digna de figurar en todos los programas de descastrización, civiles y castrenses. Me encantó el símil.

    Igual, Ernesto, si te animas a escribir el guión correspondiente, daría un buen mediometraje. En manos de, por ejemplo, el director de “Monte Rouge”.

    ¡Felicitaciones!

    El Abicú

  • 19 lucarno // Jul 20, 2008 at 2:32 pm

    Una excelente obra de César Beltrán.

  • 20 varela blog // Jul 20, 2008 at 6:24 pm

    Bueno lo que se desprende de la pregunta es que el anonimo ‘Fanto Mas o Menos’ es un arao. No se como Cesar opto por contestarle. Hay mas sugerencias por supuesto: la estrella, la pistola y el color de las franjas. Aparte de que el golpetazo fue dado en el ojo derecho pero para el que lo mira es la izquierda.

  • 21 Cuco // Jul 20, 2008 at 8:49 pm

    Yo lo conocí y era un HOMBRE…

  • 22 Cuco // Jul 20, 2008 at 9:14 pm

    Sucede como con El Ché, toda la información que procesamos es la que ellos, desde Cuba, se han encargado de diseminar…..Y la gente compra!, y compra y compra y compra la mercancía….

  • 23 Varela Blog // Jul 20, 2008 at 9:47 pm

    Cuco, un consejo, deja ya de conocer hombres y empieza a conocer mujeres.
    Que con la imagen del Che y Ochoa no te vas a masturbar.

  • 24 Cuco // Jul 20, 2008 at 11:04 pm

    No se puede esperar menos de ti Pepito Varela….como es lógico ahora, lo normal es que me caigan arriba todos lo que se cagaron fuera de la lata.

  • 25 Cloro Díaz Epóxido // Jul 21, 2008 at 2:44 am

    Una buena, Varela. Y no es cómico, como siempre me dices.

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