En 1966, el Ballet Nacional de Cuba se presentaba en el Teatro de los Campos Elíseos de París. Rudolf Nureyev, que había pedido asilo político en Francia cinco años antes, ya era el bailarín más famoso del mundo. Cuando supo que los cubanos bailarían allí, voló desde Londres con tal de ver a Menia Martínez.
La historia de ambos había comenzado once años atrás. Menia, luego de estudiar en la Academia de Ballet Alicia Alonso, obtuvo una beca en la Academia Vagánova del entonces Leningrado, adonde arribó en 1955. Entonces conoció a Rudik, también estudiante de la célebre institución.
Según Julie Kavanagh en su biografía Rudolf Nureyev, the Life (Penguin Books, 2007), Menia irrumpió en la escuela como una “joven Gina Lollobrigida”, con el “exotismo” de su “cubanidad”. Cuentan que se sentaba en un banco de la cocina de la escuela con una tina de lavar entre sus piernas y la golpeaba como si fuera un tambor.
Menia era, por otra parte, “la única virgen en Leningrado”.
Es en este asunto de la virginidad donde se entrecruzarían los destinos de Menia y Rudik. Y es también ese punto lo que la biografía de Kavanagh intenta dilucidar: que la “iniciación amorosa” de Nureyev fue con mujeres, aunque luego fuese dizque “bisexual” —¿quién no podía sentirse atraído por Nureyev?— o decididamente homosexual “avant tout”. Lo cierto es que, según todos los testimonios, Nureyev estuvo muy enamorado de Menia. ¿Platónico?, sugerirían algunos. Con seguridad, amoroso.
“Como casi todo el mundo en la escuela, Rudolf Nureyev estaba hipnotizado por la cubana, que sería su primera y única novia adolescente”. (Ambos nacieron en 1938.) Kavanagh titula un capítulo de su libro “Xenia and Menia” para referirse al pas de deux de estas dos mujeres y sus amores con el estudiante Nureyev. Xenia Pushkina, la esposa del mentor de Rudik, Alexander Pushkin, quiso hacerle descubrir “el mundo que él no conocía”, fue ella quien lo desvirgó. Luego, comenzó la relación con Menia, que se convirtió en un verdadero romance.
Xenia reaccionó “como una leona” cuando supo de la cercanía de Rudik y la cubana. Menia, por su parte, cuando Rudik le dijo que había estado en la cama con ella, le espetó: “¡Con ese monstruo!”
En la primavera de —¡tenía que ser!—, 1959, Menia tuvo que regresar a Cuba. Nureyev se apareció en el último minuto en la estación de tren de Leningrado: “¡Me voy contigo!” Estuvieron esa noche juntos en Moscú. A la mañana siguiente, en el aeropuerto, cuando anunciaron el vuelo de Menia, Nureyev tenía lágrimas y no la quería dejar ir. De vuelta en Leningrado, Xenia podía sentir la influencia de Menia en Rudik y los celos la atormentaban. Nureyev no olvidaba a su cubana.
En el verano del 59 se volvieron a ver en Viena, en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. “Menia, esto tiene que ser amor”, le decía Rudik. Pero ahora ella se concentraba en la “nueva Cuba de Castro”. Nureyev la encontró fría: “Pienso que ahora soy yo quien te ama más de lo que tú me amas a mí”.
Dos años más tarde, Nureyev protagonizaba una dramática escapada en el aeropuerto Le Bourget de París.
En 1966, el bailarín más famoso del mundo, fue al ensayo general del Ballet Nacional de Cuba tratando de no ser reconocido por los cubanos, para quienes, naturalmente, era un “traidor”. Logró deslizarle un papelito a Menia: “Cuando acabes, ve al Hôtel des Ambassadeurs. Estaré esperando por ti”. Alicia Alonso se enteró del subterfugio, y le prohibió a Menia acudir a la cita. Menia representaba a Cuba, y Nureyev no sólo había traicionado sino que era amigo de Jacqueline Kennedy. La cita de Menia comprometería a la compañía y a ella misma, que cuando Castro I había estado en la ONU en 1960 le había servido de traductora con Jruschov. Pero Menia resistió: “No me importa si usted me expulsa, voy a ir, él era mi mejor amigo”. Alguien entonces, para solucionar el asunto, se ofreció a chaperonear a Menia.
Rudik la esperaba afuera del hotel. Cuando vió a su acompañante masculino, le dijo: “¿La KGB cubana?”. Le respondió que era tan sólo un amigo, quien los dejó solos y cayeron en brazos del otro. Nureyev la llevó al Maxim’s, donde le presentó a Brigitte Bardot, y le suplicó, llorando, que se quedase con él. Finalmente, la respuesta de Menia fue ambigua: “No le dije ni que sí que no, sólo patamú (porque sí)”.
A las cinco de la mañana Rudik devolvió a Menia a su hotel. Kavanagh argumenta que este episodio parisino le sirvió a Nureyev para comprender que nunca más debería volver a mirar atrás.
Fue en esa presentación del BNC cuando se “quedaron” los llamados “Diez de París”, temerosos de la represión a los homosexuales en Cuba. Que Nureyev, el primer “traidor” de la historia del ballet en los regímenes totalitarios, haya ido a re-encontrarse con Menia justo en esa ocasión, tiene una curiosa resonancia simbólica.
Isis Wirth
Munich



19 responses so far ↓
1 Taoro // Aug 13, 2008 at 7:53 pm
Bella historia de amor, Isis. Me ha emocionado.
Nunca imagine a Nureyev deslumbrado por una bella cubana. Gracias.
2 ZV // Aug 13, 2008 at 8:00 pm
Una historia digna de una película. Gracias, Isis.
3 camilo loret // Aug 13, 2008 at 8:45 pm
maravillosa isis
4 Happel // Aug 13, 2008 at 9:45 pm
Espléndido, Isis. Muy emotivo. Gracias por contarlo.
5 luisc // Aug 13, 2008 at 9:49 pm
Curiosa anécdota y mejor contada. Gracias.
6 Anonymous // Aug 13, 2008 at 10:29 pm
Querida Isis, no sería mejor título “El ruso de Menia”? Por lo demás, excelente el artículo.
7 HERIBERTO // Aug 14, 2008 at 12:32 am
Es un episodio muy usual. Ha pasado tantas veces. Tantas historias que pudieron ser y no fueron por… duele
8 Ric // Aug 14, 2008 at 1:12 am
Toda la historia de Menia y Nureyev en el libro de Kavanagh es fascinante. El padre de Menia era un viejo comunista cubano que tenía buenas conexiones en Moscú (creo que a partir de conexiones hechas cuando brevemente hubo embajada de la URSS en Cuba durante la guerra mundial) y es a partir de ahí que su talentosa hija consigue la beca en Leningrado, y en esa academia tan exclusiva. Fernando, que ya tenía asociaciones con los comunistas cubanos, también ayudó con su recomendación. Alicia siempre odió a Menia con la inquina profunda y duradera que la caracteriza — no sé si por envidia a su joven talento (no lo creo), o porque Menia fue la “joyita” que nunca le mostró rastrera admiración y era muy voluntariosa y creativa, o porque Menia tuvo un serio romance primavera-otoño con Fernando Alonso (uno más de los muchos que él tuvo con jóvenes bailarinas de la compañía y fuera de ella). No fue por problemas políticos, porque Menia era más comunista que Alicia, de nacimiento (pero a diferencia de la Alonso, no mala persona). Y la historia con Nureyev le puso la tapa al pomo. Parece que Alicia aprovechó eso para causarle problemas con las autoridades políticas y culturales cubanas. En esa época, Alicia era una outspoken enemiga acérrima de Nureyev y se explayaba en comentarios (claro, dentro de Cuba y en el campo socialista solamente) sobre “el traidor”. Tanto, que en una ocasión, mientras Alicia estaba montando un gran ballet para la Opera de París (en los 70, creo que una versión de la Bella Durmiente), y Nureyev pidió si podía entrar al ensayo, Alonso le mandó a decir que de ninguna manera. Pero el director de la ópera le subió la parada cuando permitió entrar a Nureyev por encima de las objeciones de la cubana, a quien el dijo muy diplomáticamente que se metiera la lengua en lo más profundo, porque él nunca le negaría la entrada a Nureyev en su teatro (habla mucho de la altura artística de Nureyev cuando años después bailó con Alonso –quien después de vieja se moría por coleccionar partenaires famosos como Barbazul esposas–, olvidándose de sus feos desaires constantes durante dos décadas). Cuando Menia regresó a La Habana, Alicia le hizo imposible la vida profesional, y parece que la primerísima respiró aliviada cuando Menia se fue a trabajar con Bejart. A mediados de los setenta Menia (famosa en Europa por su trabajo con el Ballet del Siglo XX) regresó a Cuba de visita con su marido, el bailarín cubano de Béjart, Jorge Lefevre, quien le montó “Edipo Rey” a Alicia, pero esta no dejó que Menia bailara con el ballet cubano. Sin embargo, a regañadientes, dejó que Martínez bailara un Lago (muy bueno) con Paolo Bortoluzzi en un festival de ballet de La Habana a finales de los 70. La Reina de la Noche sabe más que yo de todo esto, así que me remito a ella.
9 beltrán // Aug 14, 2008 at 3:25 am
Hermosa historia y disfrutable lectura. Gracias, Isis.
10 barnet, el inmundo // Aug 14, 2008 at 4:15 am
que pena que ese gran amor se destrozara por esa mierda que se llama revolucion…que terrible que se publicara hoy, que bien puesto esta. ese es el resumen de todo lo que ha hecho el maldito, pero la mierda que le va a caer encima no va a alcanzar los 50 años que estuvo destruyendo a los cubanos…GRACIAS SEÑORA…cuantas historias como esas deben estar perdidas, esperando por alguien que la cuente.
11 Güicho // Aug 14, 2008 at 8:28 am
Refrescante como un porro en el entreacto. Gracias, Isis.
12 Tania // Aug 14, 2008 at 10:25 am
Isis, Menia aún vive? No recuerdo ahora su parentesco con alguien del Partido Socialista Popular, pero sí que era apadrinada por Edith García Buchaca y Carlos Rafael Rodríguez. Los hijos de los viejos comunistas la veíamos como una gran figura, al igual que a Alicia Alonso, claro. Es que habíamos crecido con la sociedad Nuestro Tiempo y en un mundo muy vinculado al arte y la literatura. Cuando Menia en 1959 regresó a La Habana y después participó en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, ese año celebrado en Viena, fue cuando tuve oportunidad de verla, un día que ella fue a la sede del Comité Nacional del PSP, en Carlos III y Marqués González, donde yo trabajaba como mecanógrafa. Muy amable, saludó a todos, incluidos a Lázaro Peña y su esposa, Zoila Castellanos, en cuya oficina era donde más solía estar, pues Lázaro y Zoila eran muy campechanos y me llevaba muy bien con su hijo Lachi, entonces un niño (Lázaro Peña Castellanos, se hizo economista y vive en la Isla) y con Aila, hija del primer matrimonio de Lázaro con una mulata alta y elegante llamada Aida. Zoila era compositora (su nombre artístico es Tania Castellanos), ella me contó la historia de “En nosotros”: vivían en Praga, donde trabajaban en la Federación Sindical Mundial, Lázaro se tuvo que ir a México y la separación fue la inspiradora de la canción. Por ellos tuve oportunidad de conocer personalmente a varios artistas, en 1959-60: Benny Moré, Pacho Alonso y Bola de Nieve, quien vivía en el mismo edificio de los Peña-Castellanos, el Areíto, en Infanta y Manglar.
13 David Lago González // Aug 14, 2008 at 11:55 am
Al final, todo queda en familia, o en la Gran Familia Socialista ¿debería decir? Más asco para mi hígado.
14 Güicho // Aug 14, 2008 at 12:26 pm
Coño, Ric, vas a tener que prestarle el archivo a Isis, seguro encuentra algo!
Tu comentario me recordó una visita que hizo a Cuba el Ballet Royal de Wallonie a mediado de los 80 con Jorge Lefebre, que era el coreógrafo de esa compañía belga, y Menia Martínez, que aún bailaba. Dieron dos espectáculos, uno en La Habana y otro en Santiago de Cuba, donde nació Lefebre. Fui a ambos. Al segundo para poder ver de nuevo un número que tenía música de Vangelis, humo frío y luces azules.
Estos artículos y sus secuelas son un tiro. Aquella conexión neuronal la tuve en off por más de dos décadas, y ahí está ahora de vuelta. Gracias, gente.
15 beltrán // Aug 14, 2008 at 4:18 pm
Un detallito mínimo: el edificio de Infanta y Manglar se llama Areitio, no Areíto. Vasco que no taíno.
16 Woland // Aug 14, 2008 at 4:23 pm
El arte imita (mal, pobremente) a la realidad. Este es otro ejemplo: mucho mejor que cualquier novela o peli.
Muchas gracias, Isis.
17 Isis // Aug 14, 2008 at 6:18 pm
¡Muchísimas gracias! a todos, gracias.
A ver si continuamos la saga…
Tania, Menia está enseñando en Madrid.
Ric, un saludo especial para tí.
18 Ed // Aug 19, 2008 at 2:54 pm
Gracias Isis por tu artículo. Aún te recuerdo como la estudiante de Historia del Arte que moría por el ballet. Efectivamente, Menia enseña en Madrid, ciudad donde vivo. Saludos, Ed
19 Anonymous // Aug 23, 2008 at 5:44 am
Al fin hoy pude leer tan buen artículo, además se lo mande a un amiga como regalo de cumpleaños.
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