“Yo tengo mi memoria” escribe el narrador de La ninfa inconstante, una de las tres novelas que Guillermo Cabrera Infante dejó inéditas, entre muchos otros escritos, y que ahora publica Galaxia Gutenberg como preludio a unas obras completas que asegurarán su imprescindible permanencia entre los lectores, y ya lejos del tartufismo de dos editores previos.
Es un acontecimiento literario de primer orden y cuya constancia el totalitarismo de los Castro pretenderá borrar en la isla como desde hace casi cincuenta años: es la consabida reescritura de su historia patibularia en estos penúltimos días abyectos. Y seguirá siendo en vano, porque “todos los muertos están ahí, vivos, exhibidos tras una vidriera negra, una cámara oscura, una obra de artificio” —como se puede leer en las páginas de esta alusiva, llena de desternillantes equívocos, pero a la vez melancólica instauración del presente por medio de la ficción. Desde la tumba, una rumba.
La fijeza definitiva de sus obras también permitirá constatar plenamente que a ninguno de los excepcionales narradores hispanoamericanos que publicaron en España en los sesenta se le ajusta tanto la definición de escritor como héroe moral. Es sin duda el autor más detestado por el régimen, pues desenmascaró su verdadera naturaleza muy pronto, con integridad y humor ejemplares: los dictadores y sus cómplices se toman muy en serio.
El actual adocenamiento hace difícil imaginar las graves consecuencias que en todos los órdenes él y la actriz Miriam Gómez se vieron obligados a padecer por los imperativos de la disidencia en su exilio desde 1966: basta leer los incisivos artículos recopilados en Mea Cuba (que tuve el privilegio de editar en México en 1993) para recordar lo que ha cometido la castradura contra los hacedores culturales de la isla, basta leer sus todavía dispersos artículos sobre música para recordar lo que según Cabrera Infante era la aportación definitiva de la isla, basta leer en La ninfa inconstante, esta falsa novela memoriosa, la pasión de G por Estela Morris y su encargo inquietante para desmentir lo anterior: que no sólo la música sino es la fiesta de su literatura lo que permanece y dura, que con la de otros difuntos como Martí, Lezama, Piñera o Arenas “vivimos porque ellos no mueren”. Las novelas de Guillermo Cabrera Infante llevan toda La Habana en peso, sostenidas por un estilo fundacional que la reconstituye sin cesar.
Aurelio Major
Barcelona
*Aurelio Major, poeta, editor y traductor mexicano, editor de Granta en español, y buen amigo, es una de las pocas personas que ha tenido el privilegio de leer el manuscrito de La ninfa inconstante, la próxima novela de Guillermo Cabrera Infante. El pasado sábado 23 de agosto, el periódico La Vanguardia publicó el texto que reproducimos ahora —con su autorización.

8 responses so far ↓
1 ZV // Aug 28, 2008 at 3:50 pm
Delicados recuerdos, verdades dichas. Gracias.
2 César Reynel Aguilera // Aug 28, 2008 at 4:54 pm
La grandeza de Cabrera Infante fue empeñar su vida en una idea: el dolor que el castrismo le ha infligido a los cubanos no necesita ser autorizado, por las macabras fuerzas del bien, para que el mundo lo reconozca. Sólo se requiere de la inteligencia, el coraje y el amor por la literatura de unos cuantos y buenos escritores, para que ese milagro ocurra. Cain fue de los primeros y de los mejores. Muchas gracias a Galaxia Gutenberg y a Aurelio Major.
3 CS // Aug 28, 2008 at 6:33 pm
Ya se estaba convirtiendo en una leyenda viviente cuando murio, sera un mito de las letras hispanas, mas importante que T.S. Eliot o Joyce en el mundo anglo-sajon, y lo merece. Es un escritor que puede llegar a todos, desde el lector comun a los academicos. Ya el Nobel perdio su brillo por no haber reconocido a Chekov y Borges. Quizas se hubiera podido recompensar de esa estupidez monumental entrgando el premio a GCI, ahora no hay remedio, cualquier escritor que acepta ese laurel se queda contaminado.
4 Azorín azorado // Aug 28, 2008 at 11:08 pm
Estimado CS, qué disparates dice usted. Chekov, que imagino se refiere usted a Chéjov, murio en 1904, tres años después de que el premio comenzó a darse y en aquel momento no era lo que es hoy, ni mucho menos.
“El Nobel perdió brillo…” será en su imaginación.
“Más importante que Joyce en el mundo anglosajón…” Pero está usted mal de la cabeza? Cabrera Infante hubiera sido el primero en reírse de usted. Qué desatino! Pero siga, siga usted deleitándonos con sus comentarios, por favor.
Azorín azorado (como diría GCI)
5 CS // Aug 29, 2008 at 12:25 am
Que Chekov o Chejov no era lo que es hoy? Estas mas que equivocado Azorin. Si Gorki lo considero un maestro, si los ingleses y franceses lo tradujeron muchisimo antes de su muerte y hablaron maravillas de el, como me vas a decir que no era lo que es hoy. Era mas relevante para su epoca que Toni Morrison o Dario Fo hoy dia. Si odias a GCI alla tu, pero vuelvo a decir que Cabrera Infante es una gloria de las letras hispanas.
6 Azorin Azorado // Aug 29, 2008 at 2:33 am
Pero usted no sabe leer? Me refería al premio, que no era, en su comienzo, lo que es hoy. No Chejov, lógicamente.
Y bien dice usted ahora: “una gloria de las letras hispanas”. Eso me parece más ajustado. Una gloria de las letras hispanas que no bate, ni desde lejos, a Joyce, como usted afirmaba. A eso me refería.
Suyo
Azorin Azorado
7 un criticón aburrido // Aug 29, 2008 at 7:23 am
La grandeza de Cabrera Infante fue haber corregido su camino y eso lo salva, pero su pobreza fue la de haber apoyado los fusilamientos, pero ¿no es ese el pecado de todos los intelectuales, siempre buscar aquello que les dé el reconocimiento?
8 CS // Aug 31, 2008 at 11:03 pm
Azorin, no es que quiero pelear constantamente, pero el Nobel siempre ha tenido un gran valor entre el publico. Y cuando comparo a Cabrera Infante a Joyce estoy diciendo que Cabrera Infante ha tenido y tendra mas influencia entre escritores hispanos que Joyce entre escritores anglo-sajones. Nadie escribia como GCI en el idioma espanol. Una novela como Finegans Wake o Ulysees es tan uberexperimental que se queda como una curiosidad permanente. No se si me explico.
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