Muchos diarios ya lo tienen, las revistas más importantes han debido ceder —siento que a regañadientes—, a su popularidad. La experiencia de lectura no es plena sin esa posibilidad de enmendarle la plana, la mayoría de las veces desde el anonimato, a cualquier autor. Es una satisfacción tan grande que pocos se privan de ella.
Leer los textos por el envés —no lo que aparece en el primer plano, sino lo que termina acumulándose del otro lado de la pantalla—, ha cambiado la manera en que entendemos las noticias, a las que ya parece faltarles algo, o se nos antojan incompletas, sin esas ramificaciones. A veces, por demasiado predecibles, simplemente me salto el “cuerpo” de artículo y voy directamente a los comentarios, con frecuencia más enjundiosos que los textos mismos.
Los hay de muchos tipos: están los que insultan directamente al autor y lo acusan de todos los males imaginables. Los que insinúan que escribes allí por no tener otro lugar (como ellos, uno debe suponer) donde publicar; los que, si has atacado o criticado moderadamente un mal cualquiera, denuncian tus “medias tintas” o tu afición a “andarte por las ramas”; están los que, por el contrario, si te muestras consecuente y vas hasta las últimas, te tildan de extremista. Están también los que simplemente te odian sin conocerte, o se preguntan: “este señor, ¿por qué anda opinando sin saber nada del tema?”. Y deseosos de hacerte perder lectores, introducen un link en el que sí aparece analizado a fondo el problema que has abordado tan a la ligera. Escriben, por último, los amistosos, los que aprovechan la oportunidad para saludarte, quienes después de años de haberte perdido la pista y sin correo al que escribirte, cuelgan allí una nota privada que por la razón misma de estar incluida en los comentarios se vuelve irremediablemente pública.
A veces los comentarios alcanzan mayor extensión que los propios artículos. He visto crecer los comentarios a un artículo mío (a un post) hasta límites indecibles. Sin llegar, claro, a los ¡15 mil 357 comentarios!, que según una nota aparecida en el New York Times, ha acumulado en Youtube el video del “Tetris Humano”.
En ocasiones los comentaristas terminan enzarzándose en una pelea que nada tiene que ver con el tema propuesto. Entonces, para mayor confusión, cosas que se dijeron en esos comentarios, son mencionadas y citadas por otros como dichas por ti, como si hubieran sido parte del post original.
Lo cierto es que la facilidad con que se escriben, la liviandad con que se incita a to leave a comment ha cambiado la forma en que escribimos y leemos en la Red. Algo semejante ya había pasado en la radio, gracias, en parte, a la ubicuidad de los teléfonos móviles o celulares. Está prohibido usarlos cuando manejas, pero todos los radioescuchas que llaman a las emisoras confiesan sin temor estar hablando desde el volante. No hay, lógicamente, fuerza policial capaz de perseguirlos. Además, todo el mundo tiene algo que opinar, algo que comentar. No se trata ya del proceso lento y reflexivo de las “Cartas al director”, sino de algo rápido, inmediato, fulminante.
Muchos lo acusan de ser la institucionalización del cotilleo, de prestarse a todo tipo de abusos. Una especie de pared de lavabo público donde escribir cualquier ofensa, en particular aquellas que no se atreven a soltar en la cara del articulista. Más de un autor amigo se me ha quejado por esto: tiemblan al pensar en los comentarios que generará su texto. Y se niegan a exponerse a las “toneladas de basura que anda suelta por la red”. Como remedio ha surgido la “moderación de los comentarios”. Que es cuando las opiniones no aparecen de inmediato sino que entran en una suerte de zona buffer donde son examinados según los criterios enunciados: “nada de ataques personales”, “sólo usuarios identificados”, etc. Y de la que, sin embargo, salen llenos de ataques personales, injurias, toneladas de basura.
Está el caso, por último, del autor que escribía comentarios a sus propios posts. En una revista muy conocida. Y explotó la mentira. En los Estados Unidos, donde la mayoría del público se define como celosos y fervientes defensores de la verdad. Creo que el hombre actuó simplemente por impotencia, se negaba a ver cómo sus artículos no generaban comentarios.
Tal vez lo más importante , lo que de verdad cuente, es esto: la posibilidad de estar tú mismo haciendo periodismo, una variante de lo que en Estados Unidos se ha dado en llamar, I_reporter: envíe sus propios artículos, envíe sus propias fotos, envíe sus videos, envíe, más que nada y lo más importante, sus comentarios.
De modo que no sólo han resultado falsos los temores de que las personas leerían cada vez menos, sino que para poner las cosas peor, están escribiendo cada vez más. Es la hora estelar de los grafómanos, de los que siempre han querido escribir y decir la última palabra —dejar un último comentario.
Esta misma nota no estará terminada, no la sentiré completa, hasta que no le hayan crecido, en el envés, en la espalda, sus comentarios. ¿Quién se anima?
José Manuel Prieto
Nueva York
(Cortesía de Día 7, México DF).

6 responses so far ↓
1 Joan // Sep 29, 2008 at 4:58 pm
Es cierto, los comentarios son hoy la pulsión de lo noticioso, un lugar para desatar pasiones. Pero lo cierto es que han llegado para cambiar el periodismo que se hace hoy. Y no todos los blogs pueden tener una buena cantidad de comentarios: es también un signo de “éxito”, por llamarlo de algún modo. Yo no soy cubano, y muchas veces entro a este blog para divertirme con la libertad de los comentarios. Otras veces simplemente no los entiendo, pero noto que se trata de un sitio “vivo”.
2 César Reynel Aguilera // Sep 29, 2008 at 5:16 pm
zona buffer:
Zona tampón, espacio íntimo de amortiguación, almohadilla. Uso preciso y casi obligado del inglés, de haberlo dicho en castellano se habría reforzado la asociación entre comentarios anónimos y grafitis en retretes.
3 Woland // Sep 29, 2008 at 5:30 pm
Aléjemosnos ya mismo del artículo original (muy bueno, por cierto…), y procedamos a cubanizar a través de la Red… ¿Qué cosas no has entendido, Joan…? :-)
4 bustrófedon // Sep 29, 2008 at 6:46 pm
Alarcón: ¿Así que controlador aéreo, no? ¡Tu madreee!
(Como ven, a veces los comentaristas no se limitan al contenido del post).
5 Adriana // Sep 29, 2008 at 8:38 pm
¡Muy bueno!
6 Daniel // Oct 1, 2008 at 5:21 am
Sí, excelente este texto como todo lo de José Manuel Prieto. Super agudo. Es un placer leerlo y sigo todo lo que publica.
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