Sobre Rafael Rojas, Miguel Fernández, Emilio Ichikawa y un adjetivo demasiado conspicuo
Un adjetivo —“arriesgada”—, con el que califiqué aquí la tesis de Rafael Rojas en su último artículo sobre la Revolución cubana, le ha provocado a Miguel Arnaldo Fernández un total de 1700 palabras, repartidas en sendas entregas publicadas en el blog de Emilio Ichikawa. (Ignorando las reglas más elementales de la discusión intelectual, el dueño de ese blog se negó a publicar una breve réplica mía en el mismo sitio. Esa parcialidad es parte de lo que yo llamo “el síndrome del estreno”, y no voy a tomármela demasiado en serio, aunque alerto a quienes allí publican de que un día les podría pasar lo mismo: rabieta de propietario contra las buenas costumbres democráticas del gremio).
No sé si una polémica sobre adjetivo mío tenga mucho sentido historiográfico, pero por supuesto, sí lo tiene para mi ego, así que responderé aquí a las preocupaciones mancomunadas de Fernández & Ichi, Asociados.
Del primero, recordarán ustedes su vehemencia contra Rojas y Penúltimos días (sin firma) cuando formaba parte de Los Miquis de Miami. Sigue siendo un atento lector y comentarista de este blog, cosa que, por supuesto, le agradezco, incluso si no viene acompañada de ninguna donación.
Tiene razón Fernández en una cosa: la expresión “guerra civil”, aplicada al contexto cubano no se estrenó el pasado domingo. Pero me extraña que un historiador tan perspicaz, ya incluido en “ese raro linaje de intelectuales donde la creatividad está auxiliada por una ardua erudición”, no sepa diferenciar entre el uso de las palabras y el uso del concepto, ni tampoco entre las sucesivas etapas de la historia de éste. (Su asociado bien pudo aconsejarle la lectura de algunos párrafos de filosofía de la historia al respecto).
Según Fernández, la tesis de Rojas fue la misma que se enseñó en la Escuela del Partido, “que la usaba para confirmar el inventario que hizo Lenin de las formas que tomaba la lucha de clases en el período de tránsito”. ¿Qué tiene esto que ver con lo que dice Rojas? Nada. (Por cierto, a mí Lenin tampoco me parece un historiador a considerar seriamente, sino un ideólogo que abundó en explicaciones históricas, a veces desde los postulados del marxismo, otras desde la conveniencia propagandística, y las más de las veces desde una peligrosa mezcla de ambas cosas.)
En un gesto de simpático diletantismo historiográfico, Fernández & Ichikawa también mencionan el “empleo habitual en los círculos de Miami y Union City” del término en discordia. No parece argumento demasiado serio, pero es la agudización de esa tendencia de Ichikawa a malgastar buenas ideas o intuiciones brillantes revistiéndolas de cierta chabacanería epistémica o desaliño teórico, lo que si bien lo acerca saludablemente al cronista o historiador de las costumbres locales, lo separa definitivamente de la historia profesional. Ya Lucien Febvre se ocupó de decir que Michelet es un autor muy interesante, pero que de historiador hay poco en él. Usar lo de “yo tengo un primo que dice” o “aquí se comenta que” para dejar huella en los anales de las ciencias sociales es un método muy discutible, sobre todo en Miami o Union City, donde la gente dice cualquier cosa de cualquiera. En su mejor variante, eso sería periodismo, no historia.
Si cité a Hugh Thomas fue porque me parece un historiador canónico, que se ha ocupado, con visiones diferentes, tanto de la historia de Cuba como de un socorrido ejemplo de guerra civil moderna: la Guerra Civil española. Me pareció oportuno recalcar esa sintomática diferencia de enfoques en un mismo historiador. Por supuesto, Sir Thomas no es tan canónico como Jesús Barquet o Marifeli Pérez-Stable, pero tiene una obra consistente y agradable para lectores profanos en la materia, como yo. Cada cual escoge sus “autoridades”, y hasta sus adjetivos.
A Fernández le molesta que se reclame un privilegio canónico o profesional a la hora de hablar de historia. Pero lo cierto es que “el solapín” de historiador, como él lo llama, ayudaría a no confundir las cosas. Puestos a debatir, creo que lo lógico de alguien que dice que Rojas copia a la Escuela del Partido Comunista es que aporte las citas para que los lectores podamos coincidir o no. Mi petición fue alguna cita concreta de un historiador canónico de dicha Escuela, y no ese picotillo que resulta de la recolección de los distintos usos del término “guerra civil”, espigados de un día para otro en Internet. Recuerda, Miguel: a diferencia de lo que sucede en la televisión, en historia del discurso las palabras no son iguales al concepto. Al menos yo detecto un uso más “profesional”, digámoslo así, del término en los análisis de autores como Thomas (a quien, por otra parte, algunos historiadores militares miran con cierto desdén), y otro uso más “libretero”, por llamarlo de alguna manera, al que se acogen varios ejemplos que Fernández e Ichikawa invocan en su auxilio. No es que sean equívocos o ilegítimos, sino simplemente diferentes del que propone la serie de Rojas, original sin pretenderlo.
Hay también una diferencia de legitimidad entre el uso de Rojas y la “Escuela del Partido”: en Cuba se entiende por “guerra civil” el aplastamiento del enemigo (y de ahí que Fernández pueda considerar como usos no antagónicos el de “guerra civil” y “contrarrevolución”), mientras que un historiador canónico se supone que plantee el conflicto concediendo legitimidad a ambos bandos dentro del análisis objetivo de los hechos. Eso no lo ha hecho la historiografía castrista, ni parece que tenga intenciones de hacerlo.
Por cierto, tal vez sea éste el momento oportuno para aclarar que mi “arriesgada” no era un elogio. Es decir, yo no estoy totalmente de acuerdo con la tesis de Rojas —la versión “canónica”—, pero tampoco con la versión “libretera”, demasiado vinculada a un pathos victimista, que saca a pasear lo de “guerra civil” a la menor provocación. Ese era el riesgo del artículo de Rojas: confundirse con una buena parte de la doxa histórica cubana, desde una opinión bullshit en un blog hasta un informe sobre reconciliación de Marifeli. Concuerdo en lo de civil, pero las guerras que merecen esa categoría histórica se hacen entre conjuntos homogéneos, ejércitos regulares o entre un ejército regular y otro movilizado —semejantes en fuerza. No creo que el proceso de la contrarrevolución entre 1961 y 1966, eso que la historiografía castrista llamó despectivamente “bandidismo” o “lucha contra bandidos”, pueda calificarse de tal, al menos desde los rigores de la historiografía militar. La lucha contra la llamada “contrarrevolución” fue el aplastamiento cainita de un bando por otro bando mayoritario, pero observada militarmente sólo implicó una serie de acciones a las que resulta exagerado —en mi modesta opinión de profano en la materia— calificar de guerra. Los combates del Escambray no me parecen lo mismo que la batalla del Ebro. A no ser que aquella primera insurrección (a la que la revista Encuentro dedicó un interesante dossier hace unos meses) se contemple en perspectiva de historia ideológica, metafóricamente, como el primer momento de una contienda ideológica que dura ya casi cinco décadas. Repito, es mi impresión de profano, y estoy dispuesto a revisarla si algún historiador informado me demuestra lo contrario.
Por último, Fernández enumera otros “errores” o pifias históricas de Rafael Rojas que lo tienen muy irritado. No me ocuparé de ellos porque es obvio que la réplica adecuada corresponde a quien firma los artículos de El Nuevo Herald. Pero sí me gustaría apuntar el peligro de que una discusión intelectual y necesaria sobre historia cubana acabe dirimiéndose como suma de rencores, pullas y celos profesionales. No digo que ésta lo sea, digo que me preocupa que sin “solapín” ni rigor mínimo (virtudes, por supuesto, no exclusivas de la “academia”) quede demasiado espacio para la diatriba fácil y poco para el aporte histórico.
Creo que el trabajo de Rojas como historiador merece más que eso. En este caso, sus vehementes críticos me recuerdan un poco a esas lapas o peces parásitos que se adhieren a los peces más grandes, con resultados a veces beneficiosos para ambos. Sin embargo, mi afán por el distingo y la jerarquía intelectual me llevan a desear, tal vez ingenuamente, que este conato de discusión historiográfica desde el exilio consiga independizarse de la entozoología.
Ernesto Hernández Busto
Barcelona
Foto: Primera gran reunión de jefes guerrilleros en el Escambray (1960). Tomada de Latinoamerican Studies, web de Antonio de la Cova.





22 responses so far ↓
1 maite // Oct 1, 2008 at 1:37 pm
Los artículos de Rafael Rojas me parecen muy buenos y necesarios. Desde que leo este blog siempre a Rojas lo atacan con argumentos y sin ellos, desde Cuba y desde fuera, a veces con una sarta de insultos que descalifican, no a Rojas, sino al que los escribe.
Leo foros españoles y sobre todo franceses, en los que intelectuales e historiadores, aunque estén en desacuerdo, respetan las ideas de su contrario y las discuten o se corrigen, o se hacen apuntes con respeto; el respeto al otro es el camino de la libertad.
¿Por qué siempre hay que ganar y descalificar y tratar de ningunear, en lugar de debatir francamente las ideas?
Y por qué siempre querer que todos tengan exactamente el mismo punto de vista de fenómenos complejos y si no coinciden, pues està equivocado y entonces busco algo inexacto de otro artículo para ventilarlo; entonces el problema no es el concepto de guerra civil, y ya esos argumentos con dobleces no me interesan.
2 Miguel // Oct 1, 2008 at 2:10 pm
Muy acertado el comentario de Maite. Estas polémicas deben dirimirse respetuosamente tratando el tema de discusión. Se trata de lo qué se escribe, no de quién lo escribe.
3 Joan // Oct 1, 2008 at 2:33 pm
Ernesto, no sé si conoces las opiniones de Juan Benet sobre la guerra Civil española vista desde el punto de vista de la estrategia militar. Para Benet, por ejemplo, la Guerra Civil no habría empezado en julio del 36, sino en noviembre, cuando las avanzadas del Ejército de África rodearon Madrid. Dice Benet en su ensayo “Tres fechas”: Hasta esa fecha no se puede hablar de guerra, esto es, una confrontación entre dos conjuntos más o menos homogéneos, sino de una serie de asaltos, golpes de mano, escaramuzas, marchas y combates callejeros que un ejército regular emprende contra un pueblo hostil, armado y movilizado a su manera”. Todo el ensayo, que te recomiendo, es una argumentacion en contra de la idea de la Guerra Civil como una guerra de a de veras, y revela la inepcia estratégica de Franco.
4 Comentario // Oct 1, 2008 at 3:38 pm
Los jiribillos castristas deben estar hoy de fiesta: algunas de las mejores cabezas del exilio (Rojas, Ichikawa, Hernandez Busto) peleandose entre sí.
5 Alejandro // Oct 1, 2008 at 4:44 pm
Es Miguel Fernandez el mismo que Arnaldo Fernandez, que firma la segunda columna? Porque si lo es, menuda distorsión de su parte y de Ichikawa el usar dos nombres distintos. Acúsenme de ad hominen, pero me parece poco honesto dar la impresión de que un Miguel escribe y Arnaldo lo defiende.
No me extraña que Ichikawa se niege a publicar una réplica. En su blog nunca se le ha visto muy interesado en debate u opiniones contrarias (cómo me hubiera gustado poder dejar un comentario en ese post donde dijera tan Robainescamente: ” La izquierda de Miami es incapaz de reconocer los logros sociales del exilio: en la salud, la educación y los deportes.”) La negativa provoca sospecha; no estoy totalmente al tanto del Who’s Who, pero creo que el tal Fernández es persona de influencia en un canalito de televisión donde Ichikawa ha aparecido de cuando en cuando?
6 Miguel Fernández // Oct 1, 2008 at 4:54 pm
PD: La valía de Rojas está fuera de discusión. Lo que se discuten son ideas. Por cierto, ahora le tocó el turno a Connie, que colgó en su Archivo la pieza «Dígale Candela ORI» y PD comentó: «El vinilo original de 45 rpm data del año 1961, cuando se fundaron las Organizaciones Revolucionarias Integradas, y una precisión del cantante (”y con Cuba socialista”) lo coloca rápidamente en el segundo semestre de ese año, por lo menos». El vinilo estaba en ese semestre desde el título, porque las ORI se fundaron en julio de 1961. Aparte de la graciosa advertencia sobre el material discográfico: «Puede dañar seriamente su sensibilidad política y musical», cabría añadir que el comentario de PD puede alterar su pensamiento analógico.
Tal y como hacía en Los Miquis, yo leo este blog para divertirme. Pero si hay que dar 20 cañitas para seguir visitándolo, pues me quedo con Realclearpolitics.
7 ahr // Oct 1, 2008 at 4:54 pm
Aleccionador resulta el debate actual sobre si en Iraq hay una guerra civil o no la hay. Los politólogos (y Colin Powell) parecen haber decidido que si, en base a dos cosas o convenciones historicas (aplicadas a los balcanes, la guerra civil española, la guerra civil norteamericana, y tantas otras): la existencia de uno o más bandos armados luchando por el poder politico, y el numero de muertos en ambos lados (que creo lo fijan en al menos cien diarios o algo por el estilo - en *ambos* bandos). Un rosario de focos sublevatorios inmediatamente aplastados dificilmente constituirian una guerra civil. Como no lo constituirian los actos terroristas (digamos que a la Baader Meinhoff - si hay guerra civil o no en el Pais Vasco, o si la hubo, tambien es objeto de debate).
Al final el apelativo es una cuestion politica e ideologica - como lo es en este caso. (para minimizar este aspecto es que los historiadores y politologos establecieron su “minimo comun denominador” para dfinir un conflicto tanto como guerra, como civil.
My two cents…
8 pd // Oct 1, 2008 at 5:08 pm
Muchas gracias por la precisión erudita, Miguel. Justo por eso, a diferencia del blog de Ichikawa, yo sí permito comentarios en el blog, para que se puedan hacer las precisiones pertinentes y todos salgamos ganando. En realidad, he “descubierto” que el disco es del último trimestre, ahora lo voy a corregir.
No te preocupes por la donación: la campaña es voluntaria, para el que quiere y puede, si no el blog fuera por suscripción, algo a lo que me he negado desde el principio.
9 pd // Oct 1, 2008 at 5:28 pm
Gracias, Ariana, una cosa que he comprobado es que hay importantes diferencias de criterio entre el uso histórico y el periodístico de “guerra civil”. Sin ir más lejos, hoy leía en el periódico que lo que pasa con la Camorra es casi una “guerra civil”.
Se usa la frase con demasiada liberalidad, creo yo. Y por eso vale la pena que Rojas haga un esfuerzo por darle un nuevo rango historiográfico al término en un artículo de periódico.
En cualquier caso, esas colaboraciones de Rafa se convertirán en un libro, y tal vez esa sea una buena ocasión para polemizar de nuevo.
10 ahr // Oct 1, 2008 at 5:47 pm
Si, es cierto que el término se usa con mucha liberalidad, lo cual se entiende en el contexto periodistico. Otro parecido es “batalla campal”, que nunca he logrado entender exactamente qué magnitud se supone tenga.
En todo caso los “expertos” (palabra que en este blog creo recordar se entrecomilla), a diferencia de los periodistas, definirían sus terminos conceptuales a priori (para asi poder entrar en debate).
11 pd // Oct 1, 2008 at 5:54 pm
Sólo entrecomillo la palabra expertos cuando hace referencia a un uso que no corresponde con la verdad, es decir, cuando se les supone un conocimiento que en realidad no es tal.
Pero historiador no se entrecomilla. Un buen historiador hace eso que dices.
Lo de experto no me gusta, ya lo sabes, porque traza una distinción a partir de criterios que no tienen tanto que ver con el saber, en realidad.
12 Enrisco // Oct 1, 2008 at 6:20 pm
En algo tiene razón Fernández, Ernesto, y es que la tesis de hablar de guerra civil no es ninguna novedad. Recuerdo que en un encuentro en la facultad de historia se suscitó la discusión y Jorge Enrique Mendoza, en aquellos días presidente intentó cerrar el debate. El problema es que como Mendoza no tenía otra autoridad científica que la que emanaba de su Comandante citó a este cuando en una ocasión habló de “guerra civil” y otras más de “contrarrevolución”. Ante la evidencia de que la máxima autoridad historiográfica del país había usado ambas definiciones Mendoza concluyó sabiamente que el tema era muy complejo. Lo interesante de la tesis de Rojas (y lo menos discutible al mismo tiempo) es menos el término “guerra civil” que el énfasis que hace en que:
-la mayoría de los anticastristas de la época se reconocían así mismos como revolucionarios.
-que la resistencia armada al castrismo llegó a ser más numerosa y extendida que la que se le opuso a Batista.
-y en que en que en aquellos días se entabló una “la lucha a muerte entre cubanos por dos proyectos de una misma nación”.
13 pd // Oct 1, 2008 at 6:33 pm
Joan, sí que conocía el ensayo de Benet, y lo acabo de releer hace un rato. Muy interesante, aunque un poco tétrico, sobre todo el final, cuando para apoyar la idea de Duval sobre las guerras civiles como algo initeligible si se alejan de sus orígenes, dice: “La hegeliana marcha del espíritu y la razón por el curso de la historia sólo es demostrable cuando es la razón —una razón palmaria y escrita– quien mueve los músculos del corredor. Cuando los mueven impulsos callados –como la avaricia, la incompetencia, la ambición y la falta de coraje– tiende a hacerse ininteligible y por tanto investigable. Cabe decir, tardía e inutilmente investigable”.
Creo recordar otro ensayo de Benet (en el libro “Puerta de tierra”, tal vez?) donde también se da una imagen sombría de la historia y la misión del historiador. Esa era un poco su jusificación de novelista, hacer la historia del combate-que-no-fue-guerra. Con la historia cubana sí que hay que investigar, y mucho.
14 Historiador // Oct 1, 2008 at 6:40 pm
De acuerdo con Enrisco en sus últimos puntos, pero creo que Ernesto tiene un argumento fuerte en contra de Fernández, Díaz, Arnaldo, Miguel -se trata siempre de la misma persona que escribe en el blog de Ichikawa con diferentes pseudónimos- y es que lo importante no es el uso del término sino el sentido que unos y otros dan al mismo. Ni Mendoza ni Castro habrían hablado nunca de guerra civil para reconocer la legitimidad del adversario. En todo caso lo habrían usado para decir que la “contrarrevolución” era grande porque estaba apoyada por Estados Unidos y la burguesía. Decir “guerra civil” desde el punto de vista oficial es traer agua al molino de la heroicidad de los milicianos y soldados que aniquilaron a los mercenarios y traidores.
15 pd // Oct 1, 2008 at 6:43 pm
Enrisco,
está claro que hay un uso “libretero”, como digo yo, del asunto. Es viejo. Y las raíces de ese uso pueden estar en esa anécdota que citas. Pero ese no parece ser el uso que le da Rojas al término en su artículo. Según yo entiendo, y me gustaría que él lo aclarase, su uso histórico de “guerra civil” se estructura precisamente a partir de la última de esas tesis que tu citas, al reconocer que en aquellos días se entabló una “la lucha a muerte entre cubanos por dos proyectos de una misma nación”.
Como bien dices, esa afirmación, que parece una perogrullada, y que funciona al nivel de doxa más o menos aceptada, no tiene un desarrollo histórico detallado (si bien Montaner, Marifeli, Blanco y otros ya lo dan por hecho).
Hacer la historia a partir de esa definición es la tarea del historiador “canónico”. Eso fue lo que hicieron Thomas, Brenan, y otros historiadores con la guerra civil española, que todavía es escenario de interesantes debates.
16 rva // Oct 1, 2008 at 6:52 pm
Bueno lo primero que habria que determinar en esta guerra son las acciones militares de cada bando. Estos jefes que aparecen en la foto, cuantas batallas ganaron, cuantas ciudades tomaron o perdieron, cuantas bajas tuvieron o hicieron al otro bando, cuantos efectivos tenian y que correlacion de fuerza habia. Me da la impresion de que no pasan de ser simples alzados y que el termino de bandas les pega, mas ala de moviles ideologicos, asi que de guerra civil……
17 ahr // Oct 1, 2008 at 6:57 pm
El argumento a favor de guerra civil (vs. terrorismo, rebelion, sublevacion, etc), segun la interpretacion de Enrisco de los textos de Rafa:
Traduzco al “español”:
-la mayoría de los ANTIFRANQUISTAS de la época se reconocían así mismos como NACIONALISTAS.
-que la resistencia armada al FRANQUISMO TARDIO llegó a ser más numerosa y extendida que la que se le opuso a LA REPUBLICA Y A LA DEMOCRACIA POSTERIOR.
-y en que en que en aquellos días se entabló una “la lucha a muerte entre VASCOS Y EJERCITO ESPAÑOL por dos proyectos de una misma nación”.
CONCLUSION?
18 ahr // Oct 1, 2008 at 6:59 pm
hint: me refiero a la etapa entre mediados de los sesentas y el final del siglo veinte en el territorio norte de la peninsula ibérica.
19 ahr // Oct 1, 2008 at 7:02 pm
Lo que quiero decir es que si no se definen los terminos, no se llega a ninguna parte… o bueno, a comparaciones que indican que la definicion de un conflicto como guerra civil es a menudo una cuestion ideologica y estatrégica más que otra cosa.
20 Varela Blog // Oct 1, 2008 at 7:06 pm
Es una pena.
Lo digo por Ernesto y Emilio (deja ver si poniendo nombres propios me quito el dilema de Fernandez que lo conozco como Miguel, Arnaldo, El Profesor Disidente, El Historiador sin Historia y Picha Muerta… y que con este ultimo alias jamas lo he visto firmar nada, solo se lo dicen los camarografos del 41 y un amigo mío del noticiero).
La pena por Ernesto y Emilio no es que no concuerden, ni que se den o no se den réplicas ni derechos, sino que Fernandez siga metiendo (ahora sin Los Miquis) nariz en sitios intelectuales con la pericia divisoria que aprendio en la oficinita de Eusebio Leal.
Ya en Encuentro en la Red, Pablo lo tuvo que sacar de alli, no porque no tuviese efecto como escribidor sino por su crisis de identidad al firmar, cosa que troca al lector.
Espero que Emilio opte (porque humor le sobra para ello) por obligarlo a firmar por su apodo mas cómico… así sí que lo leería todo el mundo. Y el “sindrome del estreno” del que habla Ernesto sane algo, a “patología del debut”.
21 maite // Oct 1, 2008 at 9:46 pm
La guerra civil española terminó en 1939, y en Asturias hubo guerrillas en las montañas hasta los años 50.
Las cifras no las sé con excatitud pero las víctimas de ambos bandos en el Escambray fueron superiores a los enfrentamientos del Ejército regular cubano y el Ejército Rebelde.
Y otro criterio que los historiadores tienen en cuenta es la duración de las hostilidades y, en este caso también en el Escambray los enfrentamientos fueron màs largos y se mantuvieron en armas creo que hasta 1966.
La reconcentración de familias enteras que las desterraron a Pinar del Río para cortar los suministros a los alzados y la cobertura clandestina de la doble vida.
Si alguien sabe las fechas exactas…bueno Rojas, podrà escribir otro artículo con todas éstas dudas.
22 Woland // Oct 2, 2008 at 6:56 pm
Much ado about nothing, I am afraid to say… (O sobre un nombre, un adjetivo, una definición… bien poco, en cualquier caso).
Creo que es una cuestión menor si tenemos el derecho, o el deber, o la obligación de llamar a aquel período guerra civil - lo cierto es que lo que se jugó, y perdió, fue la sociedad civil cubana. De la forma en la que el hoy Agonizante-en-Jefe y su caterva obscena condujeron aquella partida, quizás sea mejor llamarla “desahucio (de la sociedad) civil”. O quizás “ahuecamiento”, o “zombización”, o algo por el estilo. (Busco, y no encuentro, un concepto que refleje la infiltración, el envenenamiento, la parálisis final, de toda la sociedad civil - y nuestra transformación en un ejército de zombis que salen a la calle a gritar y-a-los-yanquis-mataremos, que-se-vayan, pin-pon-fuera-abajo-la-gusanera, patria-o-muerte-venceremos. Una sociedad que había dejado de serlo, una sociedad vencida.
Porque sin duda las acciones militares fueron sólo una parte - y me atrevo a afirmar que no la más importante, en cuanto a sus consecuencias, de aquella debacle. No, no fueron las acciones contra los “alzados” las que dejaron una huella más terrible en la historia, en la sociedad cubana.
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