Penúltimos Días

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Pistoleros en la tercera edad: un testimonio

November 3rd, 2008 · 16 Comments

“¡Claro que existió el Bonche! [’Bonche’ es la deformación cubana de la palabra bunch, y hasta de su forma más explícita en inglés: wild bunch]. Fue casi una Mafia cubana, que empezó en la Universidad y se fue extendiendo como una especie de sociedad secreta en un país sin secretos. Fidel fue bonchista, Masferrer fue bonchista, Prío soportó a los bonchistas y les dio puestos en la policía, Batista los odiaba. El día del golpe de Batista, del segundo golpe, el impopular, el único que cogió un camión lleno de armas y lo subió a la Colina para ver si resistía o no fue un bonchista, Masferrer.
Después el Tigre pactó, pero por un momento pareció que era el único que iba a resistir de verdad. Es justo que lo hiciera porque sin los bonchistas de Orfila a lo mejor los oficiales tanquistas nunca hubieran salido de Columbia. Y los últimos en disparar en la Habana contra los castristas recién estrenados fueron “los tigres de Masferrer”, otros bonchistas.
Hubo un bonchista que cuando logró salir al exilio no se quedó en Miami porque era un pueblo de campo, lleno de guajiros y de americanos tan brutos que no sabían hablar español. Lo pasó mal los primeros años de exilio pero después un periodista de Bohemia o de Carteles que había sido sucesivamente antibatistiano y anticastrista, como el bonchista en cuestión o como la mayor parte del resto de los cubanos, se convirtió en public relations y publicista de un presidente sudamericano, acusado de demagogo y un poco ladrón, pero democrático y electo que hay países en que esas cosas no son del todo incompatibles. Así que el pistolero fue llamado y un buen día pasó de malvivir en Miami, entre jubilados americanos y gente que le recordaba su pasado turbio, a vivir en Caracas, ciudad mucho más grande y rica que La Habana. Y allí reencontró, de la mano del antiguo periodista, las viejas costumbres habaneras: la botella, los dos o tres sueldos en ministerios que sólo pisaba cuando era día de paga, el permiso para portar armas (que no era realmente un permiso sino una tarjeta de visita ministerial con unas palabras garrapateadas al dorso)… Reencontró también a los viejos enemigos: ya no había batistianos contra los que luchar pero sí perezjimenistas igual de malos y, desde luego, había castristas, que para hacer las cosas más sencillas sí eran (y se hacían llamar) castristas, como los de Cuba. Allí fue feliz durante muchos años porque aunque aquel no era su país, podría perfectamente haberlo sido.
Un buen día llegaron los reajustes ministeriales, las elecciones perdidas, el jodido problema de las inciertas urnas… y las botellas fueron desapareciendo una tras otra porque un pistolero de sesenta años inspira menos miedo que uno de cincuenta, y un bonchista de más de setenta ya ni te cuento. El viejo periodista le mantuvo un par de sueldos durante algunos meses, pero al final acabó por quitárselos y el viejo bonchista se encabronó. Que el Estado venezolano, que no le debía nada, le quitase sueldos, okey; pero que se los quitase un viejo conocido de La Habana era sencillamente una hijoputez imperdonable. Así que agarró su vieja arma y fue al café donde despachaba el viejo periodista, que era un café céntrico y grande, o incluso el Gran Café de la capital y allí comenzó a insultarlo, arma en mano. Un camarero más joven que él trató de desarmarlo y se llevó un disparo en la mano. Naturalmente, lo detuvieron y fue condenado, pero después salió en libertad porque las leyes venezolanas tienen —supongo que siguen teniendo—, un límite máximo de edad por encima del cual ya no pueden encarcelarte. Años, o tal vez sólo meses más tarde, se murió pero ya había asustado y echado del país, esta vez de su país adoptivo, a otro periodista más, como cuando era joven.
Y hay otro cuento, que te voy a contar en primicia. Había una vez un aprendiz de historiador que era capaz de construir el esquema de libros muy buenos que después nunca acababa. Bueno, en los años ochenta decidió que había que contar la historia del Bonche… Ya sabes, Cayo Confite, la Universidad , Orfila, la Legión del Caribe… una cosa animada que, sin dejar de ser historia seria, invitase a un director de cine. Al estar en Miami, el historiador concluyó que no le sería difícil encontrar testigos que quisieran hablar. Tropezó con el exceso criollo: en una semana le señalaron tres personas distintas como ‘ese es el que le pegó una galleta a Fidel en Cayo Confite’.
El caso es que un día le llega la noticia (esta vez fiable) de que un tal García, que tenía un apodo mucho más sonoro que su apellido, estaba vivo y además trabajando en un banco de la Calle Ocho, o de Flagler Street, tanto da. Y el historiador se viste como un profesor americano y se persona en el banco a una hora de poca afluencia, para no molestar. Pregunta a la cajera, que no conoce al terrible bonchista por nombre, pregunta al empleado más antiguo de la oficina, que tampoco lo reconoce y finalmente se acerca al custodio del banco, que es de Ventura Security y tiene todo el aspecto del antiguo policía batistiano (grande, mulato, con un anillo con la cabeza del indio en la mano derecha…) y también a él le pregunta por García. Y el ex policía le dice… ‘¡Ah, coño! Ese está ahí afuera. Tienes que haberlo visto al llegar’. Y el historiador que se asoma y no lo ve, sobre todo porque hay gente que no estamos acostumbrados a ver. ‘No lo veo’. Y el vigilante ‘Sí, sí que está ahí, si acabamos de tomarnos un cafecito…’ Y entonces el historiador mira de nuevo y no ve a un pistolero tan malo que cuando andaba por la Universidad la gente se cambiaba de acera para no cruzárselo, sino a un viejito, encorvado y vestido con un mono azul, un tanto desgastado, de una casa de jardinería, replantando un arbolito… ¿Es ese? Y ese era.
Y cuando me lo contó, el historiador, yo le pregunté, ‘Entonces, ¿lo entrevistaste?’, y el historiador me dijo. ‘No pude, me dio pena.’ Meses más tarde se murió, sin saber que ya daba lástima.
Puedes contar la historia en tu blog, pero no pongas mi nombre, que todavía quedan por ahí un par de esos viejos locos y nunca se sabe”.

Y yo cumplo.

Temas: exilio

16 responses so far ↓

  • 1 misha // Nov 3, 2008 at 3:17 pm

    Qué siga contando!
    Es bueno tener un espacio en el blog para la historia de Cuba, contada por los protagonistas y testigos de esas generaciones.

    Muy bueno.

  • 2 Amenofis Castro Espín // Nov 3, 2008 at 3:26 pm

    El “bonche” no es más que la traducción cubana de la “fascia”, haz o atado, conjunto de hombres dedicados a una causa, de donde viene el concepto de Fascismo…

  • 3 Woland // Nov 3, 2008 at 3:40 pm

    Coincido con misha. Un magnífico relato - imposible no quedarse mirando a través de la ventana de ese banco de Miami…

  • 4 Luisa Perez // Nov 3, 2008 at 4:33 pm

    Ah, los nombres pintorescos de la epoca: el Turquito, el Extraño, Emilio Tro que lo matan en el 47, Eufemio Rodriguez que lo fusilan en el 61, o al propio Masferrer que vuela como Cafunga en el 75.

  • 5 Jorge A. Pomar // Nov 3, 2008 at 4:34 pm

    Rolando Manferrer, militante comunista en los años 30, senador, enemigo jurado de Fidel Castro, amigo íntimo del cantautor Carlos Puebla, a cuyo lado en el cabaret Montmartre lo sorprendió la fuga de Batista la madrugada del 31 de diciembre del 59…

    Guapo entre los guapos, combatió del lado republicano en la Guerra Civil española, de donde debe de haberse traído de vuelta a la Isla métodos como los tristemente célebres “paseos” a toda clase de opositores y ex correligionarios.

    Ídem con la saña clasista para perseguir y atormentar a los pichones “revoliqueros” de las clases medias criollas. Con un par de tipos más como Manferrer, nuestra historia habría sido diferente. ¿Sabe alguien si existe alguna biografía sobre este personaje?

    El Abicú

  • 6 Luisa Perez // Nov 3, 2008 at 4:38 pm

    perdón, la memoria le falla a esta vieja, Eufemio Fernandez, quien por cierto lo fusilan si no me equivoco el 17 de abril del 61 junto a Sori Marín, el Robespierre cubano.

  • 7 Güicho // Nov 3, 2008 at 6:20 pm

    Formidable story sobre una parte extinta de la cubanidad. Imprescindible para entender nuestro destino: El cowboy universitario y su bunch.

    Precisamente es un cowboy, inaceptado y pendejo, quien organiza una enorme milicia de labradores cobardes siquitrillándolos de fe. Y con ellos descojona al bunch. Luego ese ex-cowboy devenido predicador armado esclaviza a los labradores y a sus familias por más de cincuenta años.

    A fucking bad western!

  • 8 Anonimo. // Nov 3, 2008 at 6:27 pm

    En Isla de Pinos habia un policia que le decian Perico,que queria darle un paseo a quienes todos conocemos, pero Capote que era el jefe de la prision le decia que dejara tranquilo a ese muchacho , que el muchacho era un asunto de el “General”. Esta anecdota me la conto el hijo de Perico,este me dijo que era la unica vez que el padre hubiera hecho algo justo.

  • 9 César Reynel Aguilera // Nov 3, 2008 at 6:29 pm

    La bofetada la describe Pardo Llada en su biografía de calandraca, aunque supongo que después haya tenido que retractarse para que lo dejaran ir de visita a La Habana.

    La bravura de muchos bravos cubanos es física, es de matar, pedir muertes, o dejar que los maten. La que escasea en nuestro país es la bravura existencial, esa que le permite a algunos aguantar años y años de insultos, bofetadas, actos de repudios, cárceles, etc., sin dejarse quebrar y, más importante aún, sin convertirse, aunque sea un poco, en lo que fueron sus enemigos.

  • 10 Woland // Nov 3, 2008 at 6:50 pm

    El comentario número 8 merece ser un minitexto de una breve historia de nuestra infamia (por escribir). Necesariamente breve, porque a la que empecemos a detallar situaciones y ausentes y presentes, y cómos y porqués, se va que jode al infinito. Con su magnífico colofón: “por una vez, su padre habría hecho algo justo”. Recuerda, pero mejora, al de “Das Parfüm”.

    Muy atinado comentario, Císar.

  • 11 Tania // Nov 3, 2008 at 6:58 pm

    Carlos Alberto Montaner conoce bien toda esa etapa bonchista. Y lo cuenta en uno de sus libros imprescindibles, Viaje al corazón de Cuba. Un tío de Carlos Alberto era del mismo grupo pandillero de Fidel Castro. En La Habana conocí a personas que estudiaron en su misma época (aunque no en su misma facultad) y los cuentos que hacían eran muy similares a los vertidos en este excelente testimonio. Una vez, una de esas personas me enseñó el lugar por donde supuestamente FC saltó y se escapó, cuando el asesinato de Manolo Castro, líder estudiantil sin ningún parentesco con él, pero sí con grandes divergencias políticas. Había dos versiones: unos decían que él mismo disparó y otros que lo mandó a matar. Lo cierto es que la Universidad y La Habana de los años 40 parecían un pueblo de cowboys, con tiroteos y ajustes de cuentas casi a diario. Era una niña cuando mataron a Emilio Tro, que si no me equivoco vivía con su familia en una casona en Estrada Palma y Heredia, Santos Suárez, en la esquina paraba la ruta 14. Han pasado casi sesenta años y aún me parece estar viendo las fotos de aquel crimen en las páginas de la revista Bohemia. Nací en 1942, y desde la década de 1930 mi padre era guardaespaldas de Blas Roca. Eran tiempos tan violentos, que mi padre sólo se separaba de su Colt 45 cuando llegaba a la casa y para eso, la dejaba en la mesita de noche, al lado de la cama. Vivíamos en un segundo piso y cuando él llegaba a los bajos del edificio, me chiflaba y yo bajaba corriendo a buscar la pistola, a la cual ya le había quitado el peine con las balas. Mi padre iba armado por su oficio, pero entonces mucha gente también andaba armada. No lo he leído, pero tengo entendido que el libro de Ross, el padre de Ileana Ross-Lehtinen, aporta valiosos datos e informaciones de una de las etapas más sangrientas de nuestra historia reciente.

  • 12 Gabriel // Nov 3, 2008 at 7:30 pm

    Tengo un buen amigo que está casado desde hace muchos años con una cubana nacionalizada española. No daré nombres porque no me han dado permiso los implicados. El caso es que el padre de esa cubana le dió clase de derecho a Fidel, y tuvo un grave enfrentamiento con él, porque no le dejaba entrar en el aula con pistola.

    Cuando triunfó la revolución no tuvo más remedio que irse de Cuba.

  • 13 Sin Ganas // Nov 3, 2008 at 8:12 pm

    Preguntando por como ubicar, si es que es posible, a Norberto Fuentes, no se como salió pero me acabaron hablando de Frank País. Yo ingenuo europeo preguntaba:
    ¿que era? ¿socialista?¿fascista americano? ¿comunista caribeño? ¿masón? ?un ingenuo de los movimientos por la limpieza ciudadana que siempre acaban mal?
    Respuesta impaciente:
    ¡Un gangster, era un gangster! Un abogado pistolero, un gangster. Todos en su despacho lo eran, gansters!.

  • 14 El Individuo // Nov 3, 2008 at 8:17 pm

    Hay una persona que fue temido, y mucho, tanto en San Juan de los Remedios, su pueblo natal, como en el medio universitario en La Habana. El tipo era Juan Pedro Carbó Serviá. Y tenía reputación de duro, gatillo fácil. De salirte a encontrar…y pum, pum, pum

  • 15 Anónimo // Nov 3, 2008 at 11:52 pm

    Bueno, hay gente que dice que las relaciones de Montaner con el Bonche son un poco más estrechas. Lo digo sin ánimo de ofender, porque a mí Montaner me cae muy bien, por cierto. Pero creo que su padrino de bautizo fue uno de esos pistoleros famosos…

  • 16 Arnaldito Sosa // Nov 4, 2008 at 12:58 am

    Boncheros,pistoleros,guapos,pero el fifo sigue vivo y no hay guapos,boncheros,o pistoleros que se la jueguen para ir a partirlo. Obvio no hay huevos. Lo demas son peos mentales.

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