Penúltimos Días

Penúltimos Días header image 2

Sobre la posibilidad de un ser postcubano

November 6th, 2008 · 16 Comments

cheetah.jpggreatwhite.jpg

1. Cuba y el ecoturismo político.
Salí de Cuba en 1993, tras pasar un buen tiempo en la Universidad de la Habana como estudiante de Filosofía junto a intelectuales cubanos como Rafael Rojas, Emilio Ichikawa y Alexis Jardines. Fueron aquellos también mis tiempos como participante activo de las famosas tertulias organizadas por el grupo Paideia. Algo así como un nuevo movimiento cultural, un vivero de ideas filosóficas, políticas y poéticas parecía emerger en la isla desde una situación que, en vez de plantear problemas, abría paradojas.
Mientras la Guerra Fría llegaba a su fin y el sentido de la lucha contra el enemigo —desde Washington o Moscú— comenzaba a difuminarse debido a la propia naturaleza del terrorismo y los conflictos étnicos, los cubanos continuaban inmersos en su lucha contra un enemigo que ha permanecido estático y bien definido durante décadas. La pequeña Guerra Fría del gobierno cubano con Washington y con la oposición política dentro y fuera de la isla nos ha colocado a destiempo con la situación política a nivel global.
Cuando Fidel entró en La Habana en 1959, el enemigo era claro, la victoria evidente y el apoyo mayoritario. Algo muy diferente pasa en el mundo de hoy con el sentido de la victoria y la definición del enemigo en cualquier esfera. Cuando los fundamentalistas islámicos atacan a los norteamericanos o a los británicos, sólo pueden hacerlo atacando a ciudadanos norteamericanos o británicos, y no directamente a los gobiernos de esos países. Cuando los gobiernos norteamericano o británico ataca a los fundamentalistas islámicos o a cualquier célula terrorista, también tienen muchas probabilidades de atacar al ciudadano local o de inflingir un gran “daño colateral”. De manera que el enemigo está bien definido, pero el ataque es elusivo y produce consecuencias contraproducentes.
En el arte de la guerra contemporánea, todo ataque o victoria es profiláctica, prostética e imprevisible, y el ejemplo más evidente de ello lo vemos en Irak. Cuánto tiempo los americanos tendrán que permanecer en Irak está aún por verse, pero al parecer el enemigo está en todas parte, y lo que es peor, puede aparecer en cualquier momento.
El asunto cubano parecería mucho más simple si lo mirásemos desde la superficie. El enemigo fundamental de Cuba podría ser la administración de Bush, o el gobierno castrista o la oposición cubana dentro y fuera de la isla. La realidad, sin embargo, es que el castrismo no será removido como lo fueron Ceaucescu en Rumania, Milosevic en Serbia o Saddam Hussein en Irak. El gobierno castrista morirá por causas naturales, de la misma manera que muchas especies de animales en extinción.
Por ejemplo, el parque nacional de Serengueti, en Tanzania, viene desarrollando un projecto de conservación de los guepardos que ha fracasado por la falta de cruces reproductivos: no ha habido los suficientes para reforzar los genes de la comunidad. Como estructura social, Cuba tiene semejanzas con el parque de Serengueti: es una reserva natural del experimento comunista, cuya genética se ha debilitado hasta entrar en su última fase de extinción, sobre todo por la falta de interacción con el mundo exterior.
Hay también otra forma de turismo ecológico en África, llamada “turismo del tiburón”, que se dedica a la conservación del tiburón blanco, uno de los animales más demonizados y perseguido casi hasta extinción. Por supuesto, la interacción del turista con el tiburón es controlada y siempre se produce dentro de jaulas. Cuba como destino turístico fomenta también una especie de ecoturismo político para muchos turistas que visitan la isla como extranjeros sin tener que vivir bajo las presiones en que viven los ciudadanos locales.
La imagen del castrismo es hoy una mezcla simbólica entre la situación del guepardo y la del tiburón blanco. La diferencia fundamental es que muchas personas a nivel global, incluyendo los turistas, desean que la situación económica y política de los cubanos cambie y que Cuba deje de ser ese ecoturismo político que fascina y disgusta a muchos por igual.
Ello, sin embargo, significaría la pérdida de algo profundamente tatuado en la identidad cultural cubana: el sentimiento de excepcionalidad, de tierra única en el hemisferio occidental. Si la peculiaridad de Cuba como cultura ha sido su excepcionalidad política y social comparada con el resto de Latinoamérica, integrarse al anonimato de las redes de información global sería uno de los desafíos más grandes de cualquier cubano, independientemente de su posición política.
De hecho, ese fue mi mayor desafío personal, cuando dejé Cuba en 1993 y me fui a vivir a Londres, donde resido desde hace 15 años.

london-videojuego.jpg

2. De la excepcionalidad al anonimato
El anonimato es algo que forma parte de la vida diaria de todo británico. Ser excepcional en Londres es serlo dentro de la microcélula donde trabajes o a la que frecuentas. Cuando lo eres a nivel global, es siempre como parte de una red o canal local de la sobrepoblada matriz de la información. Nada es realmente universal en una sociedad mediatizada. Las cosas son globales, y sólo pueden serlo desde una posición local. Sin embargo, toda localidad está descentrada, fragmentada, atomizada.
Lo más interesante es que la centralización del poder económico y de las redes de información sigue siendo una amenaza para el propio sistema social, y es por ello que los grandes conglomerados financieros y las corporaciones anticipan y planifican la descentralización de la estructura económica y de negocios que ellos mismos se ven obligados a centralizar.
La tecnología y los media también han absorbido e integrado dentro de sus redes el modelo fidelista como decoración, simulación y experimento. El comunismo o el castrismo en la sociedad londinense algunas veces funciona como una medida profiláctica humanitaria, y otras veces como un recuerdo y advertencia sobre la violación de derechos humanos fundamentales. Así, los pincipios de Fidel, igual que los del Che y los de Lenin, adquieren un valor homeopático en el mundo occidental a condición de que sean puestos en práctica como terapias-placebo —o sea, dejando claro que sus bases no son ni serán nunca comunistas.
Mi educación comunista es algo que pertenece a mi adolescencia. Cuando comencé la Universidad, mis pensadores favoritos eran Nietzsche y Heidegger. Marx y Lenin se fueron convirtiendo poco a poco en decorados, filósofos a los cuales respetaba pero con los que no quería formular ideas. Luego, tras mi interés en Heidegger, aparecieron Jacques Derrida, Jean-François Lyotard, Michel Foucault, Jean Baudrillard y Gilles Deleuze.
Durante este tiempo fue que conocí a Ernesto Hernández Busto, Radamés Molina, Jorge Ferrer, Iván de la Nuez, Rolando Sánchez Mejías, Reina María Rodríguez, Rolando Prats y Omar Pérez. Ese fue el núcleo de lo que pudo haberse convertido en una fuerza intelectual dentro de Cuba, sin mencionar muchas otras personas con las cuales no tenía contactos.
Después de 15 años me encuentro a Ernesto en Facebook y me comenta que el postestructuralismo francés es algo que “pertenece al pasado”. Pero, ¿cómo traducir tal frase? ¿Es pasado de la misma manera que el estructuralismo pertenece al pasado del postestructuralismo o el modernismo al pasado del postmodernismo? ¿Cómo entender esta lógica del post, si es que tiene alguna lógica?
Por supuesto, tras estos 15 años en Londres muchos cambios han ocurrido en la manera en la que me relaciono y pienso la filosofía. Sin embargo, en Cuba Ernesto y yo compartíamos tal afinidad con Jacques Derrida, Jean Baudrillard y Gilles Deleuze que me cuesta trabajo imaginar tal “evolución” de su pensamiento. Es por ello que aprovecho esta oportunidad de escribir en su blog para expresar cómo esos cambios han tomado lugar en mi pensamiento.

derrida650.jpg

3. Del postestructuralismo a la postfilosofía.
Después de llegar a Londres tuve la oportunidad no sólo de encontrarme personalmente con Jacques Derrida y Jean Baudrillard, sino incluso de mantener una larga correspondencia con el primero. Mis preguntas fundamentales al filósofo fueron: ¿qué servicio pudiera prestar el filósofo, ademas de ser profesor de filosofía? ¿Qué significa la llamada “muerte de la filosofía” que se ha venido anunciando desde Hegel hasta Derrida bajo la práctica profesoral de la deconstrucción, y que hoy se materializa en los media bajo ese grado cero y sintético de conocimientos que el exceso de información pone en evidencia? Para mí esas preguntas siguen siendo muy importantes. Yo no podía seguir los pasos de Derrida y convertirme en profesor de filosofía, así que finalmente decidí hacerme programador e interesarme en computadoras, en la tecnología y la inteligencia artificial.
Sin embargo, mi deuda con Jacques Derrida ha quedado pendiente, y así se lo reiteré en varias cartas. La programación y la tecnología no es en mi caso el “post” o el “pasado” de que me hablaba Ernesto. Derrida pudo haber sido un filósofo de moda para muchos, pero el filósofo no pertenece a una moda que entra en desuso después de un tiempo en la pasarela intelectual. Cada filósofo es una mónada, que al mismo tiempo que se inscribe en un proceso histórico, reinicia ese mismo proceso histórico. Sócrates y los sofistas, por ejemplo, están hoy más vivos que nunca.
La salida que yo he encontrado en la búsqueda de respuestas a los dilemas filosóficos que propiciaron mis lecturas de Heidegger y Derrida ha sido tomar la filosofía como una práctica extra, como una pasión que no se integra diariamente a la reproducción de una actividad, como una pasión que, aun pudiendo ser una profesión, siempre se resistiría a ello y buscaría formas de continuar siendo una actividad extra-laboral. Algo para lo cual es difícil encontrar tiempo, pero que, como cualquier pasión, lo arrastra a uno inevitablemente.
Siempre respeté el hecho de que Derrida como filósofo se buscaba la vida como profesor de filosofía, pero también tuve claro que ese no sería mi camino. Irónicamente, ello se lo debo a él mismo, pero este asunto fue motivo de largas polémicas nunca terminadas.
No obstante, este estatus de filósofo sin ser profesor de filosofía que yo me doy a mí mismo no creo que sea algo que yo pueda considerar como el “post” de la filosofía. Si hay un “post” es precisamente porque hay muchas consecuencias que se derivan de ello. Mi manera de ver la filosofía es sólo una de ellas.
Algo de eso trataba de explicar en mi libro, Permutaciones de lo Femenino (Lady Morphing Genius) que le entregue personalmente a Derrida. Tres meses más tarde me escribió para decirme que le parecía muy interesante pero que no había tenido tiempo de leerlo cuidadosamente. En realidad su estado de salud se estaba deteriorando y ya no le sobraba tiempo para esas discusiones.
Lady Morphing Genius no es simplemente un libro. Es el programa y el guión para una instalación artística, una película y una transmisión por internet. Tener la posibilidad algun día de ponerlo en práctica será mi homenaje a tres filósofos, Heidegger, Derrida y Baudrillard. Esa sería mi manera de saldar la deuda con todos ellos, incluso cuando en reiteradas ocasiones discutí con Derrida que una deuda filosófica por naturaleza es impagable.

ecumenopolis.jpg

4. Una experiencia ecumenopolitana
Hay algo con lo cual aún no logro reconciliarme como inmigrante. No me refiero a los cubanos en particular, sino más bien a todas aquellas personas que viven en lugares diferentes a sus países de origen.
La realidad es que la mayoría de las personas con estatus de inmigrante tienen una imperiosa necesidad de poner énfasis en la identidad cultural de sus lugares de origen. Este insularismo cultural, que yo nunca me he sentido inclinado a compartir con otros cubanos, ha desencadenado varias reacciones en mis encuentros con inmigrantes. Resulta que mi postura suele ser interpretada ya sea como una manifestación del “síndrome de Ulises” o como un síntoma del inmigrante renegado que desarrolla cierta indiferencia y frialdad hacia su cultura de origen.
Obviamente, el equívoco aquí es doble. Por una parte, si bien es cierto que todo emigrante pasa por un proceso de reajuste, la consequencia de ello no es necesariamente el desarraigo cultural, una vez que la mentalidad que emerge de tal proceso es multicultural. Por otra parte, la deuda con mi lugar de origen, si hay alguna, no tiene que ser necesariamente más política que natural. La pertenencia a mi lugar de nacimiento es natural, y el hecho de que deba ser política lo veo más bien como un resultado del sistema tan politizado que hemos vivido en Cuba.
He vivido en Londres hablando, escribiendo y programando durante más de diez años sin hablar mi lengua natal. Encima de ello, la mayor parte de lo que he escrito lo he escrito en inglés, incluyendo poesía. Aun así, soy cubano, pero tambien soy londinense, y diariamente llego a sentir que soy alguien que se dedica a hacer ciertas cosas y a pensar ciertas cosas que me definen, independientemente de que sea cubano o londinense. Esas eran de hecho las idea sobre el cosmopolitismo que debatíamos en Cuba a menudo en nuestras tertulias.
Recuerdo nuestras continuas discusiones en Paideia sobre los orígenes y la identidad cultural como un fenómeno global-local. Recuerdo también la famosa palabra derridiana “differance” como algo que nos conecta como individuos al postponer el sentido de las cosas y las palabras, y como algo que nos diferencia al crear oposiciones entre las cosas y las palabras.
La tensión del pensamiento derridiano sobre el tema del cosmopolitismo dibuja dos consecuencias extremas. Por una parte el fundamentalismo religioso que vemos hoy como resultado de acentuar las diferencias culturales, y por otro la maquinaria mediática de producir saturación de sentido como resultado de la circulación excesiva de información, que reduce las diferencias entre las personas y las cosas a una diferencia binaria o digital. Tal conflicto lo veo hoy tan vivo como lo veía al pricipio de los 90s en Cuba.
He comenzado con esto del Facebook hace unos días, aunque lo conocía desde sus inicios. En realidad, nunca me he sentido muy entusiasmado con la idea de los blogs y las comunidades de Internet. Pero, cosa curiosa, veo una relacion orgánica entre lo que el Facebook produce como estructura tecnológica y lo que aquel grupo incipiente de pensadores intentó crear en Cuba con Paideia a finales de los 80s e inicios de los 90s.
Los encuentros propiciados por Paideia eran diversos, en el sentido más ecléctico de la palabra. Sin embargo, tal diversidad tenía precisamente como raíz intelectual la bien conocida “differance” de Jacques Derrida, resultado, por una parte, de la imperiosa necesidad de libertad política y por la no menos imperiosa necesidad de un pensamiento libre. Tal era el estado de cosas que queríamos promover entre los participantes.
Hoy en día —como alerta Baudrillard— vivimos en un mundo que mientras nos libera de las presiones y nos vuelve indiferente al deseo de ser libres (al generar una saturación de opciones), también nos cambia nuestra indiferencia hacia la libertad por la seguridad y el control de las redes de comunicación.
Con su ritmo cíclico típico, tal indiferencia llega a ser cuestionada, no menos que la seguridad y el control que ciertas sociedades imponen a sus ciudadanos. Todo parece ser regulado y naturalmente planificado. Nada parece estar fuera de la ecuación general que lo mueve todo. Tal vez incluso un día, por accidente o no, la desaparición de la raza humana llegue a ser algo programado, y nadie la objetará debido a una confusión elemental entre lo que es real y lo que es virtual.
Aquellas reuniones de Paideia en La Habana hace casi veinte años promovían la libertad pero al mismo tiempo abrían un amplio debate sobre la ingenua asunción de la libertad. Ser libre no es una condición universal humana, como muchos aún piensan. Si los cubanos han querido libertad política y libertad económica no es porque estas cosas sean una condición universal abstracta que debe ser otorgada o conferida a los ciudadanos de cualquier sociedad o nación. Hay sociedades hoy que no entienden ni se sienten listas,  dispuestas o interesadas en aceptar los valores democráticos proclamados por las sociedades que dominan la economía global. Los cubanos hemos querido libertad porque preferimos equivocarnos en cómo obtenerla antes de seguir sometidos a cómo practicarla. Los cubanos no somos excepcionales como resultado de la revolución cubana sino por el potencial único que cada nación posee para generar individuos y sociedades excepcionales. No hay nada especial en ser o sentirse cubano, más que lo hay en llavar el nombre que uno lleva.
Me resisto a la postura parroquial e insular que está de moda hoy día como parte de una nueva reivindicación, no de lo local en su conexión con lo global pero sí de lo puramente étnico opuesto a lo ecumenopolitano —en el sentido en que lo define Constantinos Doxiadis. En términos arquitectónicos, adquirir una mentalidad ekística en un mundo donde Internet tiene una influencia predominante, especialmente con plataformas como Facebook, MySpace, Youtube, Del.licious y Flickr, es compartir lo étnico de una manera muy diferente, o más bien, de una manera ecumenopolitana.
Tal experiencia es precisamente lo que me hace sentir postcubano sin dejar de ser cubano. En otras palabras, he dejado atrás (si tal fuera el caso) a los pensadores postestructuralistas no menos que mi condición insular como cubano, para ostentar una condición cubana ecumenopolitana.

Ulises Álvarez
Londres

Temas: Ulises Álvarez · exilio

16 responses so far ↓

  • 1 Anónimo // Nov 6, 2008 at 1:18 pm

    Es una perspectiva interesante, pero tal vez siga respondiendo demasiado a lo mismo que critica. conocer a un filósofo importante en persona y atribuirle a eso un valor especial es algo provinciano. Qué más da, igual se le puede conocer por sus libros…

  • 2 David Lago González // Nov 6, 2008 at 1:43 pm

    Bienvenido Ulises Álvarez porque, aparte de las ideas, me deja adivinar una imagen de grupo de personas posteriores a mi tiempo cuyas posiciones o manifestaciones muchas veces me son muy difíciles de seguir y comprender del todo. Creo que en la mayoría no se deja ver una ruptura con la insularidad que a mí me parece importante y una primera intención para poder asumir todo lo que explica en el punto 4.
    Muy buen texto.

  • 3 Ulises // Nov 6, 2008 at 3:18 pm

    Ciertamente, estoy de acuerdo. Seria provinciano considerar los encuentros y correspondencia con Derrida como algo especial. No creo haber referido a tal incidente como algo especial, pero si fue insinuado de alguna manera en el articulo me temo que ha sido la labor del propio lector. De hecho el problema de la presencia fisica y lo que significa morir o dejar de existir fisicamente para otras personas fue un tema central de sus ultimos escritos, cosa que Derrida una vez mas hizo referencia con la muerte de Paul De Man, su gran amigo. Nietzsche y Heidegger continuan siendo una gran influencia en mi manera de pensar y no creo que haberlos conocido hubiera cambiado mucho mi entendimiento de sus obras. Si hubiera existido algo especial en haber conocido personalmente a Derrida no hubiera tenido nada que ver con sus escritos, o con hacer referencia de ello aqui. Ello hubiera sido mas bien parte de mi propia experiencia personal que no hubiera encontrado oportuno mencionar aqui.(Mis disculpas por carecer de un teclado configurado en espanol).

  • 4 idalia // Nov 6, 2008 at 3:49 pm

    fogel, que ni respondió cuando le pedí que colaborara con el dossier paideia, ahora hace una analogía entre los documentos que en el ciberespacio han perdido su olor a salitre, con cualquier otra papelada desclasificada por el pentágono. muy exótico para mi gusto. vivir en cuba como corresponsal extranjero, me consta, tiene una buena dosis de gozadera. me indigna. esos olores caribeños que al parecer le causan melancolía, no son más que el tufito hediondísimo de lo que esos jóvenes estaban viviendo. y tienen que estar no sólo en internet, tienen que estar en un libro. a ver si se anima y patrocina la publicación. podría ser con un papel especial, con perfume a salitre, y una portada con palmeras y mulatas.

  • 5 Ein zuverlaessiger Freund // Nov 6, 2008 at 4:46 pm

    Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert, es kommt aber darauf an, sie zu verändern.
    Un buen amigo, G., filósofo de carrera, subsistía en La Isla impartiendo clases de filosofía a futuros cineastas, mientras investigaba sobre la interacción entre el cuerpo y el espíritu, practicaba artes marciales (para el cuerpo?) y tal vez hasta budismo zen (para el espíritu?). Su búsqueda constante de respuestas nos llevó a encontrarnos en los predios de la Realidad Virtual. Él, evaluando las consideraciones filosóficas del fenómeno y su influencia en las relaciones cuerpo-espíritu. Yo, concentrado en vuelos menores de las matemáticas y computaciones. Nunca percibí que la política estuviese en el centro de su atención o estudios. Tal vez porque no lo estaba. Ese es mi imagen ideal de un filósofo.

  • 6 Anonymous // Nov 6, 2008 at 4:59 pm

    No entiendo por qué no debería uno establecer los Derechos Humanos como valores a priori, abstractos, necesarios y elementales para una convivencia civilizada. El problema de todos estos teóricos posmodernos cubanos es haber puesto la carreta delante de los bueyes: criticaron algo que nunca habían tenido realmente.

  • 7 Ulises // Nov 6, 2008 at 6:01 pm

    (No.6) No he mencionado en el articulos Derechos humanos como valores abstractos. El articulo se refiere claramente a libertad politica y libertad económica, algo muy diferente a Derechos Humanos.
    (No.5)Tal vez me es tan illegible lo que expresas como lo ha sido para ti mi articulo. Si lo deseas, pudieras aclarar tus comentarios.
    (No.4) No tengo idea a que te refieres con lo que expresas, tal vez no sabes quien soy. Yo definitivamente no se quien eres. Y tampoco me son muy claros tus comentarios.

  • 8 rogelio // Nov 6, 2008 at 9:56 pm

    Se ve que Derrida era un tipo muy considerado y amable.

  • 9 Marcela // Nov 7, 2008 at 1:40 am

    Interesante, que bien. Saludos Ulises.

  • 10 Ein zuverlaessiger Freund // Nov 7, 2008 at 3:34 pm

    Humildad, cuánta falta nos haces … a veces.
    No acostumbro a explicar mis comentarios. Esta dinámica de semi-monólogo inconcluso es para mí parte esencial del blog abierto a comentarios. Btw, no puede al autor nunca prever todas las posibles lecturas de lo que publica. Es honra el que lo lean, lo demás queda a merced del lector.

  • 11 Ulises // Nov 7, 2008 at 9:47 pm

    No10. No estas obligado a explicar. Mi pedido, perse no fue una obligacion. Sin duda, no tienes que explicar, pero no creo estar obligado a no pedir aclaracion. No puedo, ni quisiera predecir las posibles lecturas de lo que publico. Te agradezco que me leas, sin embargo, no siempre resulta ser una honra.

  • 12 Ulises // Nov 7, 2008 at 9:57 pm

    No.6 No se a que te refieres cuando dices y cito:”criticaron algo que nunca habían tenido realmente”. La metodologia de Derrida fue usada por partidarios del feminismo, movimientos gay y muchas causas en el Tercer Mundo para denunciar prejuicios e inconsistencias de muchos iconos de las sociedades Ocidentales. La deconstruccion no fue solo un fenomeno de las sociedades tecnologicas, si es eso lo que intentabas insinuar en tus comentarios.

  • 13 Ulises // Nov 7, 2008 at 10:13 pm

    No.2 Gracias David por tu bienvenida. Simplicidad es algo que venero pero no siempre lo logro. En su libro, Simplicity, el disenador grafico, John Maeda, hace un analisis muy interesante acerca del tema. Te lo recomiendo si no lo haz leido aun. Con respecto a la insularidad cultural, hay muy pocos cubanos en Londres y los ingleses obviamente no son muy latinos. Mi condicion mestiza tiene agregado ahora un poco del ingrediente britanico, o mas bien diria londinense.

  • 14 Ulises // Nov 7, 2008 at 10:15 pm

    No.9 Saludos a ti tambien Marcela.

  • 15 Ulises // Nov 7, 2008 at 10:33 pm

    Idalia, disculpame, mi memoria me falla. Me pedistes que colaborara con el dossier Paideia? Mi contribucion a Paideia ciertamente no fue politica, no porque sea apatico a la politica, simplemente me era mas apremiante en aquel momento discutir ideas politicas sobre las bases de cuestionamientos filosoficos.

  • 16 Ulises Álvarez, sobre el ser post cubano (reprise) // Nov 12, 2008 at 3:38 pm

    […] otro día publicamos un post del filósofo Ulises Álvarez sobre la posibilidad de una “condición post-cubana”. Aquí les dejo la versión en […]

Leave a Comment