El Nuevo Socialismo de Pedro Campos ve la elección de Obama como un momento clave para emprender reformas:
Cuba lleva ya casi 50 años tratando de construir el socialismo desde sus antípodas: el trabajo asalariado, el estado, la concentración de la propiedad y la centralización de las decisiones, la acumulación y su gasto. Por mucho que cueste aceptarlo, el haber mantenido el trabajo asalariado como la forma de organizar la producción ha significado -en esencia- continuar con el mismo modo de producción capitalista, aún cuando se haya intentando un tipo de distribución igualitaria. Los logros alcanzados a costa de muchos sacrificios del pueblo y de subsidios extranjeros, no pueden ocultar los fracasos y deficiencias de ese modelo neo-estalinista.
La teoría de Campos (que esta vez se retrata al confesar su coincidencia con Armando Hart) es que Obama va a cambiar radicalmente la política hacia Cuba y ello terminará en la anexión y la desaparición del socialismo de estado cubano. Por lo tanto, hay que correr a implantar los Consejos Obreros en los próximos dos meses, y avanzar en la “verdadera socialización”, para evitar que Cuba “restaure el capitalismo” con la “ayuda” del levantamiento del bloqueo:
Para garantizar que una eventual relación económica y de todo tipo con EE.UU., que parece inevitable, no derive a la restauración-anexión, además de la diversificación de nuestro intercambio externo, será necesario primero haber avanzado en la socialización. Quiénes, desde la burocracia, la sigan frenando, estarán sirviendo a esos fines y pasarán a la historia como los enterradores del socialismo en Cuba y de la patria de Martí.
Moraleja: de cómo el socialismo “pre-Bulgakov” de la “rebelión de los pijamas” acabó convertido en la definición perfecta de los nuevos reaccionarios. Da miedo todo este trasiego de Campos con una ideología-cadáver a la que trata de insuflarle el aliento artificial del colectivismo —por el que Cuba ya pasó en los 60, con tristísimos saldos ideológicos. Al menos ahora, entre las ruinas, en el solar del nihilismo que sigue a la evidencia del fracaso, se insinúan espacios de libertad individual que en ese “nuevo proyecto” que defiende Campos quedarían arrinconados por un nuevo voluntarismo popular.




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